El 29 de septiembre concluirá la exposición organizada por el
Museo Reina Sofía dedicada a obra inédita o poco conocida de
Cildo Meireles. Hasta entonces, los visitantes del Parque del Retiro tienen una cita ineludible en el Palacio de Velázquez, espacio que la acoge y cuyas características estructurales lo convierten en un compañero perfecto de las instalaciones y piezas creadas por el artista brasileño.
Considerado como un referente del
arte contemporáneo, Meireles lleva a cabo a través de sus obras una lectura crítica que anima a reflexionar. Sus obras trascienden la mera percepción para ahondar en la experiencia sensorial, lo que hace aún más atractiva su acogida.

Instalaciones de grandes dimensiones como
El murmullo del mar (1991-1997) permiten aunar la percepción visual con la auditiva invitando a rememorar experiencias personales al visitante, casi siempre nostálgicas.
Con esa buena sensación que deja el comienzo de la exposición, la instalación
Entreviendo (1970-1994) atrapa por ahondar en el principio básico del arte creado a partir de los años 60, cuando el espectador pasó a ser parte indispensable de la obra al hacerlo partícipe de la misma. Compuesta por un ventilador con calefactor, un
túnel de madera de grandes dimensiones, hielos y un congelador,
Entreviendo despierta la mayor atención entre los visitantes por permitir, precisamente, interactuar con ella. No teman a abrir el congelador e introducirse en el túnel.
Olvido (1987-1989), creada a partir de una tienda indígena,
6.000 billetes de países americanos, tres toneladas de huesos de buey y 69.300 velas de parafina, revela la posición poética e ideológica del artista ante el mundo al plantear una aparente lectura de dominación de la tradición –tienda indígena- por parte del sistema económico –los billetes-. Acaso las velas pueden remitir al paso del tiempo y los huesos de buey, ¿a la muerte?.

Pese a que en muchas ocasiones la lectura del arte contemporáneo resulta complicada, el visitante ha de hacer un esfuerzo por reflexionar porque así lo quiere Meireles.
Otro ejemplo de una instalación en la que el artista da cuenta de su actitud crítica ante lo que observa es
Amerikkka (1991-2003), formada por
20.050 huevos de madera pintados, y dispuestos sobre el suelo, y
76.150 balas, sobre una plataforma horizontal pendida del techo.
Ya sólo que Meireles haya titulado la obra sustituyendo la “c” de América por tres “k” recuerda a las siglas del Ku klux Klan y que las balas –símbolo de guerra y dominación- apunten a unos frágiles huevos permiten hacer, por ejemplo, una lectura crítica sobre el poder de los fuertes sobre los oprimidos.
Aunque la
exposición está salpicada de detalles que merecen una mención, dos instalaciones son especialmente atractivas.
Una es
Ocasión (1974-2004), una sala blanca con tres espejos y una palangana con billetes americanos en el medio.
Si tiene la suerte de poder pasar a su interior en soledad, experimentará a buen seguro una sensación extraña, como si estuviera observándose a sí mismo en un
juego de percepción inquietante.

Otra es
Abajur o
Lámpara (1997-2010), una instalación ubicada dentro de una estructura blanca que muestra
imágenes del mar y grandes veleros y que se activa mediante una dinamo que mueven cuatro personas (reales) y que no hace sino recordar a la esclavitud y los excesos cometidos por las expediciones que hicieron posible el descubrimiento de América. La obra sólo está en movimiento 15 minutos cada media hora entre las 12:00 y las 16:00 horas y las 17:00 y las 21:00 horas.
Información sobre la exposición:Lugar: Palacio de Velázquez, parque del Retiro.
Fechas: del 23 de mayo al 29 de septiembre.
Horario: de 10:00 a 22:00 horas
Entrada: gratuita.