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Los Butrón: de nobles banderizos vizcaínos a aristócratas castellanos

Juan José Laborda
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viernes 01 de noviembre de 2013, 18:18h
La Real Academia Burgense de Historia y Bellas Artes de Burgos me hizo el honor de encargarme la lección con la que abre el presente curso. En este resumen cuento cómo los Butrón, un linaje que probablemente procedía de las comarcas castellanas del naciente río Ebro, fueron muy importantes en mi oficio como historiador, e incluso en mi propia vida:

“El linaje de los Butrón está presente en Vizcaya desde el siglo XII hasta el siglo XVIII. En mi libro sobre el Señorío de Vizcaya, los Butrón son el hilo conductor de lo que denomino “la Edad Clásica Foral”, un período que se inicia con la aprobación del Fuero de 1452 y que entra en su ocaso en 1727, después de la terrible revuelta vizcaína de 1718.

Los Butrón están presentes en mi vida. Lo más cercano es el cuadro que hay en el Senado, en el que está retratado un Butrón: “don Rodrigo de Mújica y Butrón, del Consejo secreto de SM en el Estado de Milán, su maestre de campo, general en el reino de Sicilia y capitán general de caballería ligera del Ejército de Extremadura y conquista de Portugal, año de 1663”.

¡Vaya personaje!

Es un noble guerrero; viste media armadura, cabello negro, largo y peinado en dos mitades que enmarcan un rostro afilado, con barba oscura; una moda opuesta a las “cabezas rapadas” de los revolucionarios ingleses, recientes regicidas.

Era un descendiente de aquellos antiguos banderizos Butrón que al grito de ¡apellido! hacían tajadas -si podían- a sus enemigos -por ver “quién valía más en la tierra”-, y tenían la tradicional costumbre de quemar villas y caserías de los valles, preferentemente con sus enemigos dentro, en cualquier caso, abrasando a sus inocentes vecinos.

Después del pacto logrado con el Fuero de 1452, los Butrón fueron fieles soldados para los Reyes Católicos, y para los monarcas de la Casa de Austria. Así que subieron rápido como balas de cañón en la nomenclatura aristocrática de aquellos siglos. Con el nuevo rey Borbón se equivocaron; por ser leales a los Austria, se apuntaron a la oposición, y perdieron.

Hace unos años le mostré el cuadro de don Rodrigo de Mújica y Butrón a sir John Elliott, el historiador británico. Le conté estos detalles raciales de esa aristocrática familia y mi relación casi metafísica con el linaje Butrón.

El cuadro tiene un gran tamaño, Elliott lo contempló atentamente, y gozosamente dijo en voz alta: ¡Pero si es uno de mis amigos!

¡Nuestros amigos de hace siglos!

Maquiavelo fue el primero que narró las sugestiones de la imaginación, -¿o realmente se aparecen los seres a los que devolvemos a la Historia?-

Maquiavelo le escribió esta carta a su amigo Francesco Vettori (1470-1539): “Al caer la noche vuelvo a casa y entro en mi estudio, en cuyo umbral me despojo de aquel traje de la jornada, lleno de lodo y lamparones, para vestirme ropas de corte real; y así, ataviado honorablemente, entro en las cortes antiguas de los hombres de la antigüedad y por cuatro horas no siento el menor hastío; interrogo a los hombres de la antigüedad sobre los móviles de sus acciones, y ellos, con toda humanidad, me responden. Olvido todos mis cuidados, no temo la pobreza ni me espanta la muerte; a tal punto me siento transportado a ellos todo yo.”

Siempre sostengo ante mis alumnos que Maquiavelo fue un moralista; en esta carta, además, Maquiavelo recomienda la buena educación y la urbanidad.

Pero continuo con los Butrón de hace, por lo menos, 500 años.

Hay una villa vizcaína que se llama Plencia o Placencia (como figura en la carta puebla que el mismo fundador de Bilbao le otorgó unos años después). Ahora se rotula Plentzia, que al menos se parece más que Gaminiz, locativo vasco que intentaron ponerle -sin éxito- unos munícipes con intenciones bautismales.

Plencia es un puerto que está situado en la desembocadura de la ría de Butrón. En unos mapas de hace tres siglos, que descubrí en un pleito en la Real Chancillería de Valladolid (y que figura en la portada de mi libro), esa ría se denomina ría de Butrón. Atraviesa varios municipios, antes de salir al mar por Plencia, pero no existe locativo alguno con ese nombre: Butrón era el “apellido” con el que esos parientes mayores llamaban a sus secuaces en la comarca.

En la cabecera de la ría, en la anteiglesia de Gatica, se levanta el castillo de Butrón, un increíble castillo de estilo romántico-bávaro, que fue un capricho -carísimo- de un descendiente de los Butrón de comienzos del pasado siglo: el marqués de Cubas.

Hay fotografías del “palacio” (así se menciona en un testamento de un Butrón de 1401), anterior al actual castillo: una casa torre de gruesos muros y troneras alargadas, aneja a unas edificaciones que eran, hasta el siglo XVIII, “las ferrerías de Butrón, el más importante centro siderúrgico de Vizcaya, descontando los que existían en las Encartaciones”.

Plencia estaba dominada por los Butrón. En su edificio civil más antiguo e importante, el palacio del Consistorio del siglo XVI, el escudo de los Butrón sigue dándole una extraña grandiosidad: en una rara leyenda escrita en vizcaíno, por 1603, se lee: “Muxica a dentelladas con los enemigos; Butrón como es, todos lo saben, vencedor soy. Pueblo estáte en guardia.”

En la iglesia parroquial, la gótica tumba de algún Butrón está presente en mis recuerdos. Las reformas del último Concilio tuvieron la consecuencia de borrar el pasado: fotos, y recuerdos como los míos, es lo que queda de una antigua Historia.”

Juan José Laborda

Consejero de Estado-Historiador.

JUAN JOSÉ LABORDA MARTIN es senador constituyente por Burgos y fue presidente del Senado.

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