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Contra las “teorías” de la conspiración

Simon Royo Hernandez
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siroyorocketmailcom/6/6/17
sábado 08 de junio de 2013, 19:23h
La idea de que el destino de los acontecimientos humanos está totalmente fuera de nuestras individuales manos y de las manos de la colectividad, de que todos los sucesos y acontecimientos históricos responden a las decisiones maquiavélicas de un reducido número de personas confabuladas para adquirir el poder absoluto y pleno, es una idea fácil y recurrente en el imaginario político, una idea que se repite de cuando en cuando y que da lugar a las teorías de la conspiración.

Además de por un exceso de filosofía (política) mal-comprendida, también debido a la televisión y a Hollywood, se acaba creyendo que lo visible y presente no es real, aunque lo parezca eminentemente, y que la verdadera trama de los acontecimientos a que asistimos no se desarrolla en el Parlamento, ni mediante el sufragio universal, ni por medio de los distintos grupos de presión y opinión existentes, ni de acuerdo con la historia pretérita, sino detrás del escenario, y que esa no es sino la fachada artística de la Gran Mentira del espectáculo urdida en la sombra por unas pocas personas poderosas confabuladas entre sí.

La diferencia entre la pretensión de la filosofía de despejar las realidades que se esconden bajo las apariencias, por un lado, y la evidente manipulación que lleva hasta la construcción de la imagen televisiva o cinematográfica, por otro, es la misma por la que se distingue una teoría de la conspiración del desentrañamiento de las estructuras implicadas en los sucesos.

Cuando la geología nos muestra la estructura de las sedimentaciones terrestres, aunque en apariencia sólo exista la tierra que pisamos en la superficie, cuando el psicoanálisis nos muestra las motivaciones profundamente inconscientes de nuestros pensamientos conscientes, el marxismo las determinaciones infraestructurales o económicas de las esferas supraestructurales, y la antropología las estructuras culturales subyacentes a los comportamientos sociales, el sujeto desaparece, y se trata de analizar el campo de las determinaciones entre las que se desenvuelve todo ser humano. Ningún grupo de sujetos confabulados es responsable de que, como dijera Freud, tengamos de niños una tendencia a vincularnos afectivamente con el progenitor de sexo contrario al nuestro y veamos como rival en esa relación a nuestro progenitor del mismo sexo (complejo de Edipo), sino que ese es un marco, entre otros, en el que nos tenemos que desenvolver y que ni siquiera habría que tener por totalmente estático. Ningún particular ni grupo de individuos es secretamente responsable de que en un marco totalmente capitalista (que en rigor no se da nunca) funcione la ley de la oferta y la demanda (cosa que no ocurre si los precios los fija el Estado). Y desde luego que no es a causa de la confabulación de un millonario y un político que los planetas giren en órbitas elípticas alrededor del sol.

Otra diferencia importante entre estructura y conspiración es que mientras que la idea de desentrañamiento de las determinaciones estructurales no niega el sujeto, sino que se desentiende de él y señala el espacio en el que éste podrá moverse y las posibilidades con las que cuenta, los cuentos de supuestas conspiraciones niegan determinaciones estructurales en los quehaceres de los hombres y confunden libertad y libre albedrío con la supuesta omnipotencia de uno o unos pocos. También es notorio que mientras la conspiración es algo secreto que casualmente sale a la luz, semejante a lo religioso sectario o fabuloso, como en Expediente X, las condiciones estructurales de los acontecimientos son algo oculto, que cualquiera puede desvelar con la luz de la razón, semejante a lo geométrico y a lo matemático.

La visión equilibrada de la filosofía política como desentrañamiento de estructuras en las que se desenvuelven los sujetos políticos activos nos la daba ya Epicuro en su Carta a Meneceo hace 24 siglos: "Hay que rememorar que el porvenir ni es nuestro ni totalmente no nuestro para que no aguardemos que lo sea totalmente ni desesperemos de que totalmente no lo sea". Luego la determinación no es total sino parcial, pero tampoco hay que pasarla por alto y atribuir la totalidad de la trama de los acontecimientos exclusivamente al colectivo y mucho menos a unos pocos seres conspirativos.

Los elementos estructurales que inciden en los acontecimientos políticos así como la causalidad histórica que determina parcialmente los sucesos, esto es, las condiciones de los actos políticos, son pasadas por alto por los amantes de las teorías conspiratorias, por quienes, en definitiva, carecen de profundidad de análisis para poder ver más allá de la superficie y simplifican la realidad haciéndola provenir, exclusivamente, de arbitrariedades secretas de un número reducido de personas. En realidad semejantes inventos no son teorías sino habladurías, charlatanería a menudo proferida por chiflados pero que puede llegar a calar hasta afincarse en pensamientos serios, e incluso en personas honestas.

Los nazis inventaron la tesis de la conspiración judeo-masónica mundial para hacerse con el mundo e incluso hubieron de redactar documentos falsos como Los Protocolos de Sión, lo que les valió para justificar y pretender legitimar todas sus atrocidades. Pero incluso en la actualidad han surgido mentiras semejantes, lo que constituye una gran lacra.

Luego decir que ha sido todo una maquinación de un individuo o de un grupo reducido de individuos supone una gran ignorancia de las determinaciones históricas, así como de las determinaciones políticas y económicas (interés geoestratégico de las potencias, explotación de recursos naturales, etcétera), además de que individuos concretos de carne y hueso, podamos influir en que los acontecimientos sean de una manera o de otra (pues de lo contrario no tendría sentido la expresión: "Otro mundo es posible", que enarbolan algunos grupos alternativos entre los que abunda el pensamiento de la conspiración).

Determinación y Libertad forman un indisoluble par dialéctico, entrelazado de tal forma, que basta con un poco de sentido común para rechazar tanto toda teoría de la conspiración (paradoja de una o unas pocas voluntades libérrimas y arbitrarias que se impondrían al mundo entero y lo determinarían absolutamente) como toda teoría estructural que no respete y deje un margen para la acción política (individual y colectiva).

No todo está en nuestras manos pero tampoco todo está fuera de nuestro alcance, de manera que habrá que actuar en nuestro margen de acción y estar atentos en los espacios dictatoriales donde no podemos influir. Con eso basta para cumplir con el deber de un ciudadano.

Simon Royo Hernandez

Profesor en la UNED y Doctor en Filosofía

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