TRIBUNA
"Podemos" y su alta cuna
José Manuel Cuenca Toribio
viernes 01 de agosto de 2014, 19:59h
Con envidiable intuición, la última ministra-portavoz del postrer gabinete del, en conjunto, áureo quindecenio felipista (1982-96), poco antes de que el movimiento social “Podemos” sentara plaza preferente en la actualidad mediática nacional, escribía un deshilvanado artículo en el diario más leído del país acerca del relevante papel ejercido, primero, en el advenimiento de la democracia y, a reglón seguido, en su consolidamiento por la Facultad de CC. Políticas y Económicas madrileña. Desde el despacho que ocupa, desde su jubilación de la política activa, en el Centro de Estudios Constitucionales por razones ignotas desde el punto de vista científico o intelectual y mucho menos obscuras desde el de los mores del sistema felizmente implantado tras la desaparición de la dictadura –en cuyo Establishment, por cierto, su progenitor, un patricio y aristócrata jiennense se incluyó de forma destacada-, la antigua regidora del Departamento de Cultura entonaba un epinicio canto en memoria de la labor descollante –a nivel nacional y también, en muchos casos, internacional- que, dentro del propio organismo en que transcurre su plácido retiro de la actividad pública, desplegara una gavilla egregia y ancha de pensadores, politólogos, sociólogos e historiadores de las ideas. Afincados en la corporación antecesora del mencionado Centro –algunos de ellos y no los menos relevantes, casi de por vida-, el Instituto de Estudios Políticos, fundado a poco de concluir de la guerra civil, recogió en su selecto y nutrido catálogo varias de las obras más destacadas, sin duda, de la bibliografía española contemporánea y aun cabría firmar respecto de varias de entre ellas, de la europea.
Erigida en Madrid avanzada ya la segunda contienda mundial la Facultad de CC. Políticas y Económicas, gran parte de los cuadros del IEP compusieron los elementos básicos del claustro docente de la flamante institución, que gozaría así, ab initio –fenómeno muy infrecuente en la vida universitaria- de un aura de respetabilidad tan valorada siempre en el despegue de toda actividad cultural y científica. Provenientes de esferas ideológicas tan contrastadas como las conservadoras de corte más o menos monárquico, liberales de cuño moderno u orteguiano y hasta falangistas de la más rancia ortodoxia joséantoniana pero ya en fase de acelerado reciclaje de apertura y europeísmo, la amalgama profesoral así configurada no tardó en revelar signos de acusada modernización, convirtiéndose por la acción de los jóvenes profesores, amparados por las figuras conspicuas de J. A. Maravall, Luis Díez del Corral, Paulino Garagorri, Carlos Ollero y tutti quanti, en núcleo sobresaliente del modelo cultural progresista-marxista que lucharía por sustituir, con gran éxito en los estratos universitarios más dinámicos y creativos de la nación, el discurso menénendezpelayano vigente en la España tradicional y oficial hasta la pretransición.
De ahí, pues, lo oportuno y puesto en razón del elogio de sus maestros del lado de la antigua alumna de la tan citada y traída y llevada hodierno Facultad de Políticas madrileña, plántula, cuna y hogar de “Podemos”. Lástima grande, sin embargo, que la pluma de la exministra se muestre tan poco abastada de información en punto al alcance y significación del orbe intelectual de los más descollantes maestros por ella tan justamente alabados. El conocimiento epidérmico, en el mejor de los casos, de los títulos más descollantes de su, en general, amplia y sustanciosa publicística va acompañado, por motivos que difícilmente cabe atribuir a otras causas que la simple ignorancia, del silencio ominoso sobre personalidades femeninas que profesaron en “Políticas” su dilatada docencia –a la manera, v. gr., de M ª Carmen Iglesias, flamante condesa de Giner y educadora de gran parte de la Familia real- o masculinas, como, por ejemplo, Santos Juliá o Antonio Elorza, gurús intelectuales indiscutibles de la andadura del socialismo en el poder, al paso que frecuentadores también de las prensas de la Institución que hoy acoge la senectud jubilosa de alguien cuyo rango político está, hèlas, lejos del literario y cultural. Frecuente destino, por lo demás, en la España actual, invadida por generaciones inusitadamente frívolas o irrespetuosas con las exigencias mínimas del noble oficio de poner negro sobre blanco.