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Televisión: pagar o no pagar

Alberto Pérez Castellanos
sábado 22 de febrero de 2014, 18:35h
Los amantes del fútbol ya hace años que saben que para seguir sus competiciones favoritas no pueden conformarse con las televisiones de pago. Todavía se pueden ver partidos en abierto y algunas competiciones siguen protegidas por ese concepto tan ecléctico como es el “interés general” del que tanto se habló con Cascos como ministro.

Desde entonces, más y más encuentros han desaparecido de la parrilla clásica para convertirse en uno de los principales reclamos de las plataformas de cable, satélite y pago por visión. El deporte rey, el cine más actual y las series conforman una apetitosa oferta que se reparten tres grandes operadores y un puñado de otros más pequeños. Como ya hemos visto en otros sectores como el automovilístico o el bancario, las fusiones se postulan como la solución ante los problemas que atraviesan los promotores audiovisuales en España.

En este escenario, ser el rival más fuerte es fundamental para convertirse en el pez grande y pagar menos por comerse el pequeño. Este rol lo quiere Movistar TV ante los continuos intentos de Prisa por colocar Canal +. Con ONO debilitado (Vodafone está tras sus pasos) parece claro que la telefónica española es la única empresa que puede fagocitar la compañía de televisión de pago más veterana en nuestro país.

Esta posición dominante se afianza gracias a varias estrategias. La primera es incluir el paquete audiovisual dentro de una oferta completada con telefonía fija y móvil, e internet. Movistar fue la primera en agrupar todo en un mismo contrato y a muchos de sus clientes (los que tenían fibra óptica) les “regaló” la televisión. Con el reclamo hecho es hora de desarrollar la segunda estrategia: hacer todo más apetecible para que los que están captados quieran más contenidos y atraer a los que están con otro operador, ya sea de imagen, móvil o internet… todo vale.

Así llega el momento en el que en Movistar se hace con los derechos de Moto Gp y Fórmula 1, en exclusiva a partir de 2015 y 2016 respectivamente. Con esta jugada mata dos pájaros de un tiro: abaratar el coste de la competencia y poner más carnaza en el anzuelo del usuario. Monopolizar los dos deportes más seguidos en España, sólo por detrás del fútbol, puede ser deficitario por el coste que supone, pero también rentable si tenemos en cuenta que aquellos que se abonen a la televisión por estos dos motivos también lo hacen en otros servicios y que debilita a aquella empresa que se quiere comprar.

Pero, como siempre, en medio de esta vorágine macroeconómica está el usuario. Los más jóvenes no lo recordarán pero “telefónica” no había más que una, y con este movimiento yo sólo pienso que quieren recuperar gran parte de ese terreno perdido. Alcanzar el monopolio es imposible pero Movistar ha lanzado un órdago a competencia y clientes (actuales y posibles), pero entre estos últimos no todos podrán responder a la jugada. Los seguidores de ambos deportes están cerca de perder la posibilidad de disfrutar de ellos de forma gratuita y no todos están en disposición de pagar, tener la infraestructura que les permita contratar estos servicios, o simplemente porque optan por otra compañía. Estas guerras siempre dejan a los usuarios como damnificados, y es que muchos de ellos se acordarán ahora cuando critican la publicidad que interrumpe las carreras porque dentro de unos meses no podrán ni decidir entre pagar o no pagar.
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