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CRÍTICA DE ARTE

Miradas cruzadas: Nocturnos

Elena Viñas
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elenavinaselimparciales/11/5/11/23
jueves 22 de mayo de 2014, 14:56h
Actualizado el: 08 de septiembre de 2014, 14:26h
Este domingo concluye la última edición del ciclo Miradas cruzadas del Museo Thyssen, dedicado en esta ocasión al paisaje nocturno. A través de diez obras, el recorrido propuesto abarca obras fechadas entre los siglos XVII y XX cuya autoría corresponde a Friederich, Cole, Nolde o Delvaux.
Lo que acontece durante las horas en las que transcurre la noche y los efectos que tiene en el paisaje la luz durante la caída del sol y la salida de la luna han sido objeto de atención de artistas como Aert van Der, Vernet, Friederich, Cole, Nolde o Delvaux. Todos ellos forman parte de una exposición de pequeño formato que puede visitarse hasta el domingo en el Museo Thyssen en el marco del ciclo Miradas cruzadas -entrada gratuita-, en el que la pinacoteca reúne algunas de las obras de su colección bajo un tema en concreto, en esta ocasión al paisaje nocturno y a lo que ha significado la atracción de los artistas por la noche y los desafíos pictóricos que plantea.

El encargado de dar comienzo al recorrido es Aert van der Neer , uno de los pioneros de esta temática, con un paisaje fechado entre 1647 y 1650 en el que el artista establece un diálogo entre la luna y su reflejo en el agua. Ese, cabría decir, “juego de espejos” también es posible contemplarlo en Noche: escena de la costa mediterránea con pescadores y barcas (1753), de Vernet, en la que el artista dirige la atención del espectador a tres puntos iluminados en la noche: la luna, el fuego que encienden los pescadores en primer término y la antorcha que portan en una barca en la parte derecha del lienzo. Uno de los pintores más enigmáticos por sus composiciones paisajísticas ensoñadoras y melancólicas, puramente románticas, es el alemán Friederich, cuya obra Mañana de Pascua (1833) ha sido incluida en la exposición (primera imagen).

La sensación de despedida - de lo que termina, del día que se va- que se desprende de observar el ocaso del sol en el horizonte también se percibe en Atardecer en la pradera (1870), de Bierstadt, aunque con diferencias. Si bien una expresa cierta espiritualidad, la otra es de una fiereza indudable si se atiende al protagonismo de unas frondosas nubes rojas coloreadas por el crepúsculo. Thomas Cole, romántico estadounidense impulsor de la Escuela del Río Hudson, demuestra en Expulsión, luna, luz y fuego (1828) su querencia por el simbolismo mientras que Puigaudeau, con su fiesta bretona fechada en 1894-1898, lo hace por el impresionismo. Ya en el siglo XX, el expresionista Nolde ahonda en la luz nocturna en Atardecer de otoño, de 1924, a base de unacombinación de manchas de colormás expresivas querepresentantivas.
Un año después está fechada la obra de O’Keeffe Nueva York con luna, descrita así por el Thyssen: “La luna, la farola con halo y el disco rojo del semáforo forman con el rascacielos y la aguja de la iglesia una composición casi abstracta, pero de profundo simbolismo romántico”. Delvaux, por último, con El viaducto combina las luces de la calle y del interior con la nocturnidad de un paisaje urbano con cierto carácter artificioso.

Información sobre la exposición:

Lugar: Museo Thyssen.

Fechas: del 24 de marzo al 25 de mayo.

Horario: lunes de 12:00 a 16:00 horas / martes a domingo, de 10:00 a 19:00 horas.

Entrada: gratuita.
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