
Las comparaciones entre
Crimea y
Cataluña eran cuestión de tiempo. Madrid y Barcelona andan ya tirándose a la cabeza lo acontecido en este territorio estos pasados días; cada uno, como es habitual, quedándose con la porción de hechos que favorecen su discurso. De un lado, que la comunidad internacional condena y sancionará el proceso y nunca reconocerá una adhesión a Rusia. Del otro, que no es descabellado el referéndum sino fórmula que se emplea en aquellos lugares que desean separarse de la matriz conocida bien para abrazar otra bandera, bien para empezar a caminar en solitario.
Para desgracia de
Artur Mas, Cataluña no tiene una
Rusia. La
Unión Europea se desentiende y no dará cobijo a este territorio como
Vladimir Putin lo haría o hará con Crimea. E incluso con los sondeos más optimistas para sus intereses, el resultado de sus preguntas a los ciudadanos en caso alguno sería tan aplastante ni en participación ni en porcentaje de votos favorables. Por descontado, las circunstancias que rodean un escenario y otro en poco se asemejan. Lo llamativo del caso es que la citada equiparación, comidilla en las últimas horas en círculos políticos y periodísticos, sea alimentada desde el Gobierno.

Tanto prensa afín a La Moncloa como
José Manuel García-Margallo se han servido de Crimea para lanzar a Cataluña un "esto es lo que os pasará si decidís seguir adelante con la única aprobación de vuestro Parlamento". En las últimas horas, las cosas parecen volverse en contra del ministro de Exteriores, hacer fallido su movimiento. No pocos analistas le afean, incluso en páginas de estos mismos medios, que haya elevado la aventura de CiU y ERC a la altura geoestratégica de lo que está en juego en
Ucrania. Entretanto, el resto de miembros del Ejecutivo se ha limitado sencillamente a remitirse a aquello que determinen las máximas instituciones competentes.
Como era de esperar, Mas se ha desentendido del rechazo de Europa y
Estados Unidos al referéndum y no encuentra en este punto parecido alguno entre los procedimientos. "No es asimilable", manifestó. Al tiempo, se apunta el tanto de que García-Margallo tenga en tan alta consideración el secesionismo catalán, negada cuando de
Kosovo o
Escocia se habla, y presume de que entre las mayores diferencias entre su nacionalismo y el de Crimea está el "espíritu absolutamente pacífico".
Desde Madrid no se considera "pacífico" amenazar con "sacar las urnas a la calle" con o sin respaldo del
Estado de Derecho o con hacer una "declaración unilateral de
independencia". El Gobierno, pese a lo narrado, tampoco cree que los de Crimea y Cataluña sean casos análogos. Sin embargo, ahí estaba la tentación de sacar pecho vista la unanimidad de Occidente… y de la también unanimidad del Gobierno se desmarcó García-Margallo.