Homenaje al creador del consenso: Adolfo Suárez y los 12 días que cambiaron la tendencia de dos siglos (II)
Juan José Laborda
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1718lamartingmailcom/12/12/18
lunes 24 de marzo de 2014, 20:20h
7 de octubre de 1977. El Congreso de los Diputados va a debatir el primer proyecto de ley del Gobierno de Adolfo Suárez, presentado ante las Cámaras democráticas elegidas el 15 de junio. La Ley para la Reforma Política no había previsto la situación de un Congreso votando en contra del Gobierno.
El proyecto presentado regula ese derecho nuevo. El Gobierno pretende la estabilidad, exigiendo que la destitución gubernamental sea aprobada conjuntamente por el Congreso y por el Senado. Como la UCD disponía de mayoría absoluta en la Cámara alta, se garantizaba así su supervivencia hasta que la Constitución fuese aprobada. Pero en esas condiciones, ¿cuánto tardaría su elaboración? Y en una situación social tan delicada, ¿el Gobierno puede resistir el desgaste político sólo con el resguardo de la mayoría del Senado?
Esta debilidad de la estrategia de Adolfo Suárez no había pasado desapercibida para Manuel Fraga Iribarne. Fue el primero en intervenir, al defender su enmienda para devolver el proyecto de ley al Gobierno. Los socialistas, aunque sólo habían presentado enmiendas parciales para mejorar el texto, habían anunciado que iban a votar la enmienda de devolución del líder de AP. ¿Por qué Fraga la presentó? Porque le venía como anillo al dedo para defender sus ideas sobre “la mayoría natural”: la UCD, sin el apoyo de Alianza Popular, o fracasaría, o abriría el paso a las fuerzas de izquierda. En lugar de correr el riesgo de abrir un plazo indeterminado de tiempo elaborando la Constitución, un “Gobierno fuerte”, como el que proponía Alianza Popular, iría aprobando paulatinamente leyes de rango constitucional, que después serían compiladas y sometidas a referéndum nacional.
La defensa de su enmienda le permitió reiterar los argumentos de su campaña electoral: el Gobierno no controla la situación; a causa de no tener mayoría en la Cámara se encuentra con los apuros presentes: “Mañana, en otra sesión salvaje -exclamó Fraga con intención de aterrorizar a los creyentes- debatiremos el Concordato de igual manera”. Pero el argumento más eficaz era que no se sabía cuanto tiempo iba a durar la transición. El momento más intenso del discurso de Fraga fue cuando dramatizó la ausencia de plazos para la aprobación de la Constitución: “hubiera sido mucho mejor que elaborar un largo y completo texto, todo a la vez, durante meses y meses (espero que no se pueda hablar de dos años, como se ha dicho por alguien)” –enfatizó Fraga con toda intención- “que ir haciendo textos separados que luego pudieran compilarse y que fueran entrando en vigor, resolviendo los difíciles problemas que en este momento nos sitúan en plena transitoriedad y en plena apoteosis del Decreto ley.” Fraga puntualizó con su proverbial energía: “Esta tesis, fue confundida por algunos como un deseo inmovilista”.
Los ataques del líder de AP buscaban dejar en evidencia la debilidad del Gobierno por no aceptar el refuerzo que él ofrecía. La razón principal por la que no se había forjado “la mayoría natural” se encontraba, según el líder popular, en la avidez de cargos de la minoría gubernamental de UCD. Fraga estuvo desbordante cuando se refirió, con eficaz ironía, a un Gobierno preocupado sólo por “asegurar la conservación de sus poltronas”; o cuando señaló que el control parlamentario era imposible con diputados y senadores del partido del gobierno que ostentaban al mismo tiempo, lo que era verdad, la condición de subsecretarios, directores generales, presidentes de empresas públicas, y otras muchas sinecuras. Se pintaba así una imagen que tuvo fortuna. Un Gobierno frívolo y sin ideas, incapaz de afrontar los graves problemas del momento: “en vez de esta situación en que nos encontramos –martilleó Fraga-, verdaderamente inaudita, en la cual, sin duda ninguna, debemos tomar nota que de ella nos vamos a arrepentir”.
Después de criticar el fondo del proyecto de ley por su falta de rigor técnico y por su oportunista manera de regular la moción de censura, Manuel Fraga concentró su ataque final en sus temas favoritos: el de Suárez era “un Gobierno prepotente” que ahora presentaba un proyecto de ley urgente: “No era urgente –exclamó el líder de AP-, como no era urgente la Generalidad de Cataluña”, refiriéndose al reciente regreso del President Josep Tarradellas. Pero al mismo tiempo, era un Gobierno débil en tres fundamentales capítulos: asegurando “el orden”, logrando el necesario “desarrollo económico y social”, y finalmente, manteniendo “la unidad nacional”.
Lo que ocurrió en los días posteriores convirtió en exageraciones apocalípticas las palabras de Manuel Fraga. El acierto y la moderación de la transición, paradójicamente, se asentaron en la audacia del presidente Suárez, y en la inteligencia política de los principales dirigentes políticos de aquel tiempo.
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Consejero de Estado-Historiador.
JUAN JOSÉ LABORDA MARTIN es senador constituyente por Burgos y fue presidente del Senado.
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