Esta semana, Javier Bardem firmaba un manifiesto elaborado por los integrantes de la tribu pseudoprogresista del mundo del espectáculo en el que se atacaba sin matices a Israel por la guerra de Gaza. El documento acusaba al Ejército hebreo de genocidio por los bombardeos que habían causado la muerte a cientos de civiles. No recogía, en cambio, que la guerra estalló cuando los terroristas palestinos secuestraron y asesinaron a tres adolescentes judíos y que Hamas no ha dejado de lanzar cohetes contra la población israelí, que se ha salvado de una matanza sin precedentes gracias a su escudo antimisiles.
Pero la mujer de Bardem, la actriz Penélope Cruz, más sensata y práctica, ha convencido a su marido que debía matizar y desterrar los insultos antisemitas. Así, este viernes han hecho público un nuevo documento, firmado solo por ellos, en el que presumen de tener amigos judíos y que concluye con que están en contra de la guerra y de las víctimas tanto palestinas como israelíes. ¿Por qué este cambio? ¿Por qué ya no insultan a los israelíes? ¿Por qué ya no hablan del uso desmedido de la fuerza del Ejército hebreo?
Muy sencillo. Javier Bardem y Penélope Cruz viven en Estados Unidos. Allí ruedan sus películas y se han convertido en estrellas de Hollywood. Y todo el mundo sabe, Javier Bardem un poco tarde, que en Norteamérica el llamado “lobby” judío tiene tentáculos en todos los sectores de la sociedad. Y, por lo tanto, también en el cine. Como es natural, el comunista Javier Bardem no quiere dejar de ser millonario. Pero, para ello, debe de llevarse lo mejor posible con sus “amigos” judíos. En otro caso, se le acabaría el chollo y el sueño americano. Don Dinero conquista hasta a los comunistas.