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Vía libre a los inmigrantes

Joaquín Vila
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directorelimparciales/8/8/20
domingo 02 de marzo de 2014, 15:02h
Hay una fórmula para evitar los altercados en la valla de Melilla. Muy sencilla. Se desmonta la alambrada, la Guardia Civil les da una bienvenida afectuosa y festiva a los inmigrantes con música y baile, les regala una mochila con comida, tabaco, alguna botellita de buen vino y unos billetes de tren rumbo a París, a Berlín, a Roma, a Estrasburgo… Y se acabaron los enfrentamientos.

En realidad, es un drama. Los pobres inmigrantes llegan después de recorrer a pie miles de kilómetros, caminando, a veces descalzos, sin comida, sin bebida, casi sin ropa, desde el centro y el norte de África. Buscan salir de la miseria, trabajar, comer. Vivir.

Y el mundo, en este caso, Europa en particular, tiene que ocuparse de esta tragedia. Son seres humanos desesperados, que arriesgan su vida para alcanzar lo que consideran el paraíso. Y nadie con sensibilidad y defensor de los derechos humanos puede atacarlos, ni agredirlos, ni humillarlos. Son seres humanos desesperados.

No se puede consentir que el vástago de Jordi Pujol se compre un ferrari, un porche y media docena más de coches de lujo trincando el dinero de los contribuyentes españoles. Y no se puede consentir que nadie pague un duro por darles un plato de sopa a los pobres inmigrantes que han cruzado el estrecho en pateras jugándose la vida. El mundo es cruel. Pero algunos, más: muchos políticos, sobre todo los Pujol, Bárcenas y un infinito etcétera.

Este sábado se ha sabido que la Guardia Civil no utilizó pelotas de goma, pese a la retahíla del PSOE y de algunos medios con pretensiones perspicaces y redactores ridículos. La Benemérita intentó evitar, con pocos medios y pocos efectivos, que los inmigrantes entraran ilegalmente en Europa, pues España es la frontera entre África y el Continente. Y esa es su misión. En las últimas dos semanas ya se han colado más de trescientos.

Hay mucho retroprogre que le gustaría que los inmigrantes entraran libremente y en tropel. Que invadieran España. Pero resulta que nuestra nación es la puerta de Europa. Y el paro, estratosférico. No hay trabajo para nadie.

Quizás así, con la complacencia de las autoridades españolas y sus mochilas bien pertrechadas, los inmigrantes se vayan a esos países europeos que critican a España, que lo tildan de represivo y violento, pero no toman ni una medida para evitarlo. También podrían ciertos diarios españoles acogerlos en sus Redacciones, que les daría mucha vitola y santificaría a sus directores.


Que los acojan ellos, tan liberales y humanos, les den trabajo y cobijo, que les mimen y les alberguen cómodamente. O que se dejen de patrañas y entiendan que España no puede ser el gulag de los inmigrantes africanos. Los albergues de acogida están atestados al acoger el triple de su capacidad. Y no tienen a dónde ir.

Estrasburgo es muy progre. Anula la doctrina Parot, para que los sanguinarios etarras, asesinos de casi un millar de españoles, campen a sus anchas, pero son incapaces de tomar las medidas necesarias para que España; esto es, Europa, controle y trate con solidaridad a unos pobres muertos de hambre que solo quieren trabajar y vivir.

Pues que los reciban y den trabajo en Bruselas, París, Berlín, Luxemburgo, Roma…y que los mimen y les den de comer. Y, si no, que se callen y defiendan los derechos humanos de estos nuevos parias de la Tierra. Porque se trata de lo más inhumano de estos tiempos. Y nadie mueve un dedo. Solo les interesa el déficit y la prima de riesgo.

El mundo está en riesgo. La guerra fría ya apunta con sus afilados, mortíferos y atómicos misiles entre Estados Unidos y Rusia, que Putin está empeñado en convertir en un nuevo imperio, en una nueva URSS. Nunca ha habido tanta diferencia entre el primero y el tercer mundo. Unos se mueren de hambre y otros se compran ferraris y ocultan sus robos en Suiza.

Los inmigrantes africanos se dejan la vida y la sangre en las alambradas. Y los islamistas radicales, a la espera de la hecatombe. Es cuestión de tiempo. De poco tiempo. Y aquí discutiendo si Rajoy es mejor que Rubalcaba. España cañí.

Joaquín Vila

Director de EL IMPARCIAL

JOAQUÍN VILA es director de EL IMPARCIAL

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