La decapitación con una impresionante sangre fría del periodista James Foley a manos del Estado Islámico (EI) no es el primer asesinato que cometen los yihadistas del EI. Tampoco es el primero que difunden por internet en una macabra autocomplacencia en el horror más extremo y brutal, que el EI ha vuelto a demostrar con el crimen de Foley, causando una especial conmoción en todo el mundo. Parecía imposible que las atrocidades de Al Qaeda pudieran superarse, pero el EI, desgajado del grupo terrorista que lideró Osama bin Laden, lo ha logrado. La brutalidad de la que hace gala el EI se sustenta en una interpretación radical y fundamentalista del Corán mediante la cual quieren imponer a sangre y fuego un califato que ya han implantado en las zonas de Siria e Irak que controlan, y lanzar una llamada a todos los musulmanes para acabar con los infieles, no solo occidentales, sino también con los de su propio credo que no acepten su extremismo. Secuestros, venta de mujeres como esclavas en los zocos, ablaciones, enterramientos de personas vivas, decapitaciones y mutilaciones, asesinatos en masa, incluidas mujeres y niños, jalonan la infernal carrera del EI, movimiento con el que el yihadismo ha dado un paso más en su siniestro historial.
Y seguirá dando más y más pasos, igual que el asesinato de James Foley, tras dos años de secuestro, no será el último, si no se detiene ya y sin contemplaciones al Estado Islámico. Obama, a quien se le acumulan los problemas en un agosto especialmente conflictivo -ahí está también la tensión racial desatada en Misuri-, ha dicho que no cederá al chantaje del EI que amenaza con matar a otro periodista norteamericano si no cesan los bombardeos. La respuesta es, por supuesto, merecedora de aplauso, pero insuficiente. Ha llegado la hora de que Estados Unidos y la comunidad internacional en su conjunto actúen con la máxima contundencia frente a la barbarie yihadista. Una barbarie que, además, presenta más que inquietantes perfiles como la cada vez mayor militancia en sus filas de occidentales. De hecho, se sospecha que el verdugo de James Foley sea inglés, lo que ha motivado que el premier británico, David Cameron, haya interrumpido sus vacaciones.
Por su parte, el presidente francés, Françoise Hollande, que recientemente envió armas a los kurdos para apoyar su lucha contra el IS, ha propuesto la celebración de una cumbre internacional para establecer una estrategia global frente al yihadismo y el Estado Islámico. Barack Obama ha declarado que “el Estado Islámico no tiene cabida en el siglo XII”. Ciertamente. Por eso, más allá de las palabras, habrá que emplear sin complejos y con firmeza todos los medios de los que dispone Occidente para derrotarlo. Nos jugamos mucho en esta brutal acometida de la barbarie contra la civilización.