Educación y vandalismo en la casa de Dios
martes 17 de diciembre de 2013, 21:18h
El respeto a los lugares de culto religioso es uno de los derechos más importantes del ser humano, pues afecta a lo más íntimo, a lo más profundo de sus creencias y valores. La Constitución española en su artículo 16, dentro de la parte más protegida y garantista de los derechos fundamentales y libertades públicas, regula la libertad religiosa y de culto, tanto en su vertiente externa -apartado primero- como en su vivencia interna -apartado segundo. Lógicamente, la libertad religiosa afecta a todas las religiones por igual, unas no pueden estar más protegidas y otras menos.
Es curioso que en España se esté produciendo un efecto de menor protección de la religión mayoritaria: la católica, respecto de otras religiones minoritarias en nuestra Nación. Si determinadas expresiones supuestamente culturales o artísticas atentan contra la religión católica hay que tolerarlo, pero si lo hacen respecto de otros cultos religiosos no, es un ataque intolerable que no se puede permitir. Pues algo similar sucede con lo que contaré a continuación, que al darse en una parroquia de una iglesia no será ni noticia ni tendrá trascendencia, cosa que posiblemente sí sucedería de ocurrir en una mezquita o en una sinagoga, por citar unos ejemplos. La casa de Dios lo es para el Dios de los judíos, de los musulmanes o de los cristianos, en buena lógica.
En los últimos cuatro o cinco años la Parroquia de Reina del Cielo de Madrid viene sufriendo periódicos ataques a sus instalaciones, incluso dentro de la propia iglesia. Todos ellos suman ya más de una decena de denuncias en las dependencias policiales. Los ataques son de lo más variado: se queman libros de canto en el atrio, se amenaza a los sacerdotes con pintadas, incluso a veces verbalmente, se roban crucifijos, otras veces se rompen, se roban cirios, se sube al techo de la parroquia y se rompe la tela asfáltica, claraboyas, tubos del riego por aspersión, se rompen las farolas, se trata de forzar las puertas, incluso se ha llegado a vaciar un extintor dentro de la propia iglesia, por no entrar en algunos otros detalles más escatológicos respecto de las cerraduras de las puertas.
En la vida siempre es bueno conocer la realidad de lo que sucede, por desagradable que resulte. Es responsabilidad de todos evitar que estas cosas ocurran y los sacerdotes que viven en la Parroquia no tienen por qué soportar estos continuos ataques. La violencia es siempre condenable en todas sus manifestaciones. Algo falla, algo estamos haciendo bastante mal cuando ni lo sagrado se respeta. Se pueden o no compartir determinadas creencias, pero el respeto y la libertad son la clave de la convivencia humana y esto, nos afecta a todos. Muchos de los problemas de fondo de nuestra sociedad se alimentan en el seno de las familias. Es verdad que la labor educativa se da en las escuelas, en los medios de comunicación, en la cultura y el ocio, pero los padres siguen teniendo un papel esencial en la formación de sus hijos, al que ni pueden, ni deben renunciar.
Tener un hijo no es lo mismo que tener un coche, requiere de algo más de tiempo, de dedicación, de ejemplaridad, de dialogo y aprendizaje, de acompañamiento. De nuestros hijos podemos contribuir a sacar lo mejor o lo peor de ellos mismos, y parece que los jóvenes que atacan la Parroquia Reina del Cielo no tienen la mejor de las atenciones de sus padres, probablemente son víctimas más que culpables. La vida en mucho es imitación de lo que se ve y de lo que te transmiten. Salvo casos patológicos, que algunos hay, todo el mundo suele coger y aprovechar el cariño y el ejemplo de unos buenos padres. Decía Platón que no existen hombres malos, si no ignorantes; es verdad que un mayor conocimiento y compromiso hacen sin duda una mejor sociedad, y no olvidemos que la fuerza de los ejemplos y modelos a imitar es clave. Somos seres imitativos en un alto porcentaje, aprendemos unos de otros, nos influimos y retroalimentamos, tanto en lo mejor como en lo peor. La libertad humana, no lo olvidemos, radica en nuestra capacidad para elegir y para aprender de lo que nos rodea.
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Catedrático de Derecho de la URJC
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