crónica económica
Rosell: "La empresa es clave y hace sociedad"
martes 18 de junio de 2013, 22:31h
El presidente de la CEOE, Joan Rosell, ha vuelto a urgir al Gobierno para que acelere su programa de reformas. Pero también ha hablado del papel del empresario en la sociedad.
La patronal cumple un papel político, como lo cumplen los sindicatos. La democracia española está concebida a medio camino entre la democracia liberal, con el principio que va desde el voto a la representatividad en el Parlamento y de ahí al Gobierno, y la democracia orgánica, que entiende que la representatividad se produce por medio de las organizaciones “naturales”, como son las asociaciones, colegios, sindicatos y, sí, patronal. Esa mezcla demofascista le ha permitido a sindicatos y patronal jugar ese papel político y obtener una recompensa en forma de generosas rúbricas en los presupuestos.
Los sindicatos han tenido, en ese proceso de representación demofascista y papel político, utilizado como palanca para accionar el destino de los dineros públicos, un papel muy destacado. La fuerza política y, en consecuencia, la capacidad para succionar grandes cantidades de dinero del empresariado ha sido mucho menor. Por eso, en esta crisis que pone en duda todo, los empresarios han salido mejor parados que los sindicatos.
Aún así, Joan Rosell, en su discurso ante la asamblea de la CEOE, ha dicho lo siguiente: “La crisis está poniendo en cuestión, entre otras, la relación entre la sociedad y la empresa. Por ello, cada uno de nosotros, desde el nivel de responsabilidad que tengamos, hemos de revertir esa imagen contraria al empresario y a la actividad empresarial”.
No seré yo quien le enmiende la plana al presidente de la CEOE hablando de la imagen de los empresarios. Pero da la impresión de que esa imagen está aguantando bien la crisis, y que incluso va a mejorar en cuanto se recupere la economía y puedan crear empleo.
También ha dicho Rosell: “La empresa es clave y hace sociedad. Pero tenemos que explicarlo mejor. Hemos de recuperar la quebrada armonía entre ciudadanos y empresa. Sin buenos empresarios, y la mayoría lo son, no hay solución al paro ni a la crisis económicos”. Es verdad que es necesario explicar cuál es la función económica de los empresarios. Pero nadie les apoya. No les ha apoyado ningún gobierno, más allá de hacer esas declaraciones vacuas que se lleva la corriente de los titulares. No les apoyan las empresas periodísticas, que explican a diario los motivos por los que las empresas, especialmente las demás, merecen todo tipo de críticas.
Pero los empresarios son, en parte, responsables de ello. Un empresario, en España, es una persona que está mirando permanentemente al Estado. A lo que el Estado le da y a lo que le quita. Especialmente lo que le quita a él, y lo que le puede quitar a su competencia. Esta dependencia del poder del Estado ha fomentado la proverbial servidumbre del empresariado español, que ha callado cuando había que hablar, ha hecho la estatua cuando había que actuar, y ha mirado a otro lado cuando tenía que haberlo hecho de frente. “La empresa es clave y hace sociedad”. Pero los empresarios, en España, no lo han hecho. No lo suficiente.
Otra de las consideraciones del presidente de la patronal española es que “hay que fortalecer la cultura empresarial en la que la ética, la transparencia, el esfuerzo, la justicia y la equidad sean los valores que sustenten el modelo de gestión. No todo vale, pero tampoco puede ponerse en duda todo”. Pero de nuevo, aparte de alguna queja protocolaria, el empresariado español ha asumido el “todo vale” por lo que se refiere al gobierno. No al actual, sino en general en las últimas décadas.
Por eso son interesantes, pero no más, las palabras que pronuncia un presidente de la CEOE cualquiera. Estas, por ejemplo: “Resulta absolutamente necesario seguir avanzando en todas las reformas, sin prisas pero sin pausa y con determinación. Y a poder ser con la responsabilidad, el consenso y la ayuda de todos, sin romper cohesiones, especialmente las sociales, pero tampoco siendo prisioneros de ciertos statu quo paralizantes e ineficaces”. Muy bien. Sólo hace falta que sean del todo creíbles.