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Prosperidad sin inversión

lunes 17 de junio de 2013, 20:28h
os últimos años fueron favorables para Argentina, ya que los precios de las principales exportaciones agropecuarias comenzaron a registrar desde el 2000 valores crecientes. Gracias a estos favorables términos de intercambio en el comercio exterior, ingresaron año a año cada vez más divisas al Banco Central. Este excedente puede ser estimado en más de 100.000 millones de dólares, es decir en el orden del 20 por ciento del PBI. Pero lamentablemente no se prestó debida atención a la infraestructura básica. Cuando un gobierno pierde la visión del porvenir y por lo tanto no presta atención a la infraestructura básica del país, compromete su futuro. Pero el futuro siempre llega, a veces más temprano que lo que se piensa. Así por ejemplo, el atraso en las inversiones energéticas logro en pocos años convertirnos en un país dependiente de las importaciones de derivados de petróleo y gas. Como se trata de importaciones muy caras, el gobierno actúa incrementando su gasto público para financiar estos sobrecostos sobre los precios internos. Para usar las divisas para los combustibles necesitamos ahora el “cepo” cambiario. Así se incrementa aceleradamente la cuenta de los subsidios fiscales, que ya superan los 20.000 millones de dólares anuales. Estos subsidios, que son pan para hoy y hambre para mañana, son regresivamente apropiados por los segmentos socio-económicos más favorecidos de nuestra sociedad, porque no existe una verdadera tarifa “social”. Cuando comenzaron los subsidios hacia mediados de la década eran cifras razonables, pero hoy son tan gravosos que el gobierno viene postergando desde hace ya varios años las necesarias inversiones en infraestructura, muchas de ellas de carácter urgente y prioritario porque hacen a la seguridad de las personas, como ocurre con el transporte ferroviario. Esta decisión estratégica del gobierno de priorizar los subsidios a favor de los segmentos de arriba de la sociedad, y al mismo postergar las inversiones necesarias en los servicios de amplia demanda popular como el transporte público configura un cuadro de alto riesgo. Señalemos, por ejemplo, que cuando ocurrieron las últimas inundaciones, se puso en evidencia que nuestro gobierno gasta 10 veces más en subsidiar a Aerolíneas Argentinas (donde son muy pocos los pobres que viajan), que en programas de obras hídricas necesarias para controlar y evitar las grandes inundaciones urbanas. Son ya varios años de prioridades equivocadas en el área de infraestructura, muchas de ellas salpicadas por los sobrecostos propios del capitalismo de “amigos”, que significan achicar los fondos que se dedican a las inversiones prioritarias.

Alieto Guadagni

Economista

ALIETO GUADAGNI es economista graduado en la Universidad Nacional de Buenos Aires, con estudios de postgrado en la Universidad de Chile y Doctorado en la Universidad de California (Berkeley)

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