El cuarto puesto cosechado por el ciclista madrileño en el Tour de Francia del presente julio ha supuesto un golpe de realidad para las expectativas de Contador. El doble ganador de la Grande Boucle, que ha sufrido dos parones en su carrera por argumentos relativos al dopaje -el primero, a través de su equipo, el Astaná kazajo, y el segundo, por la polémica sanción relativa al clenbuterol-, comprueba ahora con impotencia que su cuerpo no responde ante la fortaleza de los nuevos talentos. La UCI y la dirección de la ronda gala cortaron la brillante progresión del pinteño en los mejores años del rendimiento deportivo de un ciclista. Por Diego García

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El Tour necesita campeones como Nairo Quintana", declaraba el actual director general del Tour de Francia,
Christian Prudhomme, en los aledaños del idílico podio nocturno de París. Tras celebrar la actuación del colombiano y el triunfo de
Froome como "
la nueva generación que llega y que toma el poder", el gerente de la mejor carrera ciclista de la historia subraya la importancia de dos aspectos añadidos que, en su opinión, bendicen el futuro del deporte de la bicicleta. En primer lugar, el belga señala que “además, hemos tenido el primer maillot amarillo africano -Daryl Impey-, hemos tenido otro australiano,... yo creo que
las fronteras del Tour se extienden y eso es bueno". En segundo término, para cerrar su diagnóstico, Prudhomme confesó encontrarse “
ansioso por dejar atrás el viejo ciclismo” que tanto daño ha hecho al ciclismo en forma de dopaje.
Estas declaraciones del director de la
Grande Boucle, como casi todas las observaciones que realiza, son interpretadas en el mundo ciclista con trascendental relevancia. En consecuencia, se adivina hacia dónde va a caminar el diseño de las próximas ediciones de la centenaria carrera de tres semanas: montaña, montaña y montaña. En su comentario a pie de podio, el mandatario destacó con tono exultante que le
“cuesta imaginar que no asistamos a luchas extraordinarias en la montaña en los años próximos”. “Habrá peleas formidables”, sentenció. La organización del Tour ha extraído una sana conclusión: el espectáculo llega cuando la carretera se empina y se limitan los kilómetros contra el crono. El interés de esta edición no admite comparación alguna con la carrera gris del pasado año de la que Bradley Wiggins arrancó el sorprendente maillot amarillo. Cuanto más espectáculo, mayor lustre para el evento francés por excelencia. Pero, cuando Proudhomme habla de “peleas formidables” para el futuro,
¿en quién está pensando?La
Unión Ciclista Internacional y los directivos de la ronda gala más prestigiosa han dejado claro desde el 17 de febrero de 2008 que
Alberto Contador -perseguido por los medios galos,
Le Monde en concreto, tras aparecer, sin consecuencias, en el sumario de la Operación Puerto en 2006-
pertenece, en su decisiva opinión, al “viejo ciclismo”. Aquel domingo se hizo público que el Tour de Francia vetaba la participación del
Astaná -nuevo equipo de Contador- por el positivo de Alexander Vinokourov en la edición del año anterior. De este modo, la carrera francesa cerraba las puertas a su vigente campeón.
El español, que no corría para el cuadro kazajo cuando surgió el positivo de Vino, sino que defendía el maillot del Discovery Channel al tiempo que destronaba a Lance Armstrong,
veía frenada su ilusionante carrera a los 26 años. En plena explosión de talento.
Tras recomponer la preparación de la temporada de 2008 -conquistando, de paso,
Giro y Vuelta-, se vio obligado a transformar su planificación de trabajo físico para que el pico de forma, en 2009, llegara en julio, ya que la UCI había levantado el veto al Astana. Tras cambiar los biorritmos dos temporadas seguidas y superar el consiguiente trastorno, la clase de Contador y la
rabia acumulada por la sanción indirecta sufrida dirigieron su calidad en la montaña y su despliegue contra el crono hacia un nivel superior. Había vuelto con más fuerza. Recuperada la ilusión,
arrolló en el Tour de 2009, repitió entorchado en 2010 -con apuros ante el desembarco de Andy Schleck- y añadió a su palmarés un
segundo Giro. En la cima de rendimiento de su carrera -atravesando la franja de edad que transcurre desde los 26 a los 30 años-, Alberto Contador había resurgido para demostrar que el ciclismo internacional tenía, de nuevo, un patrón sólido.
Sin embargo, la UCI desató el
bombazo del clenbuterol en septiembre de aquel año. Un control realizado al corredor español en la segunda jornada de descanso de aquel Tour mostraba
50 picogramos por mililitro de dicha sustancia. La cantidad encontrada en la muestra recogida resultó tan pequeña que se impuso una sanción cautelar de carácter leve, ya que el corredor madrileño siguió compitiendo. Pero, tras una actuación discreta en el Tour de Francia de 2011, donde acabó quinto en la clasificación general lastrado por el cansancio acumulado después de imponer su ley con la
maglia rosa al pecho, la ínfima muestra de clenbuterol -irrelevante para la mejora de rendimiento muscular- significó el segundo freno a la progresión de Contador. El seis de febrero de 2012 llegó el golpe casi definitivo: el
Tribunal de Arbitraje Deportivo dictaminó una sanción para el deportista español de dos años y sentenció desposeerle de los logros conquistados a partir del 5 de agosto de 2010 -un Tour y un Giro-, aunque, en su sentencia,
reconoció que no se había probado la voluntariedad de Contador en el consumo de esa sustancia en el supuesto dopaje del pinteño. Es decir, concluía que era inocente y culpable.

Así, en agosto de aquel fatídico año, Contador trataba de
recuperar la ilusión de retomar su lastrada carrera en el lugar en el que le obligaron a aparcarla: en la cima. Su fase oscura de entrenamientos sin competición, con escaso ritmo de carrera, terminó con la disputa de la Vuelta a España del pasado septiembre. El segundo regreso de Alberto acogió un guión similar. El desposeído patrón del Tour en la presente década
ganó la carrera española con un sinfín de ataques y sacando del aburrimiento al aficionado. De este modo, con una trayectoria repleta de picos y valles, con la preparación física más complicada de asimilar del panorama ciclista debido a sus constantes paréntesis y cambios en los objetivos de rendimiento de la temporada, el líder del Saxo Tinkoff presentó su candidatura a destronar a
Froome en su vuelta a las carreteras y memorables puertos franceses. Pero no ha habido ninguna posibilidad. Ni combates de tú a tú. A la espléndida
exhibición del ciclista británico y de Nairo Quintana se ha unido la sensación de debilidad que ha mostrado un
ciclista de 30 años, necesitado de tranquilidad para preparar el evento del año. Aunque su estampa de dominador le ha empujado a buscarle las cosquillas en todos los terrenos al líder, arriesgar en los descensos y empeñarse en abrir hueco en las subidas,
ha cedido terreno en cada etapa decisiva.
Contador ha atacado, pero siempre ha sufrido las consecuencias del inexorable paso del tiempo. La explosividad con la que enamoró al mundo ciclista ya no cuenta con el mismo gas y el “relevo generacional” ha llegado con fuerza, para su desgracia. Parece complicado que Alberto tenga otro Tour de Francia en sus piernas, aunque ya se ha puesto manos a la obra.
Ha descartado defender su entorchado en la Vuelta para centrar su preparación en la Grande Boucle 101. 
A pesar de haber cedido más de cuatro minutos en la Dauphine Libere ante Froome y caer del podio de París con más de ocho minutos cedidos ante el keniata-británico, un ganador de raza no tira la toalla, sobre todo si tiene la sensación de que le han arrebatado los mejores años de su carrera. “
Hay una serie de circunstancias que tengo que analizar para volver más fuerte y vamos a intentar a hacer todo lo posible para ganar a Froome porque para mí es una motivación extra", prometió a los pies del podio que coronaba a los ganadores del Tour centenario. Achaques de rodilla aparte, el ciclista madrileño no ha esquivado la realidad vivida.
“
El objetivo era acabar primero pero han sido malos días, no he podido hacer lo que me hubiera gustado y este año ha sido imposible porque hay un corredor que está por encima del resto", confesó. Se fue de la capital francesa vacío, despojado del favoritismo que le acompaña desde 2009 y con la sensación de haber perdido en algún puerto galo su demoledora frescura en la alta montaña. Ya habrá tiempo de comprobar si el veterano Alberto Contador recupera el aura con el que deshacía a sus rivales años atrás. "
Estoy cansado física y psicológicamente", confesaba antes de perderse en la oscura caravana de autobuses del Tour de Francia. Ahora se impone la reflexión.