El Tribunal Supremo ha tenido el gran acierto de desbaratar la llamada Ley de Nietos...
El Tribunal Supremo ha tenido el gran acierto de desbaratar la llamada Ley de Nietos. Pedro Sánchez proyectaba ampliar el nicho electoral con más de dos millones de personas en el extranjero a las que decidió conceder la nacionalidad española y con ella el derecho a votar. Algunos desde este periódico nos anticipamos en denunciar la maniobra. Ha sido el Tribunal Supremo, siempre al servicio de la Justicia, la institución que ha triturado la jugarreta sanchista para ganar unas elecciones que tenía perdidas.
Pedro Sánchez ha acusado el golpe, pero no se ha rendido. Cuenta con el Tribunal Constitucional y se esfuerza por reconstruir un relato favorable a sus aspiraciones. Le aterra el banquillo de los acusados que le espera y se propone luchar hasta el último aliento para modificar el censo electoral, con el voto incontrolable de los nacionalizados desde el extranjero. No todo está perdido para él. Azota ya al Tribunal Supremo exigiéndole velocidad en sus decisiones para dar ocasión, con tiempo suficiente por delante, a que el politizado Tribunal Constitucional enmiende la plana al Supremo.
¿Conseguirá Pedro Sánchez sus propósitos? Sería absurdo descartar esa posibilidad, salvo que Alberto Núñez Feijóo y sus colaboradores se lancen en picado a denunciar ante la opinión pública la jugarreta electoral que el sanchismo se propone establecer, desarticulada por el Tribunal Supremo, pero que ahí sigue a la espera de que Pedro Sánchez reconduzca las cosas con la habilidad que le caracteriza.
En alto están las espadas. De la estocada certera dependerá el resultado electoral. Españolas y españoles, según las encuestas científicamente serias, lo tienen claro. Pero nuevas españolas y nuevos españoles nacionalizados podrían modificar el resultado si la opinión pública no se suma claramente al golpe demoledor que en favor de la Justicia ha descargado el Tribunal Supremo sobre el rosto demacrado del presidente del Gobierno.