www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

Aire para la tercera España

David Ortega Gutiérrez
martes 16 de abril de 2013, 20:06h
Nada hay más dañino que tergiversar la realidad, reducirla para la consecución de nuestros intereses. Existen análisis honestos intelectualmente hablando, también los hay burdos y manipuladores. Durante demasiado tiempo en la política española ha predominado absurdamente el binomio izquierda-derecha, como eje de análisis e interpretación de la misma. Parece que fuera de ese esquema nada existe y nada puede existir, lo cual no deja de ser un reduccionismo sorprendente y especialmente empobrecedor. Fruto de ese esquema, que no comparto, y como consecuencia de él, tenemos las conocidas dos Españas: la España de izquierdas y la España de derechas. ¿No puede existir nada más?

Tengo pocas dudas que son cada vez más millones de españoles los que no se encuentran cómodos ni identificados con ese esquema simplificador. La realidad, como la vida, no es ni blanco ni negro, conmigo o contra mí, todo o nada; la rigidez del esquema es demasiado excluyente y asfixiante en cuanto a espacios ideológicos. ¿Qué ocurre con los que no nos identificamos ya ni con una ni con la otra variable? ¿Estamos condenados a la inexistencia, a la orfandad? Incluso dentro de la perversión totalitaria de este esquema, particularmente desde la izquierda, se señala dogmáticamente que el que dice no ser ni de izquierdas ni de derechas, ya se sabe que es de derechas. No sólo se piensa por uno, lo cual ya es curioso, si no que se obliga sí o sí a formar parte de ese binomio, libre u obligatoriamente.

Es preciso desmontar esta falacia, básicamente por su carácter totalitario, excluyente y antipluralista. Frente a la asfixia y reducción de espacios, es preferible ampliar los espacios y fomentar el pluralismo, valor esencial en democracia, tal y como refleja nuestra Constitución en su artículo 1.1. Por lo demás, la política de bloques o trincheras es enormemente dañina y empobrecedora, siendo siempre más enriquecedora la política de tender puentes y compartir un porcentaje determinado de ideas.

La inutilidad del binomio izquierda-derecha se demuestra para el análisis y estudio de los principales problemas que hoy tiene España. La corrupción, la independencia del poder judicial, la organización sensata y racional del Estado, el descontrol del gobierno de las Cajas de Ahorro, la pérdida del interés general y del sentido institucional del Estado, ya no responden a ese esquema que nada aporta. La solución a los mismos se encuentra en unos valores superiores que están por encima, al margen o simplemente en otros pensamientos políticos que también existen, a pesar de que la izquierda y la derecha quieran ahogarlo todo.

¿Hay vida más allá de la izquierda y la derecha? Es evidente que sí. Basta conocer un poco la historia y el presente del pensamiento político. Ni la izquierda ni la derecha crearon la democracia representativa, ni el Estado de Derecho, ni la separación de poderes, ni los derechos humanos, ni el principio de legalidad o imperio de la ley, simplemente por qué el pensamiento conservador estaba en contra y el pensamiento progresista no existía. De un plumazo se ha borrado de la política española el pensamiento liberal, el cual no tiene derecho ni a pan ni a agua… condenado al ostracismo. Lo más florido de la intelectualidad española ha navegado en estas aguas y ha luchado por esa necesaria Tercera España desde el reformismo: Jovellanos, Unamuno, Costa, Salmerón, Giner, Castillejo, Ortega, Posada, Marañón, Azcarate, Melquiades Alvarez, Romanones, Altamira, Madariaga, Cajal. Todos ellos han sufrido entre las dos Españas, de su incomprensión, de su radicalismo, de su exclusión.

El pensamiento político liberal parte de la persona y su libertad como principio esencial. Es profundamente empirista e inductivo, frente al idealismo y su carácter deductivo. Su movimiento es de lo particular a lo general, suele huir de las grandes concepciones del mundo, especialmente de los dogmas. Precisamente por ello, y por ser los padres de los derechos humanos y tener presente que el Estado sirve a la persona y no la persona al Estado, aunque contribuya de forma racional a su mantenimiento, nunca ha existido una dictadura política liberal, cuando sí han existido múltiples dictaduras de izquierdas y de derechas, donde la dignidad de la persona ha sido machacada. Milton, Hume, Locke, Montesquieu, Stuart Mill o Russell son sus representantes más brillantes, básicamente liberalismo británico -excepto Montesquieu-, con el que más me identifico.

Hoy más que nunca, y ante la caída del bipartidismo, de esa concepción excluyente del binomio izquierda-derecha, se abre paso una Tercera España, cansada de la intransigencia y tiranía ideológica de las dos Españas. Una Tercera España que cree en la reforma de las Instituciones desde dentro de ellas, en la necesaria regeneración de la democracia, con especial incidencia en los pilares de la ética y la cultura, en la reforma de la Constitución de 1978 para seguir defendiendo sus valores superiores: la libertad, la igualdad, la justicia y ese vital pluralismo político, que algunos totalitarios ideológicos quieren suprimir.

David Ortega Gutiérrez

Catedrático de Derecho de la URJC

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (4)    No(0)

+
0 comentarios