
Extraño 'cara a cara' el visto este jueves en Televisión Española.
Elena Valenciano comenzó nerviosa, con voz temblorosa y tono bajo;
Miguel Arias Cañete, con vistazos permanentes a los apuntes. Tampoco ayudó una realización de Televisión Española que no partió la pantalla en dos, como es habitual en estos formatos, para captar al emisor y la reacción del receptor, o un micrófono en la camisa de la socialista que no llegó a funcionar bien hasta el descanso, cuando pudieron cambiárselo. Camisa azul, hay que subrayar, como roja era la corbata del conservador. La emisión, tan rígida como se esperaba dado que Génova y Ferraz cerraron a la pública y a
María Casado la temática y duración de los bloques. Los candidatos, sabedores de esto, llevaron guión y gráficos preparados para mostrar a cámara.
Primó lo cocinado sobre lo espontáneo, se echó de menos interacción. La herencia fue el principal escudo de Arias Cañete, mientras que la crisis económica o las materias de género se confirmaron como banderas de Valenciano. La de su rival, la
agricultura, a la que acude siempre que tiene ocasión pues domina la materia. Y se vio a un 'popular' más contundente, más bregado en estos escenarios y enérgico, y a una socialista que no consiguió enderezar el ritmo de exposición pero que, eso sí, logró que el debate circulara en el terreno que deseaba: España. Alertó de lo que ha hecho la derecha aquí y de lo que ocurrirá en Europa si no se vota izquierda, en resumen. Y motivó que se hablara del
aborto, tema que, se quejó Arias Cañete, no "compete" a Europa. De hecho, pocos podrían asegurar que lo que estaba en juego son unas
elecciones europeas en vista de la emulación de una sesión de control parlamentaria celebrada en los estudios Buñuel.