Venezuela, a la deriva
viernes 25 de octubre de 2013, 17:52h
A pesar de contar con numerosos recursos, Venezuela se encuentra en una penosa situación que, lejos de mejorar, empeora día a día. Y ello gracias a la delirante política de su presidente, Nicolás Maduro, que no solo continúa la nefasta línea del chavismo, sino que la ha incrementando para ser más chavista que Chávez. No llegan precisamente buenas noticias del país hispanoamericano, a las que ahora se suma el anuncio hecho por el ministro de Energía y Petróleo, Rafael Ramírez, de que Venezuela realizará una importación masiva de alimentos ante el gran desabastecimiento de productos básicos que se viene produciendo en la nación. Un grave problema que no es nuevo -ya estaba presente con Hugo Chávez- pero que desde que Maduro llegó al poder padecen los venezolanos de forma especialmente severa.
Con las Navidades cada vez más cerca -época donde las compras se disparan-, y, también, curiosamente, con las elecciones municipales a la vuelta de la esquina -se celebran el próximo 8 de diciembre-, el Gobierno venezolano se lanza a tomar medidas a la desesperada en una huida hacia adelante que a nada conduce. Así, para paliar ese desabastecimiento, a Maduro no se le ocurre otra cosa que una política de expropiaciones y ocupaciones, como la recientemente llevada a cabo en las fábricas de papel higiénico del polígono industrial de La Hamaca -pertenecientes a la compañía privada Manufacturas de Papel (Manpa)-, o de importaciones masivas. No hace falta ser un Premio Nobel de Economía para darse cuenta de que esto no conseguirá otra cosa que continuar manteniendo a Venezuela a la deriva, con una balanza comercial desastrosa y una inflación galopante, mientras que otros países del continente, incluso con menos recursos naturales, están creciendo.
Paralelamente a este anuncio, Nicolás Maduro ha dicho a bombo y platillo que tiene la meta de formar un millón de milicianos que fortalezcan la Milicia Nacional Bolivariana en aras de la revolución. Una revolución que invoca torticeramente el nombre de Simón Bolivar y busca ante cualquier problema echar balones fuera. Como ante el desabastecimiento, del que acusan a los empresarios y a grupos de la oposición que persiguen la desestabilización del “paraíso” auspiciado por el chavismo.