Partidos políticos y sistema electoral
martes 23 de abril de 2013, 20:01h
Después de 36 años de vida democrática, y a la luz de la crisis de representatividad política que sufrimos, parece sensato y oportuno replantearse el estado de alguno de los elementos claves y esenciales que configuran nuestra misma democracia. A este respecto, la organización y el funcionamiento de los partidos políticos, por un lado, y el resultado que ha dado nuestro sistema electoral, por otro, son dos materias vitales para conocer el buen o mal desarrollo de nuestro actual régimen democrático. Hagamos alguna breve reflexión, pues el tema da para mucho más que un artículo.
Por lo que se refiere a los partidos políticos que han pilotado en estos años nuestra democracia, destacaría como principal problema su exceso de poder o falta de autocontrol. Sin duda el PSOE, en primer lugar, y el PP en segundo lugar, han sido los dos principales protagonistas en el desarrollo y aplicación del Estado constitucional diseñado en 1978. El PSOE ha gobernado en España durante 21 años (González 1982-1996, Zapatero 2004-2011) y en todas las Comunidades Autónomas; el PP lleva más de diez años (Aznar 1996-2004, Rajoy 2011-) y ha gobernado en la mayor parte de las Comunidades. A mi entender, su principal error -grave error-, ha sido querer controlar y participar en determinados poderes e instituciones donde nunca deberían haber estado. Por citar ejemplos concretos, ha sido nefasto para nuestro funcionamiento democrático la politización que desde 1985, tanto PSOE como PP, han hecho del órgano de gobierno del Poder Judicial, su Consejo General, e igualmente de la elección de los magistrados del Tribunal Constitucional. La postura debiera de haber sido la contraria, garantizar el prestigio e independencia de ambas instituciones. También ha sido verdaderamente desastrosa la politización que ambos partidos han hecho de los órganos de gobierno de las Cajas de Ahorros de las diferentes Comunidades Autónomas donde han gobernado. Todavía se recuerda la batalla pública -e incluso mediática- entre Aguirre y Gallardón por el control de Caja Madrid. Todos conocemos -y pagaremos- el resultado de esa lamentable gestión, por no hablar de la politización también de la cúpula directiva del Banco de España, cuyos inspectores desde el año 2006 advertían de la mala y peligrosa gestión de algunas Cajas, mientras los órganos directivos del Banco miraban para otro lado.
Los partidos políticos tradicionales españoles tienen un serio problema de reforma y reestructuración de su funcionamiento y selección de líderes. Los casos de corrupción que salpican a todos y la mala gestión pública realizada en cuanto a determinadas inversiones absurdas, amén de la enorme deuda generada, especialmente por algunas Comunidades Autónomas y determinados Ayuntamientos -con el de Madrid a la cabeza, con el 21% de toda la deuda municipal española-, han generado una gran desconfianza en el ciudadano, que se encuentra escéptico, decepcionado y cada vez más alejado de su clase política, tal y como reflejan las mensuales encuestas del CIS, donde la clase política aparece como el segundo problema para los españoles. Es evidente que algo pasa y que algo tiene que cambiar.
Respecto del sistema electoral, cuyas bases pusieron en 1976 las últimas Cortes franquistas, pensamos que requiere de una importante reforma que lo haga más igualitario y proporcional. Ya cumplió su función en la Transición política y el desarrollo de los primeros años de democracia. Pero hoy son muchas las voces que piden su reforma para que el voto sea más igualitario en toda España y se acabe con la sobrerrepresentación del bipartidismo (PPSOE), que en estos últimos años está perdiendo apoyo electoral. Por lo demás, el sistema electoral es excesivamente cerrado y dificulta y penaliza enormemente el nacimiento de nuevas formaciones políticas, especialmente si son de ámbito nacional. Mientras en las elecciones generales de noviembre de 2011 el escaño le costó al PSOE y al PP unos 45.000 votos, a UPyD cada escaño precisó de más de 240.000 votos. La tiranía del voto útil también ha tenido unos efectos perversos en el reparto del poder que proporciona el sistema electoral. El propio Consejo de Estado hizo un muy interesante Informe en febrero de 2009 para hacer el sistema electoral más igualitario y proporcional, el PSOE, el PP y los partidos nacionalistas no han querido ni oír hablar de él en sus aspectos básicos y esenciales.
El peligro de fondo que vive nuestra democracia es que cada vez es menos democracia y más partitocracia, algo muy malo para nuestro entramado institucional y para el propio pueblo español.
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Catedrático de Derecho de la URJC
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