En las últimas semanas, pavorosas imágenes colgadas en diversas en redes sociales han dado la vuelta al mundo. En las mismas, cuya autoría se ha puesto en duda por no poder contrastar su origen, se ve cómo milicianos yihadistas suníes pertenecientes a la organización extremistaEstado Islámico de Iraq y del Levante (ISIS) ejecutan a decenas de civiles y militares iraquíes chiíes.
Este horror ha sido mostrado al mundo entero como prueba del poder y la fuerza militar del ISIS, un nuevo grupo radical islámico cuyo origen está en la vecina Siria y que, forzados por la presión de las tropas de Bachar Al Assad, ha visto la oportunidad de cruzar la frontera iraquí y hacerse cada vez más fuertes en el norte y el oeste del país.
Mientras los líderes y los combatientes del ISIS esgrimen razones religiosas para justificar su sangrienta cruzada, lo cierto es que los intereses económicos y políticos transnacionales, en una región ya de por sí inestable y convulsa, caldo de cultivo de violencias sectarias, son el telón de fondo de un conflicto cuya cifra de civiles muertos ya escala por encima del millar, según las ONGs sobre el terreno.
Aviso: algunas de estas imágenes pueden resultar impactantes o causar rechazo por su crudeza.¿Qué es el ISIS y cuál es su objetivo? Surgido al calor de la guerra civil siria, el Estado Islámico de Iraq y del Levante nació el año pasado como alternativa a la sucursal de Al Qaeda en la zona. La red terrorista internacional fundada por Osama bin Laden rápidamente desautorizó a la nueva organización, cuyo líder atiende al nombre de
Abu Bakr al Baghdadi, y le instó a limitar sus operaciones a Iraq, cosa que no hizo. El nuevo jeque del terror es casi un total desconocido para las agencias de espionaje y seguridad internacionales. Apenas hay datos fiables sobre él y los que se tienen se ponen en duda. Se dice que nació en la localidad de Samarra, a unos 100 kilómetros al norte de Bagdad, a comienzos de la década de los 70 y que luce una máscara en público para evitar ser reconocido. Al Baghdadi, que aspira a heredar el trono de Bin Laden y crear un emirato en Iraq y Siria bajo la estricta aplicación de la Sharia, la ley islámica, se ha investido de un aura casi mítica para ganar adeptos a su causa, aunque sí parece contrastado que combatió contra las tropas estadounidenses durante 2003, cuando entró en contacto con las facciones yihadistas iraquíes, y estuvo preso en Camp Bucca entre 2005 y 2009. En adelante, su notoriedad e influencia ha ido en aumento hasta liderar la célula de
Al Qaeda en Iraq (AQI). En 2010, saltó a Siria para combatir contra Al Assad en alianza con la facción local, el
Frente al Nusra. Sin embargo, estos negaron tal extremo y juraron lealtad a
Ayman al Zawahiri, el líder de la red terrorista internacional tras la captura de Bin Laden. El egipcio expulsó a Al Baghdadi de la organización y lo degradó a ojos del resto de líderes yihadistas. Sin embargo, esta jugada no le paró los pies, y, presionado por la ofensiva de las tropas sirias, regresó a su país desde su bastión en la provincia de Al Raqa al frente de un contingente de
entre 6.000 y 10.000 combatientes, a los que hay sumar la minoría tribal suní de Iraq, abiertamente enfrentada por considerarse maltratada con el Gobierno de
Nuri al Maliki, de ascendencia árabe chií, el 60 por ciento de la población.
Mapa de la división religiosa de Iraq. Fuente: Sandra Agudo / EL IMPARCIALA pesar de ser un movimiento en principio regional, sus victorias militares y el asalto al Banco Central de Mosul les ha provisto de un importante arsenal (artillería pesada, rifles de precisión y vehículos
humvee 'made in USA', por ejemplo), toneladas de suministros y de
más de 400 millones de dólares en fondos (algunas fuentes incrementan esta cifra hasta los 2.000 millones por la venta de crudo y el expolio de obras de arte), a lo que hay que sumar la buena preparación con la que cuentan gracias a los campos de entrenamiento instalados en Siria, constituyendo probablemente
la fuerza terrorista mejor preparada de Oriente Medio. Hasta la fecha, los intentos por contener el avance del ISIS en el norte y el oeste del país han fracasado, hasta el punto de que sus combatientes se han hecho fuertes en ciudades clave como Mosul, Faluya o Tiqrit y los combates se aproximan a Baquba, la llave de las puertas de la capital, Bagdad. Además, los yihadistas se han hecho con el control, después de intensos tiroteos y bombardeos, de la principal refinería de petróleo del país, la de Baiji. Sin olvidar que Iraq es el segundo país exportador de crudo de la OPEP con
3,3 millones de barriles diarios. El Gobierno de Al Maliki ha pedido ayuda internacional para contener a los yihadistas del ISIS, habida cuenta del maltrecho estado del Ejército iraquí, escasamente preparado, mal armado, con problemas de lealtad entre sus mandos y que ha tenido que llamar a filas a centenares de civiles para completar sus efectivos, a pesar de que EEUU invirtió unos
18.500 millones de euros en él para que, después de su salida en 2011, estuviera preparado para imponer el orden y la seguridad y aplacar la amenaza yihadista.
Intereses cruzados Pero el avispero en el que se ha convertido Iraq, que el próximo 1 de julio tiene programadas unas elecciones para elegir a su presidente y posteriormente al jefe del Gobierno, no parece que vaya a tener tan fácil solución.
Estados Unidos, por medio de Barack Obama, ya ha confirmado que no enviará tropas a la región y que sólo contribuirá con unos
300 asesores militares, la mayoría 'Boinas Verdes' que ya han empezado a llegar a la zona. Además, el presidente de la primera potencia mundial está en cierto modo atado de pies y manos dentro y fuera de su partido. El próximo mes de noviembre se celebran las
elecciones de mid-term en las que se renueva parte de las dos cámaras. Desde las filas republicanas han empezado a acusar a Obama tanto de no hacer nada contra el terrorismo islamista como de poner en riesgo más vidas norteamericanas. Por su parte, no son pocos los demócratas que no quieren ver cómo sus representantes ven comprometida su elección por otra campaña militar en el extranjero. Por si fuera poco, el 52 por ciento de la ciudadanía desaprueba la forma en que el presidente ha manejado la crisis, según una encuesta realizada por
The Washington Post.

A falta de intervención militar oficial (existen acusaciones de uso de drones), la Casa Blanca mandó a su secretario de Estado, John Kerry, a entrevistarse con Al Maliki y hacerle llegar una propuesta de formar un
ejecutivo de coalición nacional, propuesta que fue rechazada tajantemente por el presidente iraquí. "Los llamamientos para formar un gobierno de salvación son un golpe contra la Constitución y un intento de eliminar el proceso democrático", denunció esta misma semana. Otro actor a tener en cuenta es el vecino
Irán, de mayoría chií, que ha ofrecido su ayuda sobre el terreno, pero las rencillas históricas entre ambos países hacen que el Gobierno de Bagdad recele de esta opción. Este movimiento por parte del Gobierno de
Hasan Rohaní, inmerso en unas complicadas y tensas negociaciones con Occidente a cuenta de su
programa nuclear, también es visto con dudas en Washington y en Bruselas, aunque podría ser una buena opción indirecta para pacificar la zona. Por lo pronto, su líder supremo, el
ayatolá Jomeini ha acusado a Estados Unidos y a sus aliados europeos de "buscar un Iraq bajo su hegemonía y gobernado por sus marionetas“. Esta mediación iraní no tiene tampoco buena acogida en
Arabia Saudí, principal aliado de EEUU en la región, de credo wahabí con un 90 por ciento de población sunita y foco de la financiación del ISIS junto con
Catar y
Kuwait. Además, Riad es el gran competidor del crudo iraquí y enemigo declarado del Gobierno de Teherán. Así, en un giro caprichoso y bastante enrevesado del destino, Irán y Siria, que también ha ofrecido su ayuda a Bagdad, podrían llegar a ser dos aliados estratégicos de Estados Unidos en la región para aplacar los envites de ISIS después de haber estado en el punto de mira de Washington, que tampoco desdeña un enfrentamiento abierto entre los iraníes y los yihadistas suníes, puesto que este escenario debilitaría a ambos y la Casa Blanca mataría dos pájaros de un tiro.
El Kurdistán, más leña al fuego También juega un papel crucial en este rompecabezas la
comunidad kurda, que representa el 20 por ciento de la población iraquí y cuyas aspiraciones a formar un estado libre e independiente se remontan décadas. En los últimos tiempos, los yacimientos petrolíferos en el noreste del país, zona de mayoría kurda, han sido el acicate necesario para que las posturas del Gobierno de Al Maliki, muy criticado dentro y fuera de Iraq por sus maneras despóticas, y las de la región del Kurdistán se fueran alejando e incendiando. Bagdad insiste en que el petróleo iraquí, aún en una zona de administración especial, pertenece y debe ser gestionado por las autoridades estatales. Sin embargo, el Gobierno kurdo de Erbil ha empezado a exportar libremente los recursos petrolíferos a través de
Turquía, en lo que es calificado como una deslealtad por Al Maliki, que ha amenazado con represalias a todas aquellas empresas que comercien con este crudo "ilegal". Por lo pronto, los mercados ya han visto cómo
el precio del barril de Brent ha escalado hasta los 114 dólares, seis más que a comienzos del mes de junio, azuzado por las inquietantes noticias que llegan desde Oriente Medio. En este aspecto, el país más afectado es
China, que consume la mitad del petróleo que se extrae de los campos iraquíes.
Soldados kurdos, en una carretera cercana a Mosul. Foto: Efe"Iraq se está desintegrando y es obvio que el Gobierno central o federal ha perdido el control. Todo se derrumba: el Ejército, la Policía", señalaba esta semana el líder kurdo
Masud Barzani, que añadía que "ha llegado el momento de que el pueblo kurdo determine su futuro y nosotros vamos a apoyar su decisión". En este contexto de tensión, la irrupción del ISIS en Iraq ha acabado por hacer saltar por los aires la
precaria estabilidad en la región. Los yihadistas secuestran a niños kurdos para engrosar sus listas de mártires y asesinan a sus padres, los líderes kurdos ven en este caos una oportunidad perfecta para la independencia definitiva y se han hecho con la ciudad de Kirkuk, ahora en manos de los combatientes
Peshmerga, que custodian la producción de sus 200.000 barriles de petróleo diarios; y Al Maliki sabe de la dependencia del crudo kurdo si otras refinerías caen en manos radicales y de sus tropas para plantar cara a los rebeldes. En consecuencia, reducir el ISIS a un movimiento terrorista de corte yihadista que ha iniciado una cruzada en Iraq sin tener en cuenta el malestar generalizado entre las tribus suníes del país y las importantes injerencias externas que conducen el conflicto desvirtúa su análisis. Al avispero iraquí le sobran complejidades y actores en una región tradicionalmente azotada por fervores religiosos y lealtades cambiantes.