La tomadura de pelo de Putin
lunes 30 de junio de 2014, 14:12h
Actualizado el: 07/08/2015 09:57h
Hace escaso tiempo el presidente de Ucrania, Petró Poroshenko, se congratulaba de los grandes avances y del “entendimiento mutuo” que se estaban logrando en las negociaciones con Rusia sobre la crisis ucraniana, llegando incluso a decir que la paz estaba muy próxima y que era inminente que terminaran los combates. Y Poroshenko sigue manteniendo conversaciones telefónicas con Putin en las que, según dice, parecen encontrar puntos de acuerdo. Pero la realidad desmiente este echar las campanas al vuelo. No solo por desgracia los enfrentamientos no han acabado, en una demostración de que Poroshenko se deja guiar más que nada por un mero voluntarismo, sino que se ha dado un paso atrás en la posible resolución del conflicto mediante el pacto.
El secretario general de la OTAN, Anders Fogh Rasmusses, ha advertido de que Moscú ha vuelto a desplegar un considerable número de tropas en la frontera ucraniana. Y que estas, señaló Rasmusses, no dan la impresión de que simplemente se dediquen a patrullar, sino que se están concentrando a la espera de órdenes. Paralelamente, el Kremlin continúa el envío de mercenarios y material bélico en apoyo de los prorrusos y ha cortado el suministro de gas a Ucrania, asunto que Putin quiso explicar y restar importancia en sus llamadas a Angela Merkel y François Hollande.
Pero las buenas palabras del presidente ruso chocan cada vez más con los hechos que no van precisamente en una dirección de concordia y de apaciguar la situación. Putin asegura que apuesta por una solución negociada y retira tropas para luego volverlas a desplegar, ayuda a los prorrusos y chantajea con el suministro de gas, pues ya en su momento la Comisión Europea avisó del problema, dado que las necesidades de gas de la UE dependen de Rusia en casi un 40 %. Todo parece cuándo menos una tomadura de pelo por parte de Putin. Sin duda, la solución del conflicto desatado en Ucrania no resulta fácil, pero Occidente no puede seguir confiando en la palabra y las promesas de quien tiene una indiscutible vocación zarista que recurre a un maquiavelismo de vía estrecha y se busca mil y un subterfugios para conseguir sus propósitos, como ya hizo en otros casos en los que quería a toda costa controlar un territorio que Rusia considera suyo. Todo apunta a que Putin tiene una hoja de ruta sobre Ucrania perfectamente diseñada y que su fin último, tras someterlo a un brutal acoso y desestabilización, es poner al país bajo su dominio.