El Atlético de Madrid no consiguió sentenciar su décima Liga tras pinchar en el Calderón ante el Málaga. Samuel abrió el marcador y Alderweidel empató el choque en el 75. El equipo de Schuster confirmar su salvación en un partido en que solo sufrió en el tramo final. Los cambios no surtieron efecto para el bloque del "Cholo" que se ahogó en los pelotazos y el cansancio condujo sus intentos a la imprecisión. El Campo Nou decidirá. Por Diego García. Estadio Vicente Calderón

El primer día que
Diego Pablo Simeone empezó a inocular su discurso al corazón colchonero aplicó, sin miramientos, una dialéctica prudente pero firme, rotunda, con aroma a cancha, césped y tribuna. Desde aquel 23 de diciembre de 2011 en que se confirmaba su retorno al Calderón para ocuparse de reestructurar el alma de la entidad madrileña y empezaba a espetar su paciencia y confianza en el trabajo hasta el gigante revolucionario que pilota en este mayo de 2014
han caído récords y, con ello, se diluyeron las barreras mentales construidas bajo la figura de
"El Pupas". Ahora, bajo la cúspide del proyecto que ha obligado al giro histórico, es cuando el
mantra del
"partido a partido" cobra su máxima significación. Con la Liga en la mano y la final de la Liga de Campeones a la vuelta de la esquina, todo aquel miembro latente del Atlético de Madrid se congregó en la ribera del Manzanares, furioso por empujar a los pupilos del "Cholo" hacia la victoria ante el Málaga, como tratando de devolver la ilusión generada a la plantilla rojiblanca. Pero, al tiempo, coqueteando con el transistor, ya que, casi dos décadas más tarde, su Atleti
podía proclamarse campeón del balompie nacional si el Barça pinchaba en su visita al necesitado Elche.
Pocas variaciones manejaba el libreto del gurú Simeone ante la posibilidad de amarrar la gloria antes de torear en el Camp Nou, excepción hecha por la consabida ausencia de Diego Costa por prescripción médico/estratégica. No cabía ni una pulgada de distracción por la histórica cita de Lisboa. Aquí y ahora. "Partido a partido". Así pues, el escuadrón capitalino formaba con el esquema estándar:
Courtois, guardián de la meta menos goleadaEl primer día que
Diego Pablo Simeone empezó a inocular su discurso al corazón colchonero aplicó, sin miramientos, una dialéctica prudente pero firme, rotunda, con aroma a cancha, césped y tribuna. Desde aquel 23 de diciembre de 2011 en que se confirmaba su retorno al Calderón para ocuparse de reestructurar el alma de la entidad madrileña y empezaba a espetar su paciencia y confianza en el trabajo hasta el gigante revolucionario que pilota en este mayo de 2014
han caído récords y, con ello, se diluyeron las barreras mentales construidas bajo la figura de
"El Pupas". Ahora, bajo la cúspide del proyecto que ha obligado al giro histórico, es cuando el
mantra del
"partido a partido" cobra su máxima significación. Con la Liga en la mano y la final de la Liga de Campeones a la vuelta de la esquina, todo aquel miembro latente del Atlético de Madrid se congregó en la ribera del Manzanares, furioso por empujar a los pupilos del "Cholo" hacia la victoria ante el Málaga, como tratando de devolver la ilusión generada a la plantilla rojiblanca. Pero, al tiempo, coqueteando con el transistor, ya que, casi dos décadas más tarde, su Atleti
podía proclamarse campeón del balompie nacional si el Barça pinchaba en su visita al necesitado Elche.
Pocas variaciones manejaba el libreto del gurú Simeone ante la posibilidad de amarrar la gloria antes de torear en el Camp Nou, excepción hecha por la consabida ausencia de Diego Costa por prescripción médico/estratégica. No cabía ni una pulgada de distracción por la histórica cita de Lisboa. Aquí y ahora. "Partido a partido". Así pues, el escuadrón capitalino formaba con el esquema estándar:
Courtois, guardián de la meta menos goleada de Primera,
Filipe y Juanfran ocuparían el rol de puñales incansables pegados a la cal y
Miranda y Alderweidel completaban la retaguardia para salvaguardar el juego aéreo y la espalda propia;
Gabi, Tiago y Koke moverían al equipo sin descuidar el orden y equilibrio;
Arda, de nuevo en el papel protagonista en lo relativo al apartado artístico, y
Raúl García y Villa como estiletes en la presión y el remate. Presión, intensidad, repliegue y salida efervescente en la hoja de ruta.
Bernd Schuster, afligido por el bajón en la inversión del dueño catarí del Málaga, trató de salvaguardar la permanencia y su honra como técnico con un once dispuesto a pelear la posesión de la pelota al Atlético. Con
Caballero bajo palos,
Angeleri, Weligton y Camacho centrados en repeler balones y combinaciones, Antunes y Eliseu en el rol de trabajadores dotados de desborde en las bandas, el veneno andaluz quedaba reservado para la incómoda pelea aérea de Santa Cruz, el regate de
Amrabat y Samuel, la llegada ordenadora de
Darder y la clase y toque de balón de
Duda. Apuesta atrevida concebida para no encerrarse atrás y presentar competitividad en el Calderón ante un rival dispuesto a morder. Quizá el órdago ofensivo del entrenador alemán resultaba casi un suicidio contemplando lo puntiagudo de las transiciones locales, pero Schuster, viejo zorro, quiso cambiar el tapete antes de mover las fichas del ajedrez.

Así, con el
coliseo repleto de ciudadanos que ven de cerca la tierra prometida y bajo este planteamiento táctico, arrancó el partido. Los malacitano asomaron sus intenciones con un
centro chut de Duda en el minuto 3 de partido tras una larga posesión. Sin el balón, por contra,
Camacho bajaba para formar una línea de tres centrales que ganara el juego aéreo a Villa y Raúl García. En el cinco de partido Weligton cayó a banda para agredir a Villa. El central vio la amarilla y otorgó al Atlético una serie de jugadas a balón parado que no concluyó con remate a la red de Tiago de milagro. El ardor en la presión local no conseguía cortar las posesiones malagueñas con eficacia, que empezó bien plantado el choque.
Eiseu, a pierna cambiada y desde media distancia ejecutó el primer chut del partido en el 11. Sin consecuencias para Courtois. Pero iba a ser el Atlético el primer púgil en golpear duro. Una buena salida de Tiago tras robo a Amrabat confluyó en un balón largo de Koke que, tras peinar Raúl García, cayó franco a Arda.
El turco superó a Caballero en el mano a mano pero se encontró con el larguero. Se llegaba al primer cuarto de hora con las primeras grietas den el respeto de ambos equipos y la urgencia por ganar no hacía mella en el Atlético, expectante hasta que surgiera la opción de hacer sangre.
Se cubrían los primeros 20 minutos de envite con el
Málaga dominando el ritmo de juego, alternando posesiones horizontales con balones colgados desde la zaga hasta la cabeza o pecho de Santa Cruz. Arda y Filipe no protagonizaban la salida subterránea del juego rojiblanco y el Atlético apenas había asomado sus colmillos a la frontal del área de Schuster, que había ganado el arranque de partido con su apuesta de domesticar la fogosidad colchonera con balón. Trataba de subir el listón físico del partido sin éxito, como
anestesiado, limitado a transiciones infructuosas cuando se avistaba el último cuarto de campo o balones largos a Juanfran que concluían en controles deficitarios. Las imprecisiones, quizá producto del cansancio acumulado, penalizaban las opciones de gol locales.
Arda, ausente por la falta de soluciones de los cerebros del juego colchonero, se ganó la amarilla en el 36 al tratar de desatascar el embrollo dejándose caer en el área del Málaga. Cuatro minutos más tarde,
en el 40, Koke remataba desviado, sin oposición en el punto de penalti, un centro de Juanfran tras una sucesión de malos despejes de un equipo visitante que llegaba a esta altura de encuentro reclamando al descanso a gritos.
Raúl García volvió a penalizar el error de concentración andaluz en un saque de falta de Gabi que cabeceó fuera del objetivo por poco. Esta situación compartía contemporaneidad con el gol del Celta que sentenciaba al Madrid en Balaídos, bajo la autoría de Charles. Y con esta sensación desordenada llegó el descanso en el Calderón. Quedaban 45 minutos para asestar un golpe de gracia a la Liga.
El Barça también empataba en el Martínez Valero.El entuerto ponía a prueba el manejo de Simeone en este tipo de tesituras.
Sin la pelota y el físico habitual para morder en la presión y llegar al gol frescos para rematar y combinar con precisión en toda la primera mitad,
llegaba el turno del "Cholo".
Parecía la intención colchonera dar una
vuelta de tuerca a la intensidad en la brega. Eliseu se ganó la amarilla en el 50, por perder tiempo en un simple saque de banda, demasiado pronto contemplando que debía tapar a Turan y Filipe toda la segunda mitad. Villa cayó a banda y forzó una falta infantil de Angeleri en el lateral de su área que Koke centró a las manos de Caballero. Estaba
cambiando el escenario. El propio
Koke confirmó el diagnóstico con un lanzamiento desde la frontal tras robo que no encontró el poste andaluz por un par de metros, instantes después. El enésimo fallo garrafal de Angeleri facilitó el robo y centro de Raúl García que
Villa remató para el lucimiento de Caballero, que tapó el chut con una exhibición de reflejos. Tan solo un chut lejano de Duda inquietó a Courtois en este segundo acto de furor colchonero.
Simeone trató de aprovechar la ola sentando a un
cansado Koke para dar entrada a la verticalidad de Adrián: menos cerebro y equilibrio pero más veneno, interpretó el Cholo. Corría el 57 de partido. Apareció entonces
Courtois ante la contención de la respiración de la tribuna. Robo y salida del Málaga ante un Atlético partido que
Santa Cruz no aprovechó el largo mano a mano con el belga. Thibaut mandó a la banda el remate del paraguayo. Este era el riesgo “controlado” que asumía el Atlético con el movimiento de su entrenador.
Gabi cerró el ciclo de ocasiones hasta el minuto 60 con un chut muy desviado desde larga distancia.
Llegó entonces el segundo cambio de Simeone:
Raúl García dejó su sitio a Sosa. Había que bajar el balón al césped.
El Atlético se ahogaba en los continuos pelotazos de Miranda al navarro. Minutos más tarde, en el 65, llegó el
shock al Calderón. Una contra lanzada por Caballero confluyó en un mal despeje de Alderweidel. Courtois salió de su arco para despejar, pero
Samuel se anticipó para diseñar un auto-pase que culminó con un remate certero a la red. El 0-1 complicaba la papeleta y sancionaba el movimiento del Cholo. Ahora sí, el Atlético jugaba a contrarreloj.

Simeone intentaba encontrar la reacción de su equipo, que había quedado noqueado. Darder se asomó al balcón del área colchonera para chutar sin éxito. Llegaba el tercer cambio del Atlético:
Arda se fue y entró Diego Ribas. Sangre nueva y derroche físico. Pero el Málaga estaba desangrando al equipo madrileño a la contra.
Eliseu rozó la sentencia con un disparo desde la frontal, tras un 3 para 3 en el 70 que se fue a córner de milagro. En el saque de esquina posterior volvió a ganar el remate el club malagueño. Sosa ejecutó un remate desde 25 metros que Caballero despejó a la esquina instantes más tarde en la primera estirada seria rojiblanca tras el tanto encajado.
Quedaban 20 minutos para recuperar terreno y volver a preocuparse del transistor. Apareció la pizarra del
Mono Burgos para dejar solo a Diego tras una falta desde la frontal. El brasileño se volvió a topar con los
reflejos de Willy Caballero. Pero nada pudo hacer en el saque de esquina inmediatamente posterior. Gabi la puso en el área y
Alderweidel, deshaciendo su error, cabeceó ajustado al poste para encontrar la red en el 74. El Calderón volvía a rugir y el ambiente disparaba la intensidad de los suyos, de nuevo.
A 15 minutos del final y en plena efervescencia local,
Schuster trató de amortiguar el efecto con el primer cambio: Santa Cruz dejaba a su sitio a Rescaldani. Aire fresco y un suspiro de calma.
Diego chutó muy desviado en el 80. El corazón colchonero estaba arrinconando a un Málaga sin fuelle que, además, cedía faltas peligrosas con la inocencia a la que avoca el cansancio. El técnico alemán eligió este instante de presión local desaforada para
sacar a Samuel del campo e introducir a Juanmi. Pieza por pieza, aunque sus pupilos necesitaban pulmones en el centro del campo.
Y el Barça no podía hacer un gol al Elche.Cinco minutos de tensión para ganar esta Liga. El Málaga quedaba relegado a achicar balones y arañar segundos. Un error garrafal de Camacho en su campo entregó la pelota a Tiago. El balón cayó en Diego que fue derribado ante el
enésimo fallo de Angeleri, que fue al corte sin mesura y fue expulsado. Falta en la frontal del área aliñada con protestas andaluzas en torno al colegiado y el coro impaciente de la tribuna. Minuto 88.
Tomó el balón Sosa. Y su intento lamió el poste. Cinco minutos de añadido que arrancaron con Antunes demorando el saque de banda, desborde y centro pasados de Amrabat y
tercer cambio del Málaga. El marroquí, muy desacertado, dejó su sitio al eléctrico Pawlowski. De nuevo cambio de cromos, sin refuerzo en el centro del campo. Al tiempo
se confirmaba que el Barça empataba en Elche. Tres minutos para ganar esta Liga.
Adrián regateó en el pico del área, la puso en la escuadra y Caballero negó el título en el 93.
El desenlace de la décima Liga del Atlético de Madrid tendrá que esperar, por lo menos, hasta el partido del Camp Nou. La energía no dio para aclarar las ideas en al recta final del choque y el equipo colchonero volvió a pinchar, en este caso, en el Calderón y ante un Málaga que se vio desbordado solo con el empate local en el último tercio de enfrentamiento. “Partido a partido” llega el bloque del “Cholo” a su final por la Liga y su final por Europa.