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Más madera

jueves 08 de mayo de 2008, 19:39h
Sigue abierto el festival de desacreditación de los jueces. Los expertos tiradores políticos y mediáticos han tomado de nuevo entre sus manos las escopetas de feria y se dedican a tirar contra los jueces. En el pim, pam, pum, no se encuentran mejores presas que los jueces a los que se responsabiliza de todos los males de la justicia. Saben perfectamente, los agitadísimos escopeteros, que no pueden defenderse. En efecto, los destinatarios de sus balas de fogueo no pueden -bueno, salvo alguno que siempre ha tenido bula- hablar salvo a través de sus sentencias y autos y abusan. Es un debate desigual. El desequilibrio es evidente pues uno pega y el otro pone a disposición ambas mejillas y ambos tobillos.

El tiro al juez se ha consolidado como deporte nacional con pretensión de alcanzar el reconocimiento olímpico. Los jueces son los culpables de las muertes por violencia de género, de las inejecuciones de las condenas, de las concesiones de terceros grados y de libertades condicionales de personas que se sabe perfectamente que van a volver a delinquir, de las sentencias absolutorias y de las condenas a penas leves o levísimas, en fin, de todo lo que ocurre en los Juzgados y Tribunales.

Nadie pone en tela de juicio la deficiente obra del legislador con sus leyes a la carrera llenas de incoherencias y hasta contradicciones. Nadie habla de la multiplicidad de sistemas informáticos incomunicados entre sí. No se oye comentar que los presupuestos del Ministerio de Justicia siguen causando sonrojo y que continúan dando pena los edificios judiciales, las instalaciones y los archivos judiciales. No se escucha clamar contra la forma mísera con la que el poder público trata a la Justicia. Es cierto que no todos los males pueden imputarse a la falta de medios, pero no es menos cierto que el personal de la Administración de Justicia es mayoritariamente interino y que desconoce las mínimas reglas del primero de primaria judicial (por cierto, las bolsas de interinos son, en la práctica, controladas cien por cien por los sindicatos). No es tampoco menos cierto que el Juez es solamente eso, Juez, es decir una persona que resuelve sobre las pretensiones que le sometan las partes, pero no es el jefe de la Oficina judicial; no tiene mando sobre sus oficiales, sobre el personal de la misma; no depende del Juez, ni puede motivarlo, ni puede cesarlo, ni puede reconvenirlo. Está atado a su silla con su toga puesta.

Sin embargo, es fácil señalarle con el dedo acusador. Todo son palabras vanas sobre la posición medular en el Estado de Derecho del Poder Judicial independiente. Pero nadie parece creérselo del todo. Quizás hace falta que las cosas se pongan todavía un poquito peor.

Enrique Arnaldo

Catedrático y Abogado

ENRIQUE ARNALDO es Catedrático de Derecho Constitucional y Abogado. Ha sido Vocal del Consejo General del Poder Judicial

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