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crítica de cine

[i]RUSH[/i]: ¿Están locos los pilotos de Fórmula 1?

domingo 29 de septiembre de 2013, 14:11h
Daniel Brühl y Chris Hemsworth protagonizan el último trabajo de Ron Howard, una cinta de acción que recuerda el mítico duelo que mantuvo Nicki Lauda con James Hunt en los circuitos durante la década de los 70.
Las cosas han cambiado mucho en la Fórmula 1 desde los años 70 y, por eso, uno de los alicientes de la cinta dirigida por el oscarizado Ron Howard es el poder ver cómo era este deporte hace décadas, cuando la media de pilotos que perdían la vida durante las carreras o los entrenamientos era de dos al año. El director de Oklahoma fija su cámara, además, en uno de esos duelos míticos que hicieron historia y que aún se recuerdan, aunque ahora, afortunadamente, todo sea bien distinto, al menos, en lo que se refiere a la seguridad de los hombres que se suben a los coches para competir en un deporte que es, más que ningún otro, un trepidante espectáculo. Y Howard, aunque se detiene en los entresijos de la época, va también al grano: la cinta empieza y casi termina con las imágenes de la carrera del 1 de agosto de 1976 en el circuito alemán de Nürburgring, cuando Lauda sufrió aquel espectacular accidente que todos hemos visto alguna vez, en el que sufrió las quemaduras de tercer grado cuyas marcas aún pueden verse en su rostro y que a punto estuvieron de quitarle la vida.

Pero el filme, cuyo guión lleva la firma de Peter Morgan (The Queen), lo que pretende situar en el centro de la trama es la extrema rivalidad que enfrentó a dos pilotos muy diferentes entre sí. De una parte, está el citado piloto austriaco Nicki Lauda, a quien da vida el siempre solvente Daniel Brühl, que preparó el personaje concertando una entrevista con el propio Lauda con quien viajó desde Viena a Brasil para asistir juntos a una de las citas clásicas de la Fórmula 1. La cinta nos enseña a Lauda en sus primeros pasos y ya entonces era un tipo decidido, tan seguro de sus cualidades como piloto que pidió un préstamo al banco para acceder a un puesto en la Fórmula 1, en vez de perder más años en la categoría inferior a la espera de un patrocinador, demostrando que lo suyo, más que frenética pasión, era un oficio al que dedicar horas y horas de trabajo.

Así, vemos que Lauda es serio, más bien antipático y que no está en la Fórmula 1 para convertirse en una estrella mediática o divertirse, sino para ganar títulos y dinero. En 1975 consigue un puesto en Ferrari, con Clay Regazzoni de compañero, y gana el primero de los tres mundiales que conseguirá en su carrera como piloto. Su rival, el británico James Hunt, es a nivel personal y profesional todo lo contrario. Corre en Fórmula 1 porque lo pasa bien, le encanta todo el glamur y la fiesta que rodea a las carreras y no es, desde luego, de los que, como Lauda, se pasa horas estudiando la manera de mejorar el coche. Es indisciplinado y hasta gamberro, pero no tiene miedo, arriesga y su ambición es de cosechar laureles de cualquier clase y a cualquier precio. Resulta impredecible y eso hace que su equipo tenga que echar el cierre por falta de patrocinio y que a punto esté en 1975 de quedarse sin un coche para la temporada. Solo la marcha repentina de Emerson Fittipaldi de McLaren permitió que el inglés consiguiera el puesto que quedaba vacante a pocos días de empezar la temporada.

El guión llega así al año que protagoniza el filme, la temporada de 1976. Por fin, ambos pilotos, enfrentados desde el primer día que compitieron, van a verse las caras subidos a coches igualmente competitivos. El director repasa cada carrera del Gran Premio de ese año, sumando los puntos que empiezan a caer del lado del piloto austriaco hasta el fatal accidente. Y es entonces cuando la rivalidad empieza a verse también fuera de los circuitos, una rivalidad que, por otra parte, hace que ambos pilotos ambicionen metas más grandes, espoleados por los puntos que gana el contrario en cada cita del Mundial. Ron Howard retrata, asimismo, la lucha casi patológica que libra Lauda en el hospital, con los pulmones llenos de gases tóxicos y la cara quemada, escuchándose sus exclamaciones de dolor mientras le cambian los vendajes o le aspiran los pulmones. Y de fondo, la televisión que emite los triunfos de Hunt en las carreras en las que participa sin la presión del metódico Lauda, cuya fuerza mental sorprende a todos. Porque, a pesar de haber recibido incluso la extremaunción, el austriaco deja atónitos a espectadores y compañeros regresando a las últimas carreras de esa misma temporada para intentar impedir que Hunt se haga con el título.
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