www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

TRIBUNA

Ruido o política

domingo 24 de agosto de 2014, 19:46h

Era previsible que, después de los resultados de las elecciones europeas, hubiera alguna reacción por parte del Ejecutivo para detener lo que se nos viene encima. Se han tomado ya algunas medidas para detener la sangría de votos que todos los días pierde el PP. Pocas, en verdad, son hasta ahora las propuestas de Rajoy, que ni siquiera se ha atrevido a remodelar un Gabinete de Gobierno lleno de agujeros. Pero, ahora, parece que ha llegado la hora de hacer política. Imagino que, espoleado por uno de los hombres del PP que sabe mucho de política, Javier Arenas, intentará una reforma electoral para hacerse cargo de la crisis más grande que ha sufrido nuestro sistema político en toda su historia. ¿O acaso no es grave que haya irrumpido con fuerza un partido político que desea la desaparición del sistema político? Por eso, detrás de la posible reforma de la Ley Electoral, se plantea una cuestión decisiva del futuro político de España. ¿Será Podemos la fuerza hegemónica de la política española en general y de la izquierda en particular? Muchos eluden el asunto y, situados detrás de la barrera, juegan al escepticismo: “Esperemos. Tranquilidad. Queda poco tiempo para saber qué sucederá”. He ahí la “grandiosa” conclusión de muchos periodistas y de lo más granado de nuestros “científicos de la política”. La conclusión es tan patética como políticamente correcta. Esta gente ha olvidado lo principal de la política: El Pensamiento es acción. Pensar es lo contrario del “dejemos las cosas como están.” Por lo tanto, pensemos, como siempre, contra corriente. Pensemos la política española a raíz de la tímida propuesta de la reforma electoral del PP.

Rechazo frontal, algarabía y ruido es la reacción del PSOE ante la tímida propuesta del entorno del gobierno del PP para reformar una Ley Electoral que a todas luces, se mire por donde se mire, no consigue mejorar la calidad de nuestra democracia; por el contrario, es una ley que hurta permanentemente la posibilidad de que gobierne la lista más votada y, de paso, promociona todo tipo de pactos oscuros para dejar fuera de las presidencias municipales y de las comunidades autónomas al partido más votado. Tampoco da opción a una segunda vuelta para que los electores vuelvan a optar entre las dos fuerzas políticas más votadas. En cualquier caso, ahora no se trata de discutir los límites democráticos de este sistema electoral, ni tampoco es la hora de ponerse muy finos con los tiempos de discusión, sino de plantear un problema político obvio, surgido del resultado de las recientes elecciones europeas, a saber la emergencia de una fuerza política revolucionaria que sólo tiene un objetivo claro y preciso: acabar con el sistema político que le permite presentarse a las elecciones libres. Este asunto, dicho sea de paso, muy estudiado por la ciencia política más elemental, desde que llegaran al poder por las vías democráticas el Partido Nazi, en Alemania, y el Partido de Benito Mussolini, en Italia, debería preocuparnos a todos los que defendemos la vía democrática, es decir, el actual sistema política con todas sus deficiencias.

Sin embargo, la reacción de las dos grandes fuerzas democráticas ante este problema es muy desigual. Mientras que el PSOE sólo con la boca chica ha dicho que nunca pactará con Podemos, eso sin contar que muchos de sus dirigentes y militantes estarían encantados de formar gobiernos de coalición con el nuevo partido antisistema e IU, el PP ha tenido una reacción débil –no exageren los majaderos profesorcitos que escriben en los periódicos diciendo que el PP quiere acabar con la democracia– para impedir que el nuevo partido antisistema, o sea, revolucionario, se instale en el poder de manera que pueda decidir mayorías a través de coaliciones. El PP quiere, pues, una reforma de la ley electoral que siga primando a los partidos mayoritarios, entre ellos el PSOE. Por eso, precisamente, no se entiende muy bien por qué el PSOE se opone tan furibunda y ruidosamente a esa reforma, a no ser que tenga datos precisos que le confirmen que está al borde de perder la hegemonía de la izquierda.

Si es así, si el PSOE está al borde del abismo, entre un Podemos revolucionario y una Presidenta de Andalucía que defiende a los cientos de imputados de los ERE, entonces Dios nos coja confesados. Sólo nos quedaría la esperanza de que tenga éxito la reforma electoral impulsada por el PP, aunque nadie puede asegurarnos que, con una ley electoral distinta a la actual, los electores sigan votando como hasta ahora. El vértigo de la democracia nadie puede solventarlo con cambios de leyes y experimentos de laboratorios políticos. En fin, ante el riesgo de que los partidos hegemónicos, o sea, PP y PSOE, pierdan su hegemonía, el primero trata de enfrentarlo con un cambio de la Ley electoral y el PSOE echándose en los brazos de los jóvenes leninistas de Podemos, que todas las encuestas les auguran un brillante futuro. La opción es clara: Política o Revolución. El PP, aunque tarde, opta por la política. El PSOE, como nos tiene acostumbrados en su larga historia, vuelve a optar por la segunda vía, aunque tácticamente se le llenará la boca de la palabrademocracia.

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (4)    No(0)

+
0 comentarios