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TOROS

Crónica taurina | Las Ventas: Araúz de Robles o la importancia del toro

El diestro José Garrido.
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El diestro José Garrido. (Foto: EFE)
domingo 16 de agosto de 2026, 10:56h

La corrida del 15 de agosto ha sido una tarde atípica de verano taurino. Mientras vemos a las figuras pechar con los deshechos de tientas sin trapío ni casta, la presencia del toro en Las Ventas ha marcado la tarde. La ganadería Araúz de Robles escogió unos ejemplares de gran trapío, cuyo peso medio superaba 600 kilos de puro músculo y movimiento. Ninguno se cayó, ni siquiera después de las varas puestas de manera lamentable y, a veces, a traición. Carlos Pacheco, Miguel Ángel Ramírez y Pablo Gallego han puesto unos pares de banderillas memorables. No podemos decir lo mismo de la brega.

Antonio Puerta confirmo con Carpintero (1º6/21), un animal precioso y de comportamiento inmejorable. Su manera de embestir con clase y sin hacerse rogar por ambos pitones no pasaron desapercibidas para el público, pero el diestro respondía a la suavidad con brusquedad y a la nobleza con reserva. Sin trofeos. Ovación en el arrastre y saludos al diestro. Su segunda faena con Chistorrón (6º2/22 nº1) reveló las inseguridades del torero en las que no hace falta profundizar. Despachado.

Javier Cortés topó con el lote más complicado. Fue el único que hizo los quites a los toros de sus compañeros, cuando correspondía. Venganza (2º1/22), algo brusco, buscaba la muleta para cornearla o remataba el embroque a “tornillazos”. La espada quedó corta, pero suficiente. Mesonero (4º6/21) saltó al ruedo dando señales de su mansedumbre, que fue empeorada por la lidia. Llegó a la pañosa no embistiendo, sino esperando el momento para el asalto. Cortés lo intentó, pero el animal se aculaba hacia las tablas o lo acechaba.

Hubo ilusión por ver a José Garrido, un torero que sabe manejar el capote y, antaño, sabía también abordar a los toros complicados con arte. Se precisaba una gran lidia para limar las asperezas de Mestizo (3º2/22). Pero no hubo tal cosa, y el animal se volvió agrio al llegar a la muleta: se volvía en un instante, buscaba al diestro. Esta lucha debió de afectar el animo del torero quien no quiso ni lidiar a Chistorrón (5º2/22 nº28) y lo relegó a los subalternos. Sacó fuerzas de la flaqueza para armar unas tandas, pero lo mató sin disimular siquiera la suerte suprema. Un sablazo puesto a traición.

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