Incertidumbre en el TC
lunes 19 de mayo de 2008, 21:53h
El fallecimiento repentino del magistrado Roberto García-Calvo ha dejado en minoría al llamado “sector conservador” dentro del Tribunal Constitucional. Tal es el comentario más oído a raíz de la muerte del jurista. Triste recordatorio para quien, desde su prestigio y buen hacer, ha dedicado parte de su vida a velar por la constitucionalidad de nuestras leyes. Ello, independientemente de su opción política que, como todo el mundo, estaba en su perfecto derecho a tenerla. De hecho, todos los miembros del Constitucional tienen este mismo derecho, como no podía ser de otra manera. Ocurre que, lamentablemente, la actual situación de endémica crispación que vive la política llega a todos los ámbitos, y cómo no, al de la Justicia.
El nombramiento de los miembros del Tribunal Constitucional se efectúa a tenor de lo dispuesto en el artículo 159 de la Constitución. Es, por tanto, nuestra Carta Magna, quien dicta cómo y cuándo han de nombrarse a sus doce integrantes: cuatro a propuesta del Congreso, cuatro del Senado, dos del Gobierno, y los dos restantes por parte del Consejo General del Poder Judicial. Recae, así, sobre la clase política, la responsabilidad de elegir a la mayor parte de ellos. Y precisamente por eso les envuelve una sospecha de dependencia sumamente inconveniente a la hora de desarrollar su labor con objetividad. Hasta el punto que cuando alguno de sus miembros se ha pronunciado a favor de alguna iniciativa lejana a los postulados de quienes lo propusieron, extraña. No debiera ser así. Bien es verdad que ocurre pocas veces, y que la mayoría, la sombra de sesgo político aparece con frecuencia. Sobre todo en los últimos tiempos, en los que el sector “progresista” del Constitucional no ha tenido rubor alguno en filtrar a la opinión pública su opinión sobre asuntos tan candentes como el Estatut de Cataluña. Sector que, ante la baja de García-Calvo, está ahora en mayoría. Lo ideal sería que primara la independencia por encima de otro tipo de consideraciones. De este modo, sus votos no serían predecibles y su prestigio académico no sería puesto en tela de juicio. Veremos si, en la coyuntura reinante, sigue considerándose tan urgente la renovación de los miembros a quienes correspondía el cambio. Entre tanto, sigue la incertidumbre, donde menos debería darse.