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Respecto al artículo de Luis Arroyo

Sí, la crítica al capitalismo liberal ha fallado

martes 09 de julio de 2013, 08:47h
Hemos hablado en varias ocasiones de The Corner, una página muy interesante en la que autores de diversa consideración contribuyen en inglés para hablar de economía; principalmente de economía española. El idioma nos hace ver cuál es su principal mercado: los analistas e inversores extranjeros. Y los anunciantes habituales (Repsol, Santander, Telefónica, Bankia, FCC…) dan una idea del respaldo financiero. Hace pensar, además, que se haya fijado un objetivo de trasladar una imagen al exterior sobre España que no es la que ofrece el portal oficial para los inversores. Hay catorce escritores que contribuyen regularmente, y tienen perspectivas diversas.

Aquí lo hemos citado una docena de veces. No ha habido ocasión para citar a Luis Arroyo, pero finalmente ha llegado. Ha escrito un artículo titulado “Sí, el capitalismo de los libertarios ha fallado”. Antes de entrar en consideraciones añadidas, vayamos con la necesaria precisión terminológica. ¿Quiénes son esos libertarian, esos libertarios, de los que habla Arroyo? Son, simplemente, los liberales. Sólo que la palabra liberal, en los Estados Unidos, ha evolucionado hasta significar lo contrario, como decía Joseph Schumpeter. De modo que los partidarios de la libertad buscaron, allí, otro nombre. Se autodenominaron libertarios. Además, el uso de esa palabra ha restringido su significado, de modo que los libertarios buscan una presencia mínima, o inexistente, del Estado. Y lo que nos dice Luis es que el capitalismo de los libertarios, ese capitalismo sin más contención que la del respeto de la propiedad y a las propias leyes de la economía, ha fallado.

Es una tesis aventurada. Lo del fallo es visible. Ahí nadie le toserá a Luis Arroyo. Pero Para afirmar que lo que ha fallado es el libre capitalismo, lo que tiene que demostrar Arroyo, Luis, es que lo que había era ese libre mercado “libertario”. Hay que frotarse los ojos un par de veces al leer las palabras de Arroyo. Porque lo que había en los Estados Unidos (que es el ejemplo en el que más se detiene el autor) antes de que estallase la burbuja no era el libre mercado.

En los Estados Unidos ha habido algo parecido a lo que podríamos considerar un mercado libre. Al menos, más parecido que lo que vemos ahora. Yo le he prestado atención a la historia del dinero y del crédito en aquél país, y el período en el que más se ha acercado a un “capitalismo libertario” en este aspecto fue de comienzos del siglo XIX al 1859. Luego se comenzó a centralizar el sistema financiero, con la orquestación del gobierno Federal, para acabar formándose un Banco Central. El banco central orquesta la actuación de los bancos privados, de modo que ellos no actúan en un entorno libre, sino dirigidos por un órgano de planificación central. La creación de éste, la Reserva Federal, fue hace 100 años. De modo que la noticia seguramente le habrá llegado a Luis Arroyo.

No es fácil reconstruir la historia de la regulación financiera en los Estados Unidos. Aunque sólo sea porque ésta es tan abundante, prolija y compleja que es difícil ya de describir. En la época de Bill Clinton, esa regulación se simplificó mucho, pero hasta un nivel en el que siguió siendo abundante, prolija y compleja. Decir que esa situación se identifica con un liberalismo consecuente es demasiado. Pero no para Luis Arroyo.

O sí. También es demasiado para él mismo. Porque en su descripción del capitalismo libertario que ha fallado nos encontramos con esto: “Cuando un gobierno poderoso (fue lo que hicieron los EEUU desde los días del Presidente Clinton en adelante) ejerce una presión sobre los bancos para que ofrezcan hipotecas baratas, y desregula el sector para que los bancos puedan esconder sus riesgos”… Lo de la desregulación, en fin, ya lo hemos visto. Pero ¿dónde está el liberalismo en que un “gobierno poderoso” fuerce a los bancos a tomar decisiones que son distintas de las que adoptarían en un mercado libre? Poco a poco, comenzamos a ver qué es lo que ha fallado. Y no es el mercado libre, ausente, sino el mercado intervenido y dirigido, más de gusto del autor.

Más adelante, Luis Arroyo dice que “los mercados libres no pueden ofrecer nunca un sustituto satisfactorio a la seguridad y la estabilidad”. Yo no estuve atento el día que vendían tautologías, pero Arroyo sí. En cuanto a seguridad y estabilidad, la seguridad y la estabilidad son más satisfactorias que el libre mercado. O, para el caso, son más satisfactorias que la intervención económica, que el nacional sindicalismo, el feudalismo o el sursum corda. Lo interesante es discutir qué valor tienen la seguridad y la estabilidad y otros valores como la libertad, el progreso y demás, y luego estudiar qué sistema económico los favorece en mayor medida que otros.
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