Solo para españoles
Ricardo Ruiz de la Serna
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ricardo_ruiz_delasernayahooes /22/22/28
sábado 29 de marzo de 2014, 18:53h
El Hogar Social Patriótico Mª Luis Navarro, vinculado al partido de extrema derecha España 2000, ha organizado este sábado en Orriols, un barrio popular de Valencia, un reparto de comida solo para españoles. En el barrio viven un 30% de inmigrantes. España 2000 es conocido por su propaganda contra los extranjeros y los musulmanes. Por supuesto, no son conceptos equivalentes pero qué quieren. Estos tipos no dan para más. Si les sacan ustedes de los gimnasios, los prostíbulos y la propaganda ultra entran en barrena. El Centro Cultural Islámico de Valencia ha tenido que cancelar las clases de español, árabe y valenciano que organizan para los niños los sábados por la mañana en el Colegio Miguel Hernández. Querían evitarles el impacto psicológico de ver la discriminación en el reparto de la comida y las escenas violentas que España 2000 ha protagonizado en otras ocasiones. Este Centro Cultural distribuye en la mezquita de Orriols y en colaboración con el Banco de Alimentos más de 15.000 kilos de comida cada dos o tres meses. No preguntan la nacionalidad, ni la religión ni nada. Quien la necesita la recibe.
Esta técnica de movilización ciudadana –hacer donaciones de sangre o distribuir alimentos solo a nacionales- ya la utiliza Amanecer Dorado en Grecia para incitar al odio contra los extranjeros y señalarlos como los causantes de los males que sufre el país. Así se da forma simbólica a las falsas acusaciones de que los extranjeros son los culpables de la pobreza de los griegos –o, en este caso, los españoles- así como de otros problemas (la violencia de género o su incremento, las enfermedades, etc.). Este discurso entronca directamente con el nazismo y las teorías xenófobas y racistas de los siglos XIX y XX. No es tanto que los nazis vuelven. Es más bien que nunca terminaron de marcharse. Siguieron escondidos, lavándose la cara y vistiéndose de liberales y modernos cuando, en realidad, aborrecen la libertad y todo lo que la modernidad encarna. Uno se los puede encontrar escribiendo libros, interviniendo en los medios o, cada vez más, haciendo activismo político y social a favor de los “autóctonos”. Discúlpenme el adjetivo, pero es el que utilizan. Algunos de esos tipos dicen que son antiabortistas, pero solo lo son mientras se trate de niños blancos. Dicen ser provida pero, en realidad, son grandes promuerte. Dicen defender a las mujeres, pero niegan que exista la violencia de género o el machismo. Alguno se ha lucrado con la prostitución de esas mismas extranjeras a las que desprecia. Estos nazis tratan de confundirse con otros grupos pero -si uno se fija bien- puede distinguirlos.
Por eso, es especialmente importante advertir sobre la raíz totalitaria de los movimientos y organizaciones que pretenden utilizar las libertades y los derechos fundamentales para acabar con todos ellos. Repartir comida solo a españoles es un acto despreciable que solo merecería el reproche de los demócratas y de cualquiera con cierto sentido de la decencia. España, en toda su historia, ha sido justo lo contrario de lo que pretenden estos nostálgicos del Reich. La Hispanidad –con sus muchas sombras y sus muchísimas luces- nació porque supo enriquecerse de la diversidad. Estos miserables –no sé cómo llamar de otro modo a quien comete estos actos de miseria moral- estos miserables, digo, traicionan todo lo que el nombre de España debe representar en el mundo. Pidiendo el DNI y la cartilla del paro para acceder a la comida, mancillan todo lo que España ha construido a lo largo de su historia. Es falso que los extranjeros acaparen las ayudas sociales pero ahora el debate ya no es ése. Ahora se trata de la resistencia moral que salva una sociedad o la condena.
La Delegada del Gobierno en Valencia, Paula Sánchez de León, y el Subdelegado, Luis Santamaría Ruiz, que ha tenido en el pasado responsabilidades en el área de Participación Ciudadana, deberían dar alguna explicación sobre esta campaña xenófoba que se está realizando en Valencia a ojos vista. Ambos deberían acumular ya suficiente experiencia política para distinguir entre el uso legítimo de un derecho y el abuso que pretende socavar el orden constitucional. Esta campaña de discriminación en la distribución de alimentos es una forma de estigmatizar a colectivos y a personas. Unos cargos políticos que no saben diferenciar la asistencia social legítima de la propaganda y el activismo nazis –ahí está el ejemplo de Amanecer Dorado para quien quiera verlo- no deberían representar al Gobierno en ningún sitio. Cualquier político que merezca estar en el cargo puede darse cuenta de que estas iniciativas fomentan la violencia, la exclusión y la conflictividad social y son, sin duda, parte del problema en lugar de parte de la solución.
Por fortuna, el tejido asociativo de Valencia ha reaccionado con una altura de miras que los políticos no han tenido. El Centro Cultural Islámico de Valencia, la Plataforma contra la Islamofobia, el Movimiento contra la Intolerancia, Valencia Acoge, la Asociación de Vecinos de Orriols, la Plataforma por la Interculturalidad de Valencia, Acció contra la Impunitat y otros colectivos y asociaciones han reaccionado. Se ha solicitado a la Delegación del Gobierno dos veces que desautorice e impida este reparto de comida que solo alimenta el odio. Esta campaña, so pretexto del ejercicio de un derecho fundamental, consagra y exterioriza una discriminación que atenta contra los derechos humanos y se acerca al tipo penal del art. 510, que condena la provocación a la discriminación contra grupos por motivos de su origen nacional.
El que piense que esto es un problema de derechas o de izquierdas no ha entendido nada. El que crea que esto solo a afecta a los musulmanes o a los extranjeros, se ha confundido en todo. La discriminación –sea contra la mujer, contra los judíos, los homosexuales o contra quien sea- hiere de raíz la dignidad intrínseca que todo ser humano tiene. Cuando a un extranjero una asociación le niega comida por serlo, me la niega a mi que comparto con él la condición humana. Podría decir que hay españoles en otros países –incluso en Europa- que necesitan la asistencia social que allí les niegan nazis como estos de aquí pero no voy a hacerlo. No es una cuestión de nacionalidades en un lugar o en otro sino más bien de cómo superarlas a la hora de establecer derechos humanos básicos en todas partes. Esta campaña de distribución de alimentos que solo nutren el odio entre ciudadanos debe recordarnos el verdadero significado de la humanidad, es decir, hacer nuestro el dolor del que sufre la injusticia, la discriminación, y el hambre.
Hoy escribo sobre esta campaña de odio que se ha organizado en España. Esta columna es hoy marroquí, argelina, senegalesa, ecuatoriana, boliviana, nigeriana; extranjera. Llegó anoche en patera al Tarajal o a Tarifa, ha saltado este amanecer la valla de Melilla y se ha cortado en la concertina o se ha escondido en el fondo de un barco que cruzaba el Estrecho. Mi español tiene hoy acento caribeño, andino o porteño. Esta columna habla yiddish porque tiene memoria y porque sabe quiénes son los nazis aunque se laven la cara. Viste chilaba y lleva velo o no según la mujer lo decida. Esta columna no tiene DNI ni cartilla del paro ni papeles. No tiene más dignidad que la de todo ser humano.
Y eso debería ser suficiente.
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Analista político
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