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¿Se puede ganar el Tour de Francia sin doparse?

domingo 30 de junio de 2013, 16:24h
La pregunta no es nueva pero el mismísimo Lance Armstrong ha vuelto a avivar el debate con sus declaraciones al diario Le Monde donde concluye que no, que es imposible, y que más imposible aún era en sus tiempos, los locos años 2000. Si hubiera competido en los 90, aquellos Tours de la barra libre de EPO donde no había ni el miserable indicador del 50% de hematocrito para poner algo de orden, no sé que habría dicho, aunque, ahora que caigo, él sí que compitió en aquellos años. No por la general pero compitió. Y como dice Tyler Hamilton en sus memorias, haciendo muy buen uso de la citada barra libre con un par de etapas como resultado y un Campeonato del Mundo a los 22 años, que no está nada mal.

En fin, no nos desviemos: Lance Armstrong dice que no se puede ganar el Tour sin doparse y al utilizar el verbo “poder” parece que el dopaje sea un destino fatal, un mal inevitable, imposible de esquivar para el pobre ciclista… cuando no deja de ser una decisión personal que en un momento dado alguien toma para hacer trampas, ir más rápido, ganar más maillots y más dinero y así labrarse una carrera engañando a todo el mundo, para empezar a los aficionados. No, señor Armstrong, usted, que ganó siete veces el Tour –no le valieron dos ni tres, tuvieron que ser siete- a base de autotransfusiones, hormona del crecimiento, cortisona y EPO no nos puede presentar el dopaje como algo inevitable y no puede venir a decirnos “esto es lo que hay”.

El dopaje no es más que un producto de la codicia, eso es lo que es. La codicia del deportista que se deja sacar sangre por Eufemiano Fuentes en cualquier cuartucho de hotel para luego ir a recoger de incógnito la bolsa a la calle Zurbarán. La codicia del director deportivo que mira a otro lado o –lo más habitual- directamente señala qué médico es al que conviene llamar porque ofrece mejores resultados. La codicia del patrocinador que busca minutos en la tele y le da igual cómo los consigan. Allá se las apañen.

El dopaje, en definitiva, y esto es lo importante y lo que va en contra de Armstrong y su continuo “es que todos lo hacían” repetido en platós de televisión y en periódicos pero nunca en un tribunal penal o deportivo, es una decisión. ¿Se puede ganar el Tour de Francia sin doparse? Claro que se puede. Bastaría con que nadie lo hiciera. Sé que es complicado pero, en fin, un milagro tampoco es. Si nadie se dopa, obviamente, el ganador iría limpio.

Aquí lo habitual es decir “no se pueden hacer 200 kilómetros cada día y subir esos puertos a pan y agua”. Por supuesto, pero es que los deportistas de élite no van a pan y agua. Llevan una dieta perfectamente preparada, llena de complejos vitamínicos perfectamente legales y de todo tipo de ayudas que, mejorando el rendimiento, no se consideran dopaje. El que no entienda la diferencia entre tomarse unas vitaminas y contratar a un médico por decenas de miles de euros para que te organice un plan de dopaje diario, incluyendo las jornadas de descanso y de entrenamiento, ha perdido la perspectiva.

Hagamos etapas más cortas, si es necesario. Reduzcamos puertos de montaña, aunque en realidad desde hace ya muchos años los ataques se limitan al último col… pero lo más importante: asumamos que no todo el mundo puede ganar, que no pasa nada por perder y que desde luego no hace falta terminar 30.000 kilómetros de Tour, Vuelta o Giro a una media de 40 kilómetros por hora. Se puede hacer a 35, es más humano, el cuerpo se castiga menos y el espectador disfruta lo mismo porque siempre habría un primero y a cierto tiempo de distancia, un segundo.

Hagan lo que quieran pero no sean hipócritas. No me digan que el dopaje es algo necesario porque no es así. Solo lo es en el momento en el que hay un tramposo. Sin tramposos, no habría caso, y hacer trampas, insisto, es una decisión personal. Personal, egoísta y en demasiados casos, desde luego el de Armstrong va incluido, enfermiza.

Guillermo Ortiz

Escritor, analista y profesor

GUILLERMO ORTIZ es licenciado en filosofía. Ha colaborado con revistas digitales como El Semanal Digital, Factual o JotDown Magazine así como en medios culturales como Neo2 o Cuadernos Hispanoamericanos.

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