La amistad de Salvador Dalí y Federico García Lorca ha trascendido por tratarse de una de las relaciones íntimas y a la vez intelectuales más relevantes. Un libro titulado Querido Salvador, querido Lorquito reúne la correspondencia entre ambos genios entre 1925 y 1936, fatídico año del comienzo de la Guerra Civil y del asesinato del poeta granadino. El amor, la devoción, la admiración y el respeto que se profesaron se evidencia en las páginas de este volumen, el primero en reunir en castellano el epistolario de ambos conservado.
El periodista
Víctor Fernández ha recopilado las cartas que se enviaron Salvador Dalí y Lorca entre 1925 y 1936, fechas que coinciden con los años de su encuentro en la Residencia de Estudiantes, así como con el comienzo de la Guerra Civil y la muerte del poeta granadino.
En el libro titulado
Querido Salvador, querido Lorquito (editorial Elba), Fernández ha llevado a cabo la labor de recopilación de un epistolario que se encontraba fragmentado. “Lo sorprendente es que ha sido publicado en una edición en inglés de Christopher Maurer y no en castellano”, explica.
A partir del trabajo previo realizado por Rafael Santos Torroella, responsable de haber transcrito las cartas manuscritas de Dalí, Fernández ha sumado en este epistolario las cartas que Lorca hizo llegar a Ana María y a Lidia Noguer, hermana y amiga del pintor catalán respectivamente, así como a su padre, para tratar de reconstruir el
diálogo entablado por escrito entre ambos amigos, cuyos destinos se encontraron en la
Residencia de Estudiantes en 1923.
El principal obstáculo con el que se ha topado este periodista ha sido el vacío ocasionado por la pérdida de cartas enviadas por Lorca a
Dalí, lo que atribuye a la “dispersión del archivo del pintor después de haber sido expulsado de su hogar familiar”. Según Fernández, “parece ser que su hermana vendió muchas de sus pertenencias, por lo que no es de extrañar que algún coleccionista aún conserve esas misivas”.
Más allá de haber reunido las cartas, Fernández ha llevado a cabo una labor de investigación que le ha permitido dar con
documentación inédita gracias a haber entrado en contacto con Enrique Sabater, secretario personal del pintor catalán, quien le ha facilitado el acceso a su archivo, en el que ha podido contemplar fotos, notas manuscritas y documentos como “un papel con membrete de la finca de Coco Chanel en el que Dalí dibujó una cabeza de Lorca después de haber muerto”.

Salvador Dalí, José Moreno Villa, Luis Buñuel, Federico García Lorca y José Antonio Rubio en La Bombilla, Madrid, mayo de 1926. Foto: Archivo Residencia de Estudiantes.
“Ten por seguridad que te creo el único genio actual” o “te quiero mucho” son frases que le dedicó Dalí a Lorca en sus cartas, a las que el poeta respondía con halagos igual de sentidos como
“ahora sé lo que pierdo separándome de ti”, “eres lo mejor que hay para mí” o “te recuerdo demasiado”.
En palabras de Dalí, Lorca y él mantuvieron una relación
“erótico y trágica”. A juicio de Fernández, “fue una relación erótica por el juego de seducción que se estableció entre ellos, pero trágica porque las circunstancias impidieron consumar esa seducción”, en referencia a la negativa de Dalí de ceder a los supuestos deseos físicos de Lorca y a la
muerte del poeta. “Lorca se sintió muy atraído por Dalí, quien consideraba un orgullo que sintiera algo por él”, añade.
Pese a que por la lectura de las
cartas de Lorca a Dalí se percibe una llamada continua de atención por parte del poeta, que se queja en repetidas ocasiones a la hermana del pintor de su actitud pasiva, Dalí reconoció la grandeza creativa de su amigo, a quien lo consideraba un intelectual de primer orden.
“Se admiraron total y recíprocamente”, dice.
“Los comentarios que se hacen uno al otro demuestran que
fueron muy cristalinos entre ellos tanto para los halagos como para las críticas”, comenta Fernández, quien explica que ambos intelectuales tenían la capacidad de entenderse "sólo con mirarse".
La ejecución de Lorca debió trastocar a Dalí. Así queda de manifiesto en las páginas del diario del pintor, en las que se lamenta de no haberlo podido retener en
Cadaqués durante su última visita o, incluso, de no haberlo animado a irse a Italia.
Muerto Lorca y muerta Gala, su mujer, Dalí se abandonó físicamente. Cuentan que las enfermeras que lo atendieron en sus últimos días de vida sólo le entendieron decir una frase:
“Mi amigo Lorca”. A esta anécdota, Fernández añade otra: “Cuando estaba en el hospital muriendo, pidió que le pusieran una grabación de violines con la música que escuchaba en Madrid durante sus años de estancia en la Residencia de Estudiantes junto a Lorca y Buñuel”.