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Celebrando la República a favor de la Monarquía y en contra del PSOE

martes 15 de abril de 2014, 01:54h
Ayer, 14 de Abril, se cumplía el octogésimo tercer aniversario de la proclamación de la II República Española. Una efeméride intrascendente sino fuera porque, hace apenas unos días, Izquierda Unida ha tenido una curiosa manera de celebrarlo: patadas a la puerta y “okupas” de pisos, al flamear de banderas tricolor y entre vivas a la República. Bien pensado, es difícil imaginar una manera mejor de echarle un cable a una monarquía que está pasando por un momento delicado para la institución. Y tampoco es fácil idear una fórmula política más dañina para los intereses electorales del socialismo español.

La república es una forma de gobierno: la más natural y coherente para albergar un sistema democrático de representación. En teoría. Sin embargo, la II República Española –igual que la II República francesa, pero a diferencia de la III de nuestros vecinos, que fue estable y duradera- apenas sobrevivió 5 años porque, más que un régimen, degeneró en un partido; más que un sistema político comprensivo e integrador, derivó en un programa privativo y excluyente; más que en el continente de la inmensa mayoría, se convirtió en contenido exclusivo de muchos, pero no muchos más que los que dejó fuera.

Los “okupas” de la España de hoy están muy lejos de sumar el número nutrido de jornaleros que antaño invadían fincas. No son millones ni siquiera decenas de miles. Componen una cantidad infima. Y el número de ciudadanos que apoyan la política de patada en la puerta e ilegalidades, en combinación con manipulaciones caciquiles en los listados de candidatos a viviendas, suman una cifra electoralmente irrelevante, cuando no contraproducente.

El aquelarre de “okupas” protagonizado por Izquierda Unida en Andalucía, no es sólo un esperpento excéntrico a una latitud política europea normal –que también- es que además envía una señal demoledora para los creyentes en una futura república española y devastador para los políticos socialistas. Gracias a Izquierda Unida, los ciudadanos podrían sospechar que republica, en versión “andalusí”, equivale a desprecio a la ley y caciquismo. Del mismo modo, buena parte del electorado español tendría razones para pensar que una coalición PSOE-IU coincide con un programa de “okupas” a escala nacional. En resumen, si el PSOE quiere recuperar el centro perdido, cuanto antes se aleje de esta versión tercermundista de Izquierda Unida, mejor para todos.
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