EEUU espía: ¿cuál es la noticia?
Javier Cámara
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javiercamaraelimparciales/12/12/24
jueves 31 de octubre de 2013, 20:59h
Más de 60 millones de conversaciones telefónicas rastreadas por la NSA (los listos del servicio de inteligencia estadounidense) en solo un mes es una cifra que estremece a cualquiera por desmedida. Sin embargo, la bronca que se ha armado a cuenta del supuesto espionaje resulta bastante cínica e hipócrita.
Aquí, todo el mundo sabe que EEUU les espía desde hace mucho tiempo y que lo seguirá haciendo. De hecho, los espías norteamericanos están trabajando ahora mismo para saber cuáles van a ser las represalias de sus espiados y así prepararse una respuesta acertada. Algo así como “voy a seguir espiando para saber qué venganza preparan por habernos pillado espiándoles”.
Insisto, aquí todo el mundo sabe que todos los servicios de inteligencia de todo el mundo espían todo lo que pueden a sus amigos y los que no lo son. La diferencia entre unos y otros está en la capacidad operativa de cada organismo (número de agentes y medios técnicos), cuestión ésta que viene determinada únicamente por la carga presupuestaria que sus respectivos países le dedican. Es decir, el dinero que cada Gobierno destina a espionaje sabiendo y entendiendo perfectamente de qué se está hablando.
Burda farsa la de todos los que se echan las manos a la cabeza fingiendo una traición insuperable al descubrir que EEUU espía. ¿Y Alemania no? ¿Y Rusia y Cuba no? ¿Y España no? ¿Alguien piensa que nuestro servicio de inteligencia no está interesado en saber qué pasa o puede pasar a nuestro alrededor? España tiene un satélite vigilando Marruecos y no se ha escuchado a nadie quejándose. Rubalcaba se vanaglorió de saber lo que hablaban los miembros de la oposición, y junto con ellos el resto de españoles, gracias al sistema de escuchas telefónicas SITEL.
Que nadie tenga la menor duda de que España espía y trabaja de forma más o menos oscura, más o menos limpia, en todos los campos que puedan tener un interés para la seguridad de nuestro país. Por este mismo motivo es perfectamente recriminable, después, que a nuestros cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado les pille por sorpresa un atentado como el del 11-M.
Y digo yo: EEUU espía: ¿cuál es la noticia? ¿Quizá que un ex funcionario se ha chivado y les hemos pillado, como se dice vulgarmente, “con el carrito del helado”? ¿Cuánto de paripé hay en la respuesta fingida de los dirigentes políticos supuestamente sorprendidos por el espionaje? ¿Qué pasaría si todos los países expulsan a los embajadores de EEUU? ¿Cuánto tardaríamos en volver a aceptarlos con cara de “tenía que hacerlo, pero bienvenido de nuevo, ya puedes seguir espiándome”?
Y tan absurdo es indignarse por el espionaje como esperar que el jefe de los espías vaya a contar públicamente lo que hacen sus agentes, cómo jaquean toda la Red, dónde se esconden, cuándo se aplican en las tareas y a quién dirigen sus micrófonos, sus cámaras y sus satélites.
Mientras, que se preocupen, eso sí, de que los Bradley Manning y los Edward Snowden de turno no den información valiosa a los que verdaderamente pueden hacer daño a los ciudadanos de bien.
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Periodista
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javiercamaraelimparciales/12/12/24
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