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Venezuela hacia una explosión social

viernes 14 de febrero de 2014, 00:14h
Los tres muertos junto a las decenas de heridos por bala con que se han saldado, por el momento, las últimas protestas masivas en Venezuela, constituyen un salto cualitativo en la confrontación interior exactamente en el momento que el presidente Nicolás Maduro ha asumido aun más poderes extraordinarios en una línea cada vez más nítidamente dictatorial. Que Venezuela estaba rota y peligrosamente enfrentada, era un hecho inequívocamente constatado en las últimas convocatorias electorales con un riesgo de fractura violenta que el líder opositor Capriles señaló honestamente ya hace meses, advirtiendo de un peligro que podía degenerar en una brecha social que se escapase de las manos a toda la clase política, ya esté en el poder o en la oposición.

Nicolas Maduro reaccionó ante esta amenaza con una falsa aproximación televisiva a los cargos electos de las organizaciones opositoras que habían perdido los últimos comicios. Una iniciativa que sólo fue un gesto hacia la galería y una maniobra dirigida a dividir a los líderes de la oposición, objetivo que en cierta medida ha conseguido. Pero el peligro no provenía de los políticos que disienten de las medidas gubernamentales –y que han condenado sin paliativos la violencia-, quienes pese a todos los abusos del poder se atienen a las más escrupulosas reglas democráticas. La amenaza para el país caribeño radica en la amordazada y golpeada económicamente población venezolana que puede llegar a reaccionar sin control en un acto de desesperación espontáneo. En un país que posee las mayores reservas petrolíferas del mundo, minerales y una gran riqueza agrícola, y que al mismo tiempo sufre la mayor inflación del planeta, cercana ya a un 60% anual, y donde las intimidaciones matoniles se hacen cada día más agresivas en tanto que la importación de productos básicos que Venezuela no produce se ralentizan hasta producir clamorosas carencias, la probabilidad de una explosión social espontánea crece por momentos.

En esta dirección se orientan los acontecimientos más recientes. Las pacíficas protestas de estudiantes universitarios en los últimos días, fueron hostigadas a por cuadrillas de civiles chavistas provistas con las armas de fuego que el régimen les proporcionó y con el visto bueno de las autoridades. Las cívicas quejas han sido sangrientamente reprimidas. En esa torpe maniobra del chavismo se han producido los asesinatos y cientos de heridos que han conmocionado a la nación. El gobierno ha cerrado preventivamente las emisiones televisivas que informaban en directo de los acontecimientos, añadiendo un agravio más a los ya tiroteados y apaleados ciudadanos que querían expresar sus legítimas quejas. Como siempre sucede en mentalidades autoritarias, la administración ha querido achacar los sucesos a un complot exterior. Lamentable error. Además de las despóticas directrices del actual gobierno, Venezuela sufre otro problema tan grave, o aun peor: el cerrilismo y la incompetencia rayana en la más pura zafiedad de los dueños del poder.

Incapaces de afrontar con racionalidad los gravosísimos problemas que ellos mismo han causado, sólo falta que den rienda suelta a esas cuadrillas de matones entre los que hace tiempo vienen repartiendo armas ligeras para coaccionar a la población, para que la división existente derive hacia un gravísimo enfrentamiento. Más arrogante y más torpe actitud no cabría esperar de los actuales dirigentes, aunque el gobierno ahora instalado en Caracas siempre puede sorprender a todos con medidas aun más imprevisiblemente delirantes.
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