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Por fín, Rajoy frente al desafío soberanista

miércoles 09 de octubre de 2013, 23:59h
El órdago soberanista lanzado por la Generalidad es uno de los problemas de mayor envergadura a los que hoy se enfrenta España. Es muy cierto que nuestro país, pese a los pequeños atisbos de recuperación, se encuentra todavía sumido en una gravísima crisis y esto exige un enorme esfuerzo y dedicación por parte del Gobierno. Pero esa dedicación no puede ser un pretexto para no afrontar con igual o mayor energía, si cabe, el desafío de Artur Mas y sus socios de ERC, empecinados en arrastrar a la Comunidad de Cataluña a un evidente desastre mediante cantos de sirenas y promesas de convertirla en el país de Jauja, si lleva a cabo la secesión.

Hasta ahora, el presidente del Gobierno se había mostrado ciertamente tibio frente a una cuestión de tal calibre. Parece que Mariano Rajoy lo fiaba todo a que pasara la tormenta, a un diálogo que se ha mostrado infructuoso y a la vía judicial. “Medidas” que no han conseguido que la Generalidad cambie ni un ápice en su insensato camino, sino todo lo contrario. Clama al cielo, por ejemplo, que el Ejecutivo catalán haya hecho caso omiso sistemáticamente de cualquier sentencia, incluidas las de los Tribunales Supremo y Constitucional, que fuera contra su delirio. Y que su desacato no tenga ninguna consecuencia.
En su última intervención en la sesión de control al Gobierno del Senado, Rajoy cogió el toro por los cuernos en respuesta a las interpelaciones del senador de CiU, Josep Lluís Cleries. Con la solemnidad de estar en sede parlamentaria, Rajoy pronunció un discurso contundente, deshaciendo las falacias secesionistas de que se maltrata a Cataluña. Entre otras cosas, el presidente, con absoluta firmeza, le recordó al representante de CiU que “el primer derecho que tiene todo el mundo es que se diga la verdad y no a ser confundido con prejuicios y agravios” y que “la gente tiene derecho a escuchar una verdad que no es la oficial”.

Esperemos que Mariano Rajoy continúe por un camino de ofensiva política, y no exclusivamente judicial, frente al secesionismo. Todos los españoles, incluida una mayoría de catalanes a los que los secesionistas quieren intimidar y silenciar en su propia tierra, así se lo demandan: exigen y necesitan un relato y argumentos democráticos frente a las falacias nacionalistas. Es mucho lo que está en juego y ya se visto con creces que la tormenta no va a pasar sino que arrecia a pasos agigantados.
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