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¿Represaliados políticos o peligrosos extremistas?

¿Qué se esconde detrás de los polémicos Hermanos Musulmanes?

jueves 26 de septiembre de 2013, 15:42h
Tras años viviendo y operando en la clandestinidad durante la etapa de Hosni Mubarak, los Hermanos Musulmanes vieron cómo el derrocamiento del dictador les devolvía a la legalidad. Sin embargo, la crisis política e institucional que vive Egipto desde hace meses, que ha llevado al país al borde de la guerra civil, ha provocado que vuelvan a ser ilegalizados. ¿Quiénes son realmente? ¿Defienden la democracia o el islamismo más radical? ¿Promueven el terrorismo de Al Qaeda?
Para unos, son un nido de fanáticos religiosos que confraternizan con organizaciones terroristas como Hamás o Al Qaeda. Para otros, son el adalid de la libertad, herederos legítimos de la Primavera Árabe y la alternativa futura al régimen opresor egipcio controlado por los militares del general Al-Sisi.

Sin embargo, muchas son las incógnitas que rodean a los Hermanos Musulmanes (Al Ijuan al Muslimin), una asociación político religiosa que esta misma semana volvía a ser ilegalizada en el país de los faraones por un tribunal, que también ordenaba congelar e intervenir todas sus cuentas bancarias y disolver todas sus sedes.

Aunque ha sido en los últimos años, sobre todo tras el estallido de las revueltas populares en el norte de África y Oriente Medio, cuando han gozado de una mayor atención internacional, lo cierto es que los Hermanos Musulmanes cuentan con décadas de activismo en la sombra y son, de una manera u otra, el embrión de todas las organizaciones y redes islámicas integristas.

A finales de la década de los años 20, Egipto estaba gobernado por una dinastía foránea proveniente de Turquía. La corona recaía sobre el rey Fu'ad I, quien no veía con buenos ojos compartir poder o prerrogativa alguna con los líderes religiosos, que le veían como un mero títere de los colonos británicos.

Sin embargo, el creciente descontento social por la tiranía monárquica y una economía cuasi medieval llevó a un joven ilustrado de apenas 22 años, Hasan al-Banna, a fundar los Hermanos Musulmanes, una organización en principio cívica enemiga de todo lo que tuviera que ver con Occidente cuyo objetivo era imponer el panislamismo a base de restaurar los antiguos califatos, desde Granada hasta Bagdad.

El proyecto era simple: arrebatar el poder a la élite monárquica extranjera y que un reducido número de clérigos impusieran la ley coránica más allá de las fronteras de Egipto para expandir el los dogmas del Corán. Todo en torno a un lema simple y directo: "el islam, religión y Estado, libro y espada".

A lo largo de los siguientes años, los Hermanos Musulmanes fueron logrando cada vez más poder y respaldo ciudadano, llegando hasta los dos millones de seguidores, algo que, ya derrocada la monarquía otomana, hizo temer al presidente Gamal Nasser, que en 1954 ordenó su primera ilegalización. A pesar de ello, siguieron ganando adeptos gracias a su labor social a través de sindicatos, hospitales, orfanatos y casas de acogida.

La derrota del ejército de Nasser en 1967 frente a los israelíes y sus aliados de Estados Unidos hizo que una parte considerable de la sociedad egipcia viera como un fracaso el modelo laico y se acercaran a los principios de la organización, de confesión suní.

Durante décadas, los Hermanos Musulmanes fueron tolerados por los sucesivos gobiernos, aunque no volvieron a recuperar su estatus oficial y se vertebraron en otros partidos políticos independientes aglutinando el descontento opositor.

La explosión universitaria de los años 70 en el mundo islámico y la revolución de los ayatolás en Irán le dieron un impulso renovador a la organización, que ya por entonces empezó a contar, en contra del ideario apadrinado por al-Banna, con un brazo armado que participó activamente en la fundación, en 1987, de Hamás, la organización terrorista palestina.

Además, Ayman al-Zawahiri, el médico y durante años mano derecha de Osama bin Laden y que ahora lidera la red terrorista Al Qaeda que el saudí fundó, mantuvo intensos contactos durante su juventud con la cúpula dirigente de los Hermanos Musulmanes. Unos nexos que han perdurado con los años y que han afianzado las relaciones entre algunos dirigentes de la red internacional y el activismo egipcio.

A lo largo de los años 90, presionados por el régimen del ahora depuesto Hosni Mubarak y con la necesidad de ganar aliados fuera de las fronteras egipcias para legitimar su legalización, los Hermanos suavizaron su discurso y limitaron su activismo.

Esta argucia diplomática desembocó en la autorización por parte del régimen en los comicios presidenciales de 2005 de que pudieran concurrir varios candidatos, aunque no bajo la bandera de la organización, que seguía ilegalizada en todo el territorio.

La revolución egipcia de 2011 y la elección, con el 52 por ciento de los votos, de Mohamed Morsi fueron un hecho histórico, ya que les supuso el respaldo popular necesario para auparse hasta el poder, que ostentaron fugazmente, puesto que poco tiempo después, los líderes militares comandados por el general Abdel Fattah al-Sisi los volvieron a prohibir, tras un golpe de estado, deteniendo a Morsi.

En agosto pasado, su líder supremo, Mohamed Badie, un profesor de Veterinaria, fue detenido en una acampada considerada ilegal por los militares, y fue arrestado, momento en el que la jefatura de los Hermanos Musulmanes recayó de forma interina en Mahmoud Ezzat, considerado de la línea más conservadora de la organización y que llegó a compartir celda durante los años 60 con Sayyid Qutb, uno de los mayores ideólogos radicales islamistas y que inspiró a los fundadores de Al Qaeda.
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