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Civilidad Atlántica (I)

Fernando González y Galán
lunes 23 de septiembre de 2013, 22:02h
El Tribunal Superior de Justicia Electoral de Paraguay, mediante la resolución 61/2013, declaró Día de la Civilidad Paraguaya la fecha del 25 de julio en conmemoración de las primeras elecciones democráticas en el Continente Americano siendo su símbolo el “Cántaro” que sirvió de urna.

La superación de la Guerra Fría, que coincidió con el advenimiento de las democracias en América del Sur, hacía presagiar el triunfo de la libertad, de la democracia y de la civilidad. Sin embargo, nuevas amenazas, han hecho su aparición en el panorama occidental que, ponen en peligro aquel éxito.

En primer lugar, dentro de occidente han desaparecido los rituales de paso tan necesarios para la salud y la prosperidad de las sociedades. En su lugar, tenemos una curiosa especie de liquidación de la vida humana que ha evolucionado desde que Víctor Klemperer la describiera en la “Lengua del Tercer Reich” hacia una forma difusa que el sociólogo Zygmunt Bauman ha presentado en su “Modernidad líquida”. Esta situación se ha cebado especialmente con los países mediterráneos de la Europa continental donde, por ejemplo, en España se ha llegado a hablar de infantilización de la sociedad. El número de individuos que no superan la infancia, o sea, que no maduran como adultos, a pesar de haber entrado ya en años, es creciente. Y ello ante la complicidad de las supuestas generaciones de adultos conocidos también como “padres y madres adolescentes”. Aunque estos últimos superen la cincuentena o presuman de sesenta y ochistas.

En segundo lugar, el tradicional monopolio de la violencia ostentado por los estados y las grandes potencias se ha visto seriamente amenazado por la violencia terrorista del yihadismo más extremo. De los terrorismos nacionalistas, como el de ETA, se ha pasado a terrorismos de carácter internacional que amenazan la seguridad ciudadana que tradicionalmente garantizaban los estados tras la Segunda Guerra Mundial.

En tercer lugar, las conquistas sociales tales como la sanidad, la educación y las pensiones en al menos: desempleo, maternidad, jubilación, enfermedad y dependencia; han dejado de ser suficientemente estimadas por los ciudadanos occidentales que las ven como un derecho al que deben acceder pero no como una obligación que deben mantener también desde sus quehaceres cotidianos. Estas conquistas pueden desvanecerse, además, (de porque determinados capitales no parecen tener interés en mantenerlas) porque países con un fortísimo empuje económico como Brasil, Rusia (cuya influencia en el mundo parece incluso haberse fortalecido tras el desmembramiento de la URSS), India, China y Sudáfrica, conocidos como BRICS, no disponen en sus estados de cargas sociales tan “pesadas” como las promovidas por los Estados de Bienestar occidentales.

Fernando González y Galán

Profesor en la Universidad Comunera

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