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Crónica de Serbia I

Ricardo Ruiz de la Serna
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ricardo_ruiz_delasernayahooes /22/22/28
viernes 09 de mayo de 2008, 21:35h
Hay un chiste que circula por las calles del Belgrado: ¿en qué se parecen los móviles Nokia y Serbia? En que cada año sacan un modelo más pequeño que el anterior. A lo largo de la década de los 90, la destrucción de Yugoslavia sumió a los Balcanes en la inestabilidad y el conflicto prolongados. La Republica de Serbia se enfrenta el próximo domingo a un proceso electoral que puede ser decisivo para la estabilidad de los Balcanes y, por ende, de todo el continente. Ahora bien, toda actualidad tiene unos antecedentes. Hagamos memoria.

Los serbios han tenido casi veinte años de profundos traumas. La mayoría de ellos los ha conocido la vieja Yugoslavia, respetada y aun admirada internacionalmente. La yugonostalgia aflora a veces entre los mayores y se manifiesta en el repertorio simbólico cuando uno menos lo espera: puede despertarla una canción o una foto, pero no tanto una formación política sea cual sea su orientación. El yugonostalgia es un sentimiento, no una ideología.

He aquí los tres partidos que protagonizan las elecciones. El Partido Democrático (PD) de Boris Tadic; el Partido Democrático de Serbia (PDS) de Vojislav Kostunica; y el Partido Radical de Serbia (PRS) de Tomislav Nikolic, presidido por Vojislav Seselj, a quien están juzgando en estos momentos en La Haya sin que pueda garantizarse su condena. Las encuestas arrojan un empate técnico entre los europeístas y los nacionalistas. Las etiquetas no funcionan al analizar las posturas de estos partidos y conviene no simplificar. Las dos cuestiones candentes son Kosovo-Metohija y la relación con la UE. Es un error simplificar diciendo que el PD es pro europeo como si los demás no lo fueran. Del mismo modo, es una imprecisión afirmar que hay leales a Milosevic. La sociedad serbia es más compleja. Hagamos algo de memoria. Milosevic no cayó sólo porque la OTAN bombardease Serbia, sino también -y, quizás, sobre todo- porque los serbios articularon una oposición activa e incansable que lo derrocó. Es más: Milosevic ya estaba muy debilitado cuando los bombardeos comenzaron. Sigamos recordando: los serbios, que votarán dentro de pocos días, se han sentido siempre defensores de Europa y sus valores frente al nazismo y frente al estalinismo. Muchos se sintieron traicionados por los bombardeos de la OTAN y por el apoyo exterior a las independencias de Montenegro y Kosovo. Por fin, la actividad del Tribunal Penal para enjuiciar los crímenes en la ex - Yugoslavia se ha percibido, en ocasiones, como una persecución de los acusados serbios con olvido de los crímenes cometidos por croatas y por musulmanes. Todos cometieron crímenes, piensan, pero sólo se persigue y juzga a los serbios. En veinte años, el país ha perdido peso internacional, ha perdido territorio y se ha sentido aislado y traicionado por quienes creía sus iguales en Occidente. Todo esto ha ocurrido con violencia y sus secuelas son perfectamente visibles. No hay, pues, que simplificar la realidad de un país tan complejo.

Por otra parte, el escenario es más complejo que el de una pugna entre dos candidatos. Kostunicá, a quien se percibe como más firme que Tadic en el asunto de Kosovo Metohija, puede formar gobierno con Nikolic, y así dar un giro a la política de acercamiento a la UE del actual Gobierno. Kostunica ya ha anunciado que anulará el Acuerdo de Estabilización y Asociación suscrito entre la UE y Serbia la semana pasada.
Así, los que se enfrentan en las elecciones del domingo no son tanto el nacionalismo contra el europeismo. En realidad, están en pugna más bien dos modos distintos de estar en Europa y dos formas diversas de entender el patriotismo, que es un concepto importante para entender el panorama serbio (he escuchado docenas de veces este término en mi reciente visita a Serbia). En efecto, los tres candidatos se consideran patriotas y los tres entienden que Serbia tiene un lugar en Europa, lo que no significa -entiéndase bien- que debe estar presente en las instituciones de la Europa comunitaria, es decir, de la UE que ha facilitado la declaración unilateral de la independencia de la provincia de Kosovo-Metohija. Rusia siempre será un referente y ha sido el único apoyo de Serbia a lo largo de los años, en especial desde la llegada al poder de Vladimir Putin (recuerden la incorporación de un tramo por Serbia del gasoducto South Stream). No obstante, las recientes declaraciones de Sergei Lavrov han mostrado bien a las claras que Rusia no se opone al acercamiento a la UE. Véase, pues, la profundidad del debate en la sociedad serbia: se trata de cómo quiere estar el país en Europa y no tanto de que esté, que es un hecho histórico y geográfico antes que político. Todos quieren la incorporación a la UE; la cuestión es el precio. ¿Qué modelo ganará? Se admiten apuestas.

Ricardo Ruiz de la Serna

Analista político

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