Merkel no permite chantajes
lunes 30 de junio de 2014, 14:12h
Actualizado el: 07/08/2015 09:15h
El acuerdo para sustituir a José Manuel Durao Barroso al frente de la Comisión Europea, el órgano más decisivo de la UE, se está convirtiendo en un laberinto del que debe salirse sin más demoras, pues no son pocos los retos que ha de abordar el Viejo Continente, cuyos ciudadanos esperan que sus líderes no se empantanen en reuniones estériles e interminables negociaciones. En un intento de desbloquear el impasse, la canciller alemana Ángela Merkel se reunió con el primer ministro británico, David Cameron, y los jefes de Gobierno de Suecia y Holanda, Fredrik Reinfeldt y Mark Rutte, respectivamente.
Más allá de otras cuestiones, el asunto capital era la designación del luxemburgués Jean-Claude Juncker como presidente de la Comisión. A pesar de que el conservador Juncker es el líder del partido más votado en los recientes comicios al Parlamento Europeo no cuenta con el beneplácito de los países del Norte, excepto Alemania, ya que la señora Merkel apoya que Juncker ocupe el cargo. Aunque la canciller alemana, muy flexible a los pactos, como ha demostrado en la formación de su Gobierno, está dispuesta al acuerdo. Lo que no admite con toda lógica es el juego sucio que se ha desatado contra Juncker, a quien se intenta descalificar como sea, y, mucho menos, las amenazas y chantajes, como el ultimátum que le ha espetado el premier británico al barajar una posible salida de Reino Unido de la UE si finalmente Juncker alcanza la presidencia.
La respuesta de Merkel ha sido contundente: “Las amenazas no forman parte del espíritu europeo”. En unos momentos en los que crece el euroescepticismo no parece descabellado que presida la Comisión un europeísta convencido y defensor de la UE como es Jean- Claude Juncker. Pero, por encima del asunto concreto, la señora Merkel ha acertado al no dejarse intimidar por Cameron que ha hecho irresponsable gala de una actitud intolerante y amenazadora, incompatible con los saludables y beneficiosos principios que rigen la UE y que suponen una estabilidad que bajo ningún concepto debe ni siquiera tambalearse.