resurrección histórica del manacorí
A ver quién vaticina ahora que Rafa Nadal no volverá a ganar un Grand Slam
viernes 08 de noviembre de 2013, 04:28h
El mejor deportista de la historia de España, Rafael Nadal, ha conseguido el número uno del tenis mundial de 2013 tras completar una de las recuperaciones más brillantes que se recuerdan. El Imparcial analiza las causas de su legendaria resurrección: fortaleza mental, pasión por el juego, trabajo para adquirir nuevas dimensiones para su bagaje tenístico y humildad representan los ingredientes que siguen alimentando la leyenda del manacorí.
El 11 de junio de 2012, un inolvidable lunes lluvioso, el renqueante Rafael Nadal se imponía a Novak Djokovic en la pista central de Roland Garros para conquistar su séptimo entorchado galo y añadir otro récord a su mochila: se convirtió en el tenista más exitoso en la pista Phillipe Chatrier, destronando al legendario Bjorn Borg. Fiel a su privilegiado intelecto, el mejor deportista español de todos los tiempos se alejó del razonable embelesamiento hedonista -a fin de cuentas se había ganado a pulso acomodarse en la cima del tenis- y reconoció, con la frialdad con la que huele la sangre del rival cuando empuña su raqueta, que las molestias físicas que arrastraba podrían complicarle la existencia, como finalmente ocurrió. "Trataré de llegar en buena forma a Wimbledon, y si no, miraré el resto de la temporada por la televisión", declaró días más tarde de inscribir su nombre en los anuarios del deporte mundial.
La lesión crónica en el tendón rotuliano de la rodilla izquierda no encuentra el tiempo necesario para diluirse y Rafa acudió a Wimbledon sin red de seguridad física para afrontar el terreno más erosivo para este tipo de dolencias: la estilizada hierba británica. Perdió con claridad ante Lukas Rosol, un jugador belga de entidad imperceptible si se compara la técnica de ambos. Pero si salir por la puerta de atrás de, quizá, el torneo más prestigioso del calendario tenístico no resultara suficiente escarnio, la tendinitis había regresado para reclamar un rol protagonista en ese intervalo de la exhuberante carrera del manacorí. Los Juegos Olímpicos de Londres se escapaban. Se impuso entonces un salto a lo desconocido: descanso y recuperación durante 233 días. Siete meses de calma para un jugador acostumbrado a llegar hasta el final de cada torneo que disputa, sin apenas descanso entre viaje y viaje, resultaba un trago amargo en el que las especulaciones comenzaron a preguntarse el estado físico de Rafa en su regreso o la posibilidad de un descenso en el nivel competitivo. Incluso se barajó la posibilidad de retirada, a lo que el español respondió con la vehemencia del ofendido -"esta lesión no ha retirado a ningún tenista"-.
Durante el proceso de reconstrucción de la propia confianza y seguridad, el Premio Príncipe de Asturias de 2008 difundía un mensaje prudente: "Será complicado volver a competir con los mejores". Sin embargo, preparaba la vuelta a las canchas con una nueva dimensión adquirida. La amalgama de trucos técnicos de Nadal se vio aliñada por lo inesperado: en pista rápida, Rafa nunca volvió a adoptar roles defensivos. La agresividad para acortar la duración de los puntos se convirtió en el arma secreta protagonista del reforzado tenista balear. En conexión con su tío y con el equipo médico, se decidió adoptar esta postura ante el juego para reducir el tiempo de exposición y esfuerzo de las rodillas recién curadas. A mayor agresividad, con subidas a la red y juego de volea continuado, mayor rapidez, pero también más imprecisión. O eso dice la teoría. El talento natural contendría cada golpe desde un plano poco acostumbrado para colocar la pelota en el lugar diseñado en la gris labor del entrenamiento mudo, en plena recuperación y en medio de los rumores externos de retirada. Asimismo, el servicio quedó pulido para pasar de ocupar un lugar accesorio a ser un arma ejecutora en los momentos clave.
Reapareció el cinco de febrero de 2013 en Viña del Mar. El torneo chileno no cayó en el guión de Nadal por un capricho del azar. El terreno arcilloso era el más benevolente con sus articulaciones y necesitaba confirmar las sensaciones positivas en la atmósfera adecuada. Sin embargo, la mentalidad más envidiada de la ATP -capaz de olvidar un mal golpe al instante para remontar un set, un partido o un campeonato- dejó claro el mantra a seguir en el camino hacia la reconquista del ritmo y prestigio aplazada tras el parón: "Hay que tratar poquito a poquito, con la humildad de que las cosas no van a salir igual de bien que cuando me fui, hay que ser un poquito pacientes porque veo muy complicado volver a competir como antes". Desde aquel primer contacto con la competición, Rafa aplicó un regreso a la élite histórico, aplicando sus nuevas herramientas al bagaje inherente a su figura. Se adjudicó los entorchados de Acapulco, Brasil e Indian Wells, paró en Miami, cayó en la final de Montecarlo ante "Nole" y recuperó la senda del triunfo en Madrid y Roma para devolverle la moneda al serbio en la cima de París, regalando uno de los mejores partidos de tenis que jamás haya vivido este deporte y sumando su octavo Roland Garros. Tras romper todos los pronósticos en su regreso a la tierra, Rafa decidió frenar, de nuevo, en Wimbledon. Cayó en primera ronda, en el día grande de Steve Darcis. Había que salir de manera elegante de la hierba para alejar fantasmas del pasado.
"Es cierto que estoy tratando de golpear la pelota un poco antes, que he trabajado en mi juego para ser un poco más agresivo y he entrenado durante dos horas diarias casi todo el tiempo el saque", confesaba tras encadenar los triunfos en el terreno rápido de Montreal y Cincinatti, y su segundo US Open -arrollando a Djokovic en la final- con esta modalidad todo terreno que dejó sin argumentos a sus detractores recalcitrantes que limitaban la excelencia de Rafa a la arcilla. Y, por fin, recuperó la primacía en la ATP tras la lesión de Berdych en la semifinal del Pekín, el pasado cinco de octubre, con la tribuna del torneo asiático coreando un particular "¡Vamos Rafa, vamos¡".
Ahora, en el torneo de Londres y con el número uno del tenis internacional añadido a su nombre en 2013, Rafa hace balance: "He sentido emociones muy especiales en muchos momentos esta temporada. Número uno al final del año ya lo he sido en el pasado y me siento muy feliz de haberlo conseguido, porque era una tensión adicional, pero la historia de este año es que fui capaz de volver, ganar y ser competitivo en un corto periodo de tiempo". "No sé si esta es la mejor temporada de mi carrera a nivel de resultados, pero a nivel de dificultad no tengo ninguna duda", declaró. Preguntado por la enseñanza que ha extraído de esta incómoda experiencia, el legendario español subrayaba que "he aprendido a disfrutar del sufrimiento" tras doblegar a Djokovic en el pasado Roland Garros, con su tío y entrenador, Toni Nadal, roto de emoción en la grada. El precio de la resurrección no ha resultado bajo.
Minutos después de salir de la pista londinense tras sentenciar a Wawrinka y con la teórica adrenalina provocada por la borrachera de euforía por la reconquista del cetro a cuestas, Nadal subrayaba en sala de prensa que "después de todos los años que llevo de carrera y todas las cosas que he podido vivir, no creo que lo maneje (el resto del torneo) con un exceso de euforia ni de relajación, porque es solo un objetivo cumplido, estoy muy feliz, pero eso no quita que estoy jugando un Masters". La vida sigue, pase lo que pase, y Rafa está preparado para luchar, como siempre, desde la pragmática humildad que envuelve su estela. Acaba de firmar uno de los regresos míticos en la historia de cualquier actividad deportiva y está concentrado en ganar a Berdych y disputar las semifinales de la Copa de Maestros y ganar el único torneo de élite que le falta. No hay nada más allá del próximo partido, como siempre. Ya habrá tiempo para sentarse y contemplar una carrera histórica cuando se haya acabado el tenis profesional para esta estrella.