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ENSAYO

Fernando Longás Uranga y Javier Peña Echeverría (ed.): La ética en la política

domingo 20 de julio de 2014, 12:58h
Actualizado el: 20/07/2014 13:21h
Fernando Longás Uranga y Javier Peña Echeverría (ed.): La ética en la política

KRK. Oviedo, 2014. 221 páginas. 14,95 €

Por Alfredo Crespo Alcázar
Esta obra coral, en la que colaboran Aurelio Arteta, Fina Birulés, Félix Ovejero, Carlos Peña y Ramón Vargas-Machuca, parte de una tesis clara: la ética se ha distanciado de la política, pretendiendo actuar de manera autónoma, lo cual es un error, juzgan los autores. Esta máxima aparece en todos los capítulos, a modo de hilo conductor,

Por tanto, no nos encontramos ante un ensayo cargado de moralina con el que se pretenda convencer al lector de lo pernicioso que resulta una política alejada de parámetros éticos. El objetivo es de mayor enjundia. Quizás, por eso mismo, este libro ofrezca dificultades a la hora de asimilar su contenido a quienes carezcan de conocimientos en disciplinas como filosofía (principalmente), sociología, derecho o economía.

En este sentido, hallaremos referencias, entre otros, a la escuela del Public Choice, a personalidades referentes (Misses, Saint Simon o Hayek) o más alejados en el tiempo (Sócrates, Platón, Aristóteles, Espinosa o Kant). Ello nos ilustra del valor académico de la obra, puesto que sus autores son reputados catedráticos de ética y cada de ellos reflexiona desde su particular prisma, haciendo que la suma de los capítulos sea un todo perfectamente ordenado.

En el primero de ellos, Vargas-Machuca lamenta (y reprocha) un fenómeno incuestionable actualmente: que las elecciones se han convertido en un evento plebiscitario en el cual la gente decide qué elite le deberá gobernar. Así, en algunos países, incluso se ha llegado a postular, de cara a obtener una mayor eficacia en las decisiones gubernamentales, que el poder ejecutivo resida exclusivamente en manos de especialistas.

Al respecto, Carlos Peña González habla del FMI para Argentina. Resulta significativa la forma que tiene el citado autor de rebatir esta opción: “Cuando a la política se la concibe como una mera técnica o un saber experto, se está suprimiendo de la vida colectiva la necesidad de discernimiento y diálogo. Y la vida común aparece como la ejecución de un guión que no podemos modificar sino sólo, a través de los expertos, leer” (pág. 99).

Como puede apreciarse, a pesar del título, no se trata de un libro buenista. De hecho, tal enfoque aparece para ser rechazado. Este fenómeno se observa con toda nitidez en el capítulo de Félix Ovejero. En el prólogo se nos anticipa esa intención que más tarde comprobamos a través de la disección de las características del buenismo en 12 tesis, que nos muestran una “doctrina” que mezcla puerilidad y simplismo a partes iguales.

De hecho, la misma definición de buenismo “moralización exacerbada de la política” (pp.123) nos prepara para lo crítica que recibirá. En efecto, estamos ante algo cercano al paternalismo o al despotismo ilustrado que niega a los ciudadanos la capacidad para diferenciar lo bueno de lo malo. El resultado es una superioridad (en todos los niveles) del político frente al ciudadano común. Además, el buenista exige que sus deseos se eleven a la categoría de derechos incondicionales y percibe solo los fallos en el sistema, careciendo de capacidad de autocrítica.

Finalmente, la contribución de Aurelio Arteta exige prestarle toda consideración. Habla de conceptos que podrían parecer abstractos (“memoria”, “omisión”). Sin embargo, ambos están plenamente unidos y de hecho los ubica en un espacio geográfico (País Vasco) y en un marco temporal (los años en que ETA desarrolló su campaña liberticida). El autor se sale de los parámetros de lo políticamente correcto para criticar con argumentos el comportamiento de una sociedad que en nombre de la “tolerancia” mal entendida, miró para otro lado cuando el nacionalismo etnicista asesinaba. Por tanto, Arteta prefiere hablar de indiferencia, la cual trae perniciosas consecuencias ya que “los ciudadanos pasivos somos moralmente responsables por complicidad con los ciudadanos activos. Lo queramos o no” (pág. 221).
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