www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

SHIRIN NESHAT

"La mujer islámica, como la occidental, es muy consciente del poder de su cuerpo"

Laura Crespo
x
lauracrespoelimparciales/12/5/12/24
viernes 07 de junio de 2013, 19:06h
Actualizado el: 25 de diciembre de 2014, 18:26h
La artista iraní Shirin Neshat ha inaugurado esta semana en Madrid su exposición Escrito sobre el cuerpo, una recopilación de sus fotografías y video-instalaciones más representativas que podrá verse en el marco de PhotoEspaña 2013 en el Espacio Fundación Telefónica hasta el 1 de septiembre. Neshat ha charlado con El Imparcial sobre algunos de los temas más presentes en su obra, como la mujer islámica, el velo, el choque Oriente-Occidente o los cambios en el mundo árabe y musulmán.
“No soy una experta, sólo soy una artista, pero esa mi visión”. Shirin Neshat puntualiza así casi cada una de sus reflexiones. No quiere dictar sentencia sobre los sujetos que posan delante de su objetivo, ni sobre el devenir de su Irán natal en el que dice sentirse “una extraña”, ni tampoco, mucho menos, sobre lo que su arte ha de motivar en quien lo contempla. Aún así, de su discurso se desprende la coherencia de la perspectiva y una claridad que bebe de lo visual, propia de quienes dicen mucho con muy poco.

La artista visual Shirin Neshat se mueve de corrillo en corrillo durante la presentación de su última muestra en Madrid, Escrito sobre el cuerpo, en el Espacio Fundación Telefónica hasta el próximo 1 de septiembre en el marco de PhotoEspaña2013. Los invitados al acto de apertura acaban de asistir a una de las primeras retrospectivas del trabajo de Neshat, una asidua al circuito expositivo español con sus fotografías y vídeo-instalaciones como grandes expositores del mundo islámico: las diferencias de género, el choque Oriente-Occidente, la nostalgia por el pasado y la profunda transformación de una región con más de 2.000 años de historia.

Vino al mundo en 1957 en un Irán diferente y creció en una familia que preconizaba con los valores y la forma de vida occidentales, de acuerdo con los dictados del Sha gobernante. Antes de cumplir la mayoría de edad, Neshat emigró a Los Ángeles para estudiar arte. Cuando volvió a pisar el país entraba ya la década de los noventa y la Revolución Islámica se había filtrado por cada grieta de su tierra. Ahí empezó a convertirse en la Shirin que hoy camina, copa de champán en mano, entre los corros de intelectuales que acaban de admirar su trabajo. Escotado vestido negro, tacones de infarto y el pelo completamente retirado de la cara: toda la atención es para unos ojos más que marcados de kohl y unos ostentosos pendientes dorados al tradicional estilo persa. Oriente y Occidente hechos cuerpo.

“Irán es un país que ha cambiado su identidad. Intenté volver a conocerlo, volver a sentirme parte de él, pero no funcionó. Llegué a tener problemas con el Gobierno y al final me he convertido en una forastera, en una extraña de mi país”, expone Neshat durante su conversación con este diario. “Realmente y por desgracia, no siento que pertenezca a Irán y no creo que pueda volver”.

La asunción de esa ruptura, de su nueva condición interna de apátrida y de su desarraigo, su nostalgia del pasado y su decepción con el presente se canalizaron a través de una cámara de fotos. Con la serie Mujeres de Allah (1990) consiguió su primer gran reconocimiento internacional y el origen de algunos de los ‘leitmotiv’ que se convertirán en sello de su obra: la mujer, el velo, la violencia, la caligrafía, la poesía o el cuerpo.

No encuentro nada más expresivo y poderoso que el cuerpo humano. No importa cuántos artistas intenten captar la esencia del cuerpo porque se puede entender en múltiples sentidos”, señala la artista. “He trabajado sobre diferentes temas, pero siempre vuelvo en mi obra a la figura humana, ya sea masculina o femenina. Creo que captar la relación del cuerpo con la política, con la sexualidad o con el paisaje tiene un interés sin límites”, opina.



Una de las fotografías de la serie Rapture, de Shirin Neshat.


Neshat no es musulmana. Nunca ha tenido que esconder su cuerpo o cubrir su pelo y cree en el potencial de la morfología humana como vehículo de expresión artística, romántica, social, incluso histórica. ¿Está el cuerpo de las mujeres musulmanas silenciado?

“En la sociedad iraní hay mujeres que encuentran mucha comodidad y seguridad en cubrir su cuerpo, que al taparse se sienten protegidas de convertirse en un objeto de deseo. Otras ven en el velo un signo de represión. Unas, por tanto, sí pueden sentirse silenciadas mientras que para otras, es una forma de mantener a raya las ideas de Occidente y fijar sus propios valores tradicionales. Depende de la mujer, pero el problema es que allí no tienen opción de elegir”, expone Neshat.

Durante su infancia, la artista iraní estudió en el Colegio Católico de Teherán. Su educación le ha servido para ampliar la visión sobre el velo, un elemento de amplia tradición artística también en Occidente. Así, Neshat retuerce la actual concepción de una mujer con velo como objeto exótico y reprimido y lo convierte en sujeto de investigación e, inlcuso, feminismo.

La mujer, biológicamente, sugiere la idea de sexualidad, deseo y tentación, y las mujeres somos muy conscientes de eso. En la cultura islámica se considera que las mujeres tienen que cubrirse porque los hombres no son capaces de controlar su sexualidad, mientras que en Occidente a veces se las explota como meros objetos de deseo. La mujer islámica, como la occidental, es muy consciente del poder de su cuerpo y lo sabe gestionar ya sea con el contacto visual o con un simple movimiento del velo”, explica Neshat.

Igualdad de géneros
Para Shirin Neshat es “muy duro” volver a Irán. La artista percibe la “brecha” que separa su generación de las nacidas con la Revolución Islámica encima. “Ellos sólo conocen el Irán de ahora. Nosotros sabemos lo que es disfrutar de Irán cuando tienes libertad, pero para ellos es natural vivir bajo represión e intolerancia, sólo es una vida normal”, lamenta.

Neshat cree que, aunque los años inmediatos a la Revolución iraní fueron duros, la cosa se ha ido recrudeciendo con el tiempo. “Mientras nosotros estamos hablando ahora mismo, los iraníes están económica y políticamente asfixiados. No hay libertad, no hay dinero y no hay esperanza”. Sin embargo, Neshat ve intención de cambio en unas generaciones incipientes “muy educadas” y unas mujeres cada vez más diferentes a sus madres y abuelas.

“Existe una nueva generación de mujeres que nunca permitirán la discriminación que sus madres permitieron, que trabajan, estudian, tienen presencia y son fuertes. Lo mejor de todo es que los hombres de su edad también lo sienten, saben que las mujeres de ahora tienen determinación, que son muy distintas a las que hasta ahora estaban acostumbrados. Quizá el Gobierno iraní sí que tiene algunos problemas con las cuestiones de género, pero la educación está haciendo que las mujeres de ahora rechacen verse reducidas a ser amas de casa y esposas”, analiza la artista.

Para Neshat, el delicado equilibrio entre conseguir una igualdad de géneros real y no romper con la identidad cultural de un pueblo milenario depende no sólo de los Gobiernos, sino de la particularidad de cada familia. “En la región de la que yo vengo hay muchas familias que se sienten cómodas dentro de los valores tradicionales, y esto incluye el tema de género, y muy vulnerables cuando esos valores se rompen”, ilustra la artista, quien percibe similitudes con otros países, también con España, en lo que considera una “idea universal”: que en un mismo país hay comunidades tradicionales y no tradicionales. “Los tradicionales sienten que han de proteger algo que los no tradicionales están amenazando”, explica.

“En España, por ejemplo, ahora la religión está volviendo a la escuela y eso asusta un poco”, indica la artista como expresión de esta dualidad en conflicto. “Creo que tenemos la misma batalla en diferentes grados”, zanja.

Con el buen camino, a su juicio, emprendido, ¿qué toca ahora? ¿Ruptura o evolución progresiva? “Como suele decirse, creo que las revoluciones no se hacen en un día. La propia Revolución Islámica fue un proceso que duró muchos años”, opina Neshat.



Shirin Neshat, junto al comisario de la exposición Escrito sobre el cuerpo, durante la inauguración en Madrid.


Las mayores críticas a la Primavera Árabe vienen por considerarla muy reaccionaria pero poco organizada, mientras que la razón por la que los Gobiernos musulmanes tienen éxito es, precisamente, porque están muy organizados”, analiza la arista para concluir que “las estrategias más fructíferas parecen ser las que no se hacen del día a la noche”.

En lo relativo a su país, ese del que ya no se siente parte pero que sigue produciéndole una nostalgia soterrada, Neshat prefiere hablar en tercera persona. “Los iraníes creen que las cosas cambiarán en Irán pero no en cinco años, quizás sí en diez; yo no lo sé, sólo soy una artista, pero creo que este razonamiento es más correcto”.

Tolerancia, la clave
Con claves y estructuras muy locales, el arte de Shirin Neshat es indiscutiblemente internacional. Puede que sus vídeos y fotografías hayan dado con la llave que la geopolítica sigue empeñada en esconder y que abriría al entendimiento entre Oriente y Occidente.

Afincada en Nueva York desde hace casi tres décadas, Neshat acelera ligeramente su discurso, pausado y sin altibajos en todo momento, cuando habla de los choques entre el Este y Oeste del mundo. “Tengo la sensación de que Occidente tiende a pensar que el mundo entero debe ser una comunidad homogénea cuando yo creo que lo realmente importante es reconocer nuestras diferencias y celebrarlas. El pensamiento occidental se siente superior a Oriente y trata de asimilarlo, de hacer que vivía según sus parámetros. Bajo mi punto de vista, ese es exactamente el problema”.

La salida pasa, según la artista, por la “tolerancia” y el “respeto”. Como ejemplo, Neshat vuelve a la mujer. “En Occidente se considera a todas las mujeres del mundo islámico como víctimas, simplemente por el choque cultural. En el mundo islámico hay mujeres que son muy felices tal y como están”, defiende. “Yo no soy musulmana, pero mientras los religiosos extremos no me impongan su forma de ver las cosas, tienen todo mi respeto. Cada uno a lo suyo. Eso es democracia”.

Escrito sobre el cuerpo
Alabada y odiada a partes iguales en su país, Neshat considera, sin hacer distinción entre Irán y el resto del mundo, que “lo más importante” de su trabajo es que genere discusión y diálogo. “Creo que esto va de comunicar, de ser capaces de hablarnos unos a otros. No estoy intentado gustarle a todo el mundo, sólo quiero crear conversaciones”, confiesa.

Buena parte de la obra y el pensamiento de Shirin Neshat puede verse hasta el 1 de septiembre en el Espacio Fundación Telefónica en Escrito sobre el cuerpo. La exposición, comisariada por Octavio Zaya, repasa la trayectoria artística de la artista a través de dos videoproyecciones –Zarin (2005) y OverRuled (2012)– y una veintena de fotografías, pertenecientes a las series Rapture, Tooba y la icónica Mujeres de Alah. Además, se incluyen algunas instantáneas de su último trabajo, El libro de los Reyes, inédito en España.
¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (4)    No(0)

+
0 comentarios