TRIBUNA
Escocia y los viejos nacionalismos europeos
Juan José Laborda
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1718lamartingmailcom/12/12/18
viernes 19 de septiembre de 2014, 21:12h
Actualizado el: 19/09/2014 21:35h
El resultado del referéndum favorable a que Escocia siga formando parte del Reino Unido de la Gran Bretaña confirma mis intuiciones sobre los tiempos de cambio que estamos viviendo en Europa. Es verdad que en la última semana hubo momentos en que la opción de separar Escocia de Gran Bretaña pudo ganar la consulta. La errónea táctica electoralista del primer ministro conservador británico, David Cameron, impulsaba más y más a los escoceses a preferir la independencia para así liberarse de un gobierno como el de Cameron. Tuvo que intervenir el anterior primer ministro, el escocés Gordon Brown, para que la tendencia separatista se invirtiese. La ruptura de un Estado como el británico dependió de algo tan tonto como que Cameron hiciese muchas estupideces como jefe del gobierno británico, lo que demuestra que votar si o no en una consulta es mucho menos democrático que elegir sobre diversas ofertas electorales -y decidiendo (¡ese es el verdadero derecho a decidir!) en cada elección sobre asuntos concretos. Al final, Cameron tuvo que modificar su actitud contraria a conceder a Escocia más autonomía, y esa promesa, pactada con la oposición laborista, ha salido triunfante en el referéndum, y ha salvado la unidad del Reino Unido.
Pero decía que en estos tiempos de cambio las ideologías referidas a la “Nación” y a la “Revolución” son inútiles en esta Europa Unida que estamos construyendo (con dificultades, sin duda, como las de Escocia y otras regiones afectadas por nacionalismos disgregadores). La derrota del separatismo escocés podrá tener efectos benéficos en España, si el Gobierno y los partidos constitucionalistas no hacen las mismas estupideces que harán los partidos independentistas de aquí al invierno. Pero si Escocia se hubiese convertido en un nuevo país independiente, sus consecuencias hubieran sido también negativas para nuestros nacionalismos separatistas. ¿Cómo creen que reaccionarían nuestros entusiastas de la independencia cuando vieran a Escocia sufrir las consecuencias negativas de su separación del Reino Unido y de la UE?
Escocia, Cataluña, Euskadi, La Padania, Flandes, etcétera, que son regiones y nacionalidades ricas, tienen partidos que hoy propugnan su independencia con el argumento que teniendo un Estado propio serían aún más ricas. El slogan “España nos roba” es común a este tipo de movimientos separatistas europeos. Pero ese argumento seductor y egoísta se desploma cuando se comprende que separarse del Estado implica quedarse fuera de la Unión Europea. Por eso yo sostengo que los conceptos de Nación y soberanía han sido superados por el proceso de construcción europea, y que la Unión Europea cumple ahora la función integradora y de seguridad que antaño cumplían los Estados soberanos. Los escoceses querían pertenecer a la Unión Europea, mientras Cameron y sus conservadores la rechazan como modelo social (para los conservadores, Europa dificulta sus políticas capitalistas privatizadoras); el colmo de los riesgos fue cuando Cameron anunció -al inicio del debate sobre el referéndum escocés- que sometería la permanencia de Gran Bretaña en la UE a otro referéndum, con la cretina creencia de que ese anuncio frenaría al nuevo partido anti-europeo, que pisa los talones a los conservadores.
La ideología de los nacionalistas de hoy no son las viejas añoranzas religiosas, raciales, o culturales de ayer. Alex Salmon, el astuto dirigente escocés (lo intuyo como una síntesis entre Jordi Pujol y Miguel Ángel Revilla), no ha vestido el “kilt” y tampoco se ha rodeado de gaitas (que por cierto ambos símbolos fueron una invención comercial de un inglés), sino que en sus discursos se refería constantemente a las mejoras del Estado de Bienestar y de los ingresos petrolíferos cuando Escocia fuese independiente.
El separatismo actual se apoya en Europa en promesas de Estado de Bienestar mejorado y reservado, eso sí, sólo para los nacionales (cuando conquisten la independencia). El freno para esas pretensiones no es otro que la Unión Europea, y además de mis consideraciones anteriores, pienso que la Unión Europea es ya la única esperanza de que el Estado de Bienestar se mantenga en los países que la integran.
Hace ochenta años, los nacionalismos separatistas propugnaban la secesión por otros motivos. La comunidad nacionalista estaba dispuesta a padecer penurias económicas por lograr la independencia. Entonces el impulso secesionista era al mismo tiempo un impulso revolucionario. Pero hoy la “revolución” no mueve a casi nadie, lo mismo que sucede con el viejo concepto de “nación”.
Creo que estas consideraciones no son meramente teóricas. También creo que nuestra percepción de los desafíos separatistas está desenfocada. No disponemos de una reflexión política seria sobre esa realidad. En resumen, la política está encogida ante la fuerza de lo económico, y mediatizada por las sugestiones de las redes sociales. Un ejemplo magnífico: las bolsas de valores adivinaron que ganaría la opción unionista, mientras en las redes sociales ganaban los independentistas escoceses. Mientras los secesionistas en cualquier país europeo prometen mejores pensiones, educación y sanidad públicas, los partidos tradicionales siguen cultivando los símbolos nacionales de los Estados del siglo diecinueve. Y en España, además, el sentimiento de pertenencia a la Nación española ha estado, desgraciadamente, más influenciado por la religión que en la mayoría de los Estados europeos, con la excepción de Polonia. La Nación no fue la garantía de la Libertad y de la Ley, sino que fue el receptáculo estatal del Trono y del Altar. El profundo y veloz proceso de secularización de la sociedad española explica -en buena parte- la debilidad de nuestros sentimientos patrióticos. Concluyo por ahora: esa será una tarea fundamental, y la socialdemocracia española tiene la ventaja ideológica de ser el eje necesario de un nuevo consenso estatal, que incluya los derechos sociales y el proyecto integrador europeo.
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Consejero de Estado-Historiador.
JUAN JOSÉ LABORDA MARTIN es senador constituyente por Burgos y fue presidente del Senado.
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