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El motor de la acción política

David Ortega Gutiérrez
martes 10 de diciembre de 2013, 19:38h
La encuesta del CIS del mes de noviembre no ha arrojado ningún resultado diferente a las tendencias de los últimos meses, incluso podríamos decir, de los últimos dos años. El paro sigue siendo el principal problema para los españoles, seguido de la corrupción y la baja consideración de la clase política. Si tuviéramos que hacer un diagnóstico del ambiente político en nuestro país, creo que no nos equivocaríamos al afirmar que es de una profunda desilusión y desafección respecto de nuestra vida pública o, más concretamente, política. Por lo demás, el último Informe del índice de percepción de la corrupción en el mundo durante el año 2013 de Transparencia Internacional arroja unos malos resultados para España, hemos retrocedido diez puestos, en el año 2012 estábamos en el puesto 30 y ahora nos situamos en el 40 de 176 países. Dinamarca y Nueva Zelanda se mantienen en cabeza. Vamos pues por el camino equivocado y tenemos que trabajar duro en esta materia. El estudio se centra en la corrupción en el sector público.

Reconozcámoslo, es un primer buen paso, España tiene un problema de consolidación o vivencia democrática importante. Tenemos que ser conscientes de algunos principios básicos del régimen democrático. Primero. La vida política es una responsabilidad de todos. Es cierto que hay unos principales actores políticos, pero éstos no dejan de surgir de la propia sociedad. Los políticos españoles no vienen de Suecia o de Dinamarca, vienen de España, son el fruto o resultado de nuestra sociedad, nos guste o no admitirlo. Segundo. Hay que reflexionar sobre nuestro sistema de selección de líderes. Algo está fallando de manera importante en nuestros partidos políticos, aquí está una de las claves. Es fundamental elegir dentro de los partidos políticos a las personas más preparadas en un sentido amplio del término. En los puestos importantes de una Nación tiene que haber personas honestas y profesionalmente competentes, de lo contrario, a esa Nación no le irá bien y tendrá serios problemas de funcionamiento institucional. Tercero. No se puede perder el sentido institucional de la política. Las instituciones son esenciales para el buen funcionamiento de la democracia y el fin de éstas siempre debe ser el interés general, el bien común superior a los intereses particulares o sectoriales. Cuarto. La democracia es diálogo, convivencia en la diferencia, consensos dentro de la pluralidad. El motor de la democracia es el acuerdo, el pacto político para la consecución de unos objetivos concretos, siempre orientados al interés general, no a la satisfacción de un número escaso o amplio de intereses particulares u oligárquicos. Quinto y último. En democracia los principios básicos no se discuten y se tienen que respetar por todos los actores políticos. En caso contrario, los votantes tienen que exigirles ese respeto y penalizar su ausencia en las elecciones correspondientes. La corrupción hay que castigarla, no puede salir gratis, hay que respetar los principios esenciales de la democracia, a saber, el Estado de Derecho, la independencia de los jueces, el principio de legalidad, el respeto de los derechos fundamentales y libertades públicas y la consecución de una sociedad más libre y justa.

Vivimos tiempos complejos, donde es necesario tener las ideas claras en política. Es preciso un lenguaje claro, cumplir la palabra dada para ser creíbles, decir a la gente la verdad, tener vocación de servicio. El motor de la política es una rara combinación de razón y pasión en equilibrio, inteligencia y generosidad, saber priorizar los grandes objetivos y, sobre todo, decirle a la gente la realidad de las cosas y actuar en consecuencia.

David Ortega Gutiérrez

Catedrático de Derecho de la URJC

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