Una reforma de carácter político
lunes 30 de junio de 2014, 14:12h
Actualizado el: 08 de julio de 2015, 09:57h
Mariano Rajoy llegó a la presidencia, con una brillante mayoría absoluta en el Parlamento, bajo la promesa de que resolvería el problema fiscal de España sin subir los impuestos, y que una vez encauzado los bajaría en la segunda legislatura. Lo primero no se cumplió. Nunca le dio la oportunidad a congelar los impuestos, ya que aprobó una importante subida de la carga fiscal en el primer consejo de ministros, todavía en el año 2011. Luego vino la mayor subida de impuestos de la historia democrática. Mariano Rajoy alegó que no conocían la medida del desfase entre ingresos y gastos públicos, pero en los mensajes privados manejaron desde el comienzo cifras de déficit muy cercanas a las reales. Sencillamente, Rajoy no cree tanto en los bajos impuestos como decía.
La subida de impuestos ha coincidido, sin que sea mera coincidencia, con una profundización de la crisis económica. Ahora se dan varias circunstancias que aconsejan retomar la quebrada promesa de rebajar los impuestos. La primera es que los necesarios ajustes de la economía en gran parte se han completado, por lo que se inicia una recuperación. Con los ingresos creciendo más rápidamente que la recuperación económica, y el Banco Central Europeo dispuesto a facilitar la financiación pública y privada, el Ejecutivo cree que tiene margen para rebajar los tipos, y no compensar ese movimiento con una subida en otro tipo de impuestos (marcadamente el IVA), como le exige la Unión Europea. La segunda es que la legislatura se acaba, y el Gobierno necesita argumentos para recuperar el voto que obtuvo en 2011, y que le ha abandonado en gran medida. Los menores impuestos, además, favorecerán la actividad y el empleo en un año decisivo. Los detalles de la rebaja fiscal apuntan, precisamente, a que el PP quiere obtener beneficios políticos sin que el Gobierno pierda muchos ingresos.
La mayor parte de los ingresos por IRPF lo aporta un número relativamente pequeño de contribuyentes y, en consecuencia, de votantes. Por eso las rebajas son mayores cuanto menores son los ingresos. El tipo máximo se rebajará del 52 al 45 por ciento. Pero, por un lado, se adelanta la aplicación del tipo máximo de los 300.000 a los 60.000 euros, lo que limita en gran medida la efectividad de esa rebaja. Además, el tipo quedará por encima de los niveles de 2011 (43 por ciento). Y, por último, el tramo autonómico tiene margen para asestar el golpe definitivo a la pretendida rebaja del IRPF.
Por lo que se refiere al resto de gravámenes, el Impuesto de Sociedades rebaja el tipo, pero elimina deducciones, por lo que se hace más racional pero no necesariamente menor. Hay que reconocer el acierto de no elevar el IVA, si bien el objetivo de tal apuesta es de nuevo político. Y, por añadidura, si tenemos en cuenta las anteriores subidas de impuestos y, en particular, el IVA, el resultado es que en 2015 y 2016, cuando se complete la reforma, pagaremos más impuestos que con el anterior gobierno socialista.