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Juan del Álamo, torero revelación

Miguel Ángel Perera se proclama triunfador de la Feria de San Isidro 2014

lunes 30 de junio de 2014, 14:12h
Actualizado el: 06/09/2014 08:29h
Al cierre de la Feria de San Isidro 2014, el torero Miguel Ángel Perera se ha proclamado triunfador, además de autor de la mejor faena. Juan del Álamo ha sido reconocido como el torero revelación.
El torero Miguel Ángel Perera ha sido declarado triunfador de la recién finalizada Feria de San Isidro 2014 por el jurado de los premios "Taurodelta", que le han votado de forma unánime por las dos triunfales y rotundas tardes del 23 de mayo y 3 de junio, en las que abrió la Puerta Grande de Las Ventas.

El propio Perera se ha alzado también con el galardón que distingue a la mejor faena de la feria, mientras que los también matadores de toros Uceda Leal y Juan del Álamo han sido premiados como el autor de la mejor estocada y el torero revelación, respectivamente.

Por su parte, el rejoneador Sergio Galán y el novillero Francisco José Espada se han proclamado también triunfadores de sus respectivos escalafones.

Otros premiados han sido el picador Óscar Bernal, los subalternos Marco Galán y Ángel Otero, y las ganaderías de Parladé y El Puerto de San Lorenzo.


Estos son todos los premiados en sus correspondientes categorías:

Triunfador de la feria: Miguel Ángel Perera.

Mejor faena: Miguel Ángel Perera.

Mejor novillero: Francisco José Espada.

Mejor rejoneador: Sergio Galán.

Torero revelación: Juan del Álamo.

Mejor estocada: Uceda Leal.

Mejor picador: Óscar Bernal.

Mejor brega de subalterno: Marco Galán.

Mejor par de banderillas: Ángel Otero.

Mejor ganadería: Parladé.

Mejor toro: "Cartuchero", número 109, de la ganadería de Puerto de San Lorenzo.

El jurado, a petición de varios de sus miembros, decidió conceder una mención especial, fuera de las categorías mencionadas, al matador Miguel Abellán por su actuación en la tarde del viernes, 30 de mayo.

Última corrida

La corrida de Miura que cerró el largo mes de toros en San Isidro no respondió, salvo en su presentación, a su imagen histórica. Con fama de animales fieros y duros, que cargan incluso en su leyenda con varias de las mayores tragedias del toreo, los "miuras" que salieron hoy al ruedo de Las Ventas ofrecieron un juego que nada tuvo que ver con tal estereotipo.

Sin que ninguno de los seis se empleara de verdad en varas, tres de ellos no hicieron más que dar cabezazos a capotes y muletas, con una actitud defensiva e insulsa, para intentar quitarse de delante, sin gran agresividad, unos objetos que más que incitarles les molestaban.

Alguno de ellos se defendió también por su falta de fuerzas, lo que en el caso del devuelto a los corrales fue en realidad una total invalidez.

Con todo, el público venteño, igual que el viernes sucedió con los "victorinos", aplaudió los arrastres de la mayoría con una euforia para la que debió pesar más la etiqueta histórica de la vacada que la palpable realidad del encierro.

Pero dos toros se destacaron del resto: un segundo con casi seis años, flaco y alto como un jamelgo, y un tercero también vareado y cornalón, que, gracias a su movilidad o a su mayor entrega, sí que dieron algunos motivos para las ovaciones finales.

El segundo, cuya blanda pelea en el caballo -en tres entradas a las que acudió al paso- se jaleó con inexplicable euforia, se arrancó luego con un fuerte galope a la muleta de Javier Castaño, que lo lució con generosidad, en la primera serie de muletazos.

Pero ya nunca lo hizo más, porque desde ese momento, en que el público tomó definitivamente partido por el animal, fue decreciendo su empuje, punteando el engaño y acortando sus arrancadas, anque sin gran peligro.

El torero leonés le hizo un trasteo plagado de enganchones y sin capacidad resolutiva, al final del cual corrió por los tendidos una inaudita petición de vuelta al ruedo para el de Miura.

El tercero fue el único que sí se empleó realmente en sus embestidas, incluso con clase por el pitón izquierdo, por mucho que le faltara el fuelle suficiente para repetirlas con continuidad.

Este toro le tocó en suerte el catalán Serafín Marín, que le cuajó varias series de naturales de muy buen trazo, en los que fueron los mejores momentos de la corrida.

EL torero barcelonés llevó al de Miura muy enganchado y sometido al vuelo de su muleta, pero apenas fue valorado por un público que parece que sólo entiende ya las faenas de movimiento continuo.

El resto de la corrida, con tanto tornillazo defensivo de los "miuras" e incluso del sobrero de Fidel San Román, apenas tuvo historia.

Rafaelillo se manejó con su lote con aseo y sin grandes apreturas; Castaño se afligió con el reserva, con el que, nuevamente, la cuadrilla destacó por encima del matador; y Marín se estrelló con el último toro de la feria, que apenas duró lo que dura un ligero tercio de banderillas.
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