¿Tiene Mas un Plan B?
José Antonio Sentís
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directorgeneralelimparciales/15/15/27
miércoles 26 de marzo de 2014, 20:49h
Al cambiar la racionalidad de la política por la ensoñación sentimental, los nacionalistas catalanes de estos tiempos se sorprenden por cualquier cosa, y se escandalizan ante la tozudez de lo obvio. Ahora lo han hecho por escuchar del Tribunal Constitucional que una declaración unilateral de soberanía por parte de un Parlamento Autonómico es incompatible con la soberanía nacional que establece la Constitución. ¿No cabía imaginarlo, hasta por ellos mismos, por muy alejados de la realidad que estén? O dicho más abruptamente: ¿son de verdad tan cortos como para no saber ni siquiera leer la literalidad de las leyes y de la Constitución?
Y se han escandalizado por oír que Cataluña tiene derecho a decidir… sobre lo que tiene derecho a decidir. Y no, lógicamente, sobre lo que no lo tiene. Por ejemplo, no tiene competencias sobre el Consejo Regulador del Vino de La Rioja. Ni sobre la escisión del Estado. Los ciudadanos de Cataluña si tienen derecho a decidir sus representantes autonómicos, sin embargo. Y éstos tienen derecho a decidir si gastan el dinero de los impuestos en hospitales o en aparatos de propaganda. Pero eso es cosa suya y, aunque como conciudadano suyo me moleste, tengo que aceptar su competencia en el asunto. Y, por lo mismo, ellos tendrán que aceptar que la primera competencia del Estado es no autodisolverse cada vez que a alguien se le ocurra inventar la pólvora o la independencia (la mayor parte de veces suele ser la misma cosa, aunque por fortuna no será aquí).
Bien. El famoso “choque de trenes” entre los soberanistas catalanes y el Gobierno central (que a algunos les encantaba traducir como entre Cataluña y España) se queda más bien, desde el punto de vista de la lógica y la legalidad, en el descarrilamiento del argumentario secesionista. Lo que era previsible, y por eso no hacía falta, tal como se ha defendido reiteradamente desde esta columna, que Rajoy hiciera gestos grandilocuentes o dramáticos. Porque los nacionalistas no chocan contra el Gobierno de España, chocan contra la ley, contra la historia y contra la lógica.
En fin, ahora que el Estado (vía Tribunal Constitucional) no ha decidido suicidarse, ni lo hará el Congreso de los Diputados, que es al parecer con lo que contaban los aguerridos independentistas de salón, pasamos a otra fase del asunto. Y cabe preguntarse: ¿Tiene Mas un Plan B? Porque es de suponer, salvo, insisto, que sea más corto aún de lo que aparenta, el presidente de la Generalitat debió barruntar que no hay Tribunal Constitucional en el mundo que pueda decidir contra la propia Constitución que interpreta. Y bastante generoso ha sido al dejar una salida digna a los reivindicativos soberanistas afirmando que las leyes y la Constitución se pueden cambiar, con su procedimiento, claro. Es decir, no les ha llamado analfabetos, ni siquiera sediciosos, que era lo procedente.
Luego, como era esperable el fallo (tanto que ha sido por unanimidad), Mas tendría que haber pensado su siguiente paso. ¿Lo ha hecho? Y aquí viene la incógnita. ¿Puede ser éste la profundización del desafío, pese a la escasa posibilidad de que se pueda torcer por la fuerza el brazo de la Ley? ¿O puede ser una reconducción del proceso?
No creo que quepa lugar al optimismo inmediato, para que la racionalidad vuelva a imponerse en esta apoteosis sentimental en la que se está confundiendo a la ciudadanía catalana. Pero sí hay que ser optimista para el futuro. Porque ahora parecemos encaminarnos a la escenografía del martirologio, donde Mas se sacrifica por su imposible causa, sin considerar otra alternativa. Pero no se preocupe Mas. Estoy seguro de que hay ahora en su entorno bastantes agazapados esperando que se estrelle para aparecer como los posibilistas que resolvieron el contencioso. Porque el enemigo de Mas dejará muy pronto de ser Rajoy, y lo será alguno de los que ahora jalean al líder convergente y después le llamarán loco.
Este escenario se encamina hacia el motín de la Bounty, cuando la marinería se subleva contra la impericia arbitraria de su capitán. Porque todo el mundo espera que quien dispute la hegemonía sea Junqueras y ERC. Y no será así. Será de las propias filas de Mas de donde salga quien se ofrezca para un futuro de pacto y no de confrontación. Porque Mas está conduciendo a CiU a la ruina, y a Cataluña a la fractura. Y ya lo ven muchos, empezando por los empresarios, que no saben si temer más al iluminado presidente que a su alternativa de la izquierda radical republicana.
En Convergencia, partido de la burguesía liberal catalana, hay gente bastante sensata, aunque Mas y Francisco Homs impidan verlo. Y en el socio de Convergencia, Unió Democrática, también los hay. De hecho, Duran i Lleida es un estadista, valga la hipérbole, en momentos como los actuales. Y todos ellos tardarán más, o tardarán menos, en encontrar alternativas a Mas, al menos un minuto antes de que los lleve a despeñarse en el abismo.
Pero es cierto que aún sufriremos un poco. Ahora que Mas sabe que un referéndum ilegal es ilegal (impresionante que no lo supiera antes), y que la independencia no es una nimiedad sin consecuencias, se encaminará a unas elecciones autonómicas, a ver si por ahí suena la flauta de su permanencia reivindicativa. Pues bien, haga lo que haga, por consulta ilegal o por elecciones legales, Mas no puede cambiar la Constitución ni la Legalidad. La fuerza de los hechos sólo se garantiza si hay hechos de fuerza, y no es el caso ni lo será. Ni de Mas ni contra Mas.
Pero sí, seguirá la intoxicación para confrontar a catalanes y resto de españoles. Eso se lo deberemos a Mas. Y es posible que se tarde en enjugar la herida en algunos sectores. Qué le vamos a hacer. Pero, al final, todo esto se disolverá en la Historia como una anécdota.
Lo mejor que tienen los catalanes es que en estos tiempos de obsesión política de sus dirigentes, han seguido a la suya. Es impresionante (y enormemente digna de imitar) su capacidad de innovación, de internacionalización, de análisis de tendencias, de anticiparse a los procesos económicos. Y todo ello pese a la crisis y pese al desgobierno histérico que padecen. Por eso Cataluña tiene un inmenso futuro, en un marco de normalidad histórica español y europeo. Pero sin idioteces de políticos iluminados, cuyo plan A es el chantaje, y el Plan B, el suicidio.
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Director general de EL IMPARCIAL.
JOSÉ A. SENTÍS es director Adjunto de EL IMPARCIAL
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