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Aniversario de Mao, pulso en China

viernes 27 de diciembre de 2013, 10:39h
Ayer se conmemoró el 120 aniversario del nacimiento de Mao Zedong en el contexto de una larvada confrontación entre las actuales autoridades chinas. El sanguinario y totalitario legado de Mao se muestra hoy, desde una perspectiva exterior, como una pesada losa que lastra cualquiera de las reformas que desee sacar adelante el gobierno de Pekín. Con toda probabilidad a este hecho se debe que el presidente de la República Popular China, Xi Jinping, indicase hace sólo un mes que las celebraciones deberían desarrollarse en un marco discreto, no sobrepasando la línea de lo “solemne, simple y pragmático.” Del mismo modo, sólo una pequeña parte de los miembros del Partido Comunista Chino (PCCh) estarían presentes en los festejos de la jornada.

Las pretensiones de Xi Jinping se han visto desbordadas por múltiples factores. Uno de ellos, decididamente banal, es el que ha convertido al líder de la Revolución cultural en un objetivo turístico para miles de viajeros. Al igual que el Che Guevera u otros líderes con las manos ensangrentadas, su imagen rediseñada por una estética pop se convirtió hace mucho en un objeto de consumo masivo en Occidente, con ese carácter descerebrado de quienes idolatran cualquier efigie que haya accedido a la fama, desconociendo las auténticas y espantosas circunstancias históricas y biográficas que se esconden tras el afiche. Pero también hay otros motivos políticos de fondo para que miembros del PCCh hayan desoído las directrices del actual presidente. Xi Jinping ha acometido reformas de gran calibre con el fin de continuar aproximando el comercio chino a la economía de mercado. Los sectores más izquierdistas, alejados del núcleo duro del poder, ven con aprensión estas trasformaciones y el 120 aniversario de Mao les ofrece una oportunidad indirecta de acusar de heterodoxia a los actuales dirigentes. La celebración se ha convertido así en un pulso soterrado. Los sectores disconformes alegan que “las celebraciones deben ser grandiosas o el pueblo no se sentirá satisfecho.”

Más allá de la esquinada fórmula para dirimir sus diferencias, no parece realmente viable a largo plazo el desarrollo político y cultural de esa gran potencia que es China, si no se pierde el miedo a una auténtica catarsis que reconozca el carácter intrínsecamente criminal del maoísmo, para superar desde el análisis crítico un pasado brutal que no deja de condicionar negativamente tanto el presente y como el futuro. Algo extensible a buena parte de la izquierda radical en medios internacionales. No sólo a los que han venido a justificar movimientos maoístas tan homicidas como Sendero Luminoso o las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), sino también a esa corriente ideológica de izquierdas que no tiene el valor de hacer pedagogía frente a uno de los grandes criminales de la historia de la humanidad, Mao Zegong, cuya figura y memoria merece todo menos festejos.

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