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La 'naturaleza' de ETA y la del Gobierno

Javier Cámara
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javiercamaraelimparciales/12/12/24
jueves 09 de enero de 2014, 20:18h
Eso de que el Gobierno negocie con ETA nadie sabe exactamente qué es como la fábula del escorpión y la rana, aquella en la que pactan que una ayude a cruzar el río al otro bajo la promesa de que no le hará ningún daño. Recordarán que a mitad de travesía el escorpión pica a la rana. Antes de morir, el anfibio pregunta incrédulo cómo ha podido hacer algo así, a lo que el arácnido responde con el conocido “es mi naturaleza”.

Siempre es de celebrar que la Guardia Civil o la Policía desarticule un entramado operativo de la banda mafiosa de ultraizquierda ETA. La detención de ocho personas que servían (siempre supuestamente, que luego pasa lo que pasa) de correa de transmisión entre los presos etarras y sus dirigentes, principalmente para mantenerlos bajo la disciplina de la organización terrorista, es para celebrarlo.

Buen provecho se puede sacar por tanto de esta operación, además de tener dónde siempre han debido estar estos detenidos, si al saberse su cometido y conocerse sus objetivos, concluimos que ETA ha querido, quiere y pretender estar siempre ahí. Por bien empleado se puede dar el sufrimiento, escarnio y humillación de los últimos días, con esas demostraciones vulgares de poder en mataderos oscuros y tétricos, si lo conocido en la documentación incautada sirve para que alguno se dé cuenta de la ‘naturaleza’ de su interlocutor.

Saber que las órdenes, siempre bajo amenaza, eran que ningún preso etarra puede arrepentirse de sus asesinatos, que no puede pedir perdón por sus atrocidades y que no puede desvincularse de la banda mafiosa, debe servir para abrir los ojos a los que pactan con asesinos, o consienten y continúan con lo empezado por otros gobiernos, sobre la ‘naturaleza’ de sus interlocutores.

Lo malo es que siempre habrá aspirantes al Nobel de la Paz que quieran apuntarse el tanto de “yo acabé con el terrorismo en España, yo hice que ETA desapareciera, yo di tranquilidad a los españoles”. La diferencia entre lo premiable y lo moralmente aceptable está en cómo se consiga este fin. Mi fe en el hombre decae y mengua alcanzando cotas mínimas cuando de viles ambiciones y enriquecimientos se trata.

Y digo yo: ¿De verdad será una operación para encarcelar a supuestos cómplices de ETA o es una nueva pantomima para engañar a la respetable ciudadanía haciéndola creer que se sigue apostando por acabar definitivamente con el terrorismo por la vía policial y judicial y no con pactos secretos humillantes para los que más han perdido? ¿Valoramos convenientemente el “chivatazo” cometido al anunciar el Ministerio del Interior antes de tiempo la operación o damos el fallo por disculpado? ¿Tenemos igual de clara la ‘naturaleza’ del Gobierno?

Uno, en su ingenuidad, quiere pensar bisoño que no hay negociación secreta con ETA, que la ley es la única respuesta a los asesinos, que el Gobierno no quiere humillar a las víctimas y que la paz volverá más pronto que tarde gracias a la Policía y la Justicia y no por una bajada de pantalones histórica. La triste realidad es que alguien se empeña, y lo hace muy bien, en que todas las pistas apunten a que así está siendo.

Mientras, se verá lo que se saca en claro de esta operación toda vez que cuando los agentes llegaron al despacho registrado no encontraron información relevante. Ese aviso, que todo el mundo quiere que no sea una reedición del chivatazo del Faisán, ha podido ser decisivo. El tiempo y las pruebas lo dirán, pero frustra que se haya podido volver a tropezar con la misma piedra.

Al respecto de la moraleja de la fábula anteriormente citada del escorpión es clara y fácilmente entendible al socaire de lo que ha sucedido y sucede desde hace 40 años en España con ETA: más tontos seremos todos si queremos engañarnos pensando que los asesinos dejarán de ser asesinos. Está en su ‘naturaleza’.

Javier Cámara

Periodista

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